26, Ene 2009

El momento republicano

Columnas capitolio La ceremonia de relevo de poderes en los Estados Unidos nos recordó que ese país nació como una república, antes que como una democracia. Para los fundadores de los Estados Unidos la palabra democracia era sospechosa. Las sílabas de república, por el contrario, contenían la ambición de gloria y la determinación de hacer un gobierno popular. La democracia denotaba la experiencia fallida de un gobierno tumultuario: régimen de demagogia, inestabilidad, anarquía. La antigua república representaba la experiencia de un gobierno sin reyes basado en la participación de la gente. El orden republicano era el modelo de su política y se volvería la inspiración de su arquitectura pública. La esperanza de los fundadores era proyectar la vieja república a los nuevos tiempos. Era, más aún, su misión tarea histórica. Como han sugerido una serie de estudios contemporáneos (Pocock y Skinner entre los más destacados), la cuna de los Estados Unidos puede ubicarse en el Renacimiento antes que en la Ilustración. Su motor inicial sería en consecuencia, la idea de la virtud cívica de los republicanos italianos más que la noción de la propiedad privada de los contractualistas ingleses. En el imaginario norteamericano subsiste esa semilla ideológica y en sus fiestas políticas hay algo de aquellas solemnidades.

La república parte de una noción de la naturaleza humana. El hombre no es una isla que produce y que consume, una máquina movida por apetencias y repulsiones: es un animal de la ciudad que encuentra plenitud en la comunidad. Ahí participa y discute. Al involucrarse en los asuntos comunes, adquiere plena humanidad. Por eso el ideal cívico es la participación en el espacio público y por eso mismo se ve con sospecha el refugio doméstico. La política no es función de arbitraje o asunto de guardias: es la más exquisita de las artes, la cúspide del genio humano. El buen gobierno no depende de castigos ni de amenazas. En el centro está la virtud, la prudencia, el patriotismo, la disposición de entregar creatividad, valor y tiempo a la ciudad. De la igualdad parte también la idea de la distribución de cargas, responsabilidades y honores. Si la política nos define a todos, ninguno puede ser gobernante vitalicio. El flujo de los cargos públicos vivifica la política como las estaciones cuidan la vida de las especies. La república responde así a un metabolismo que rinde homenaje a los ciclos naturales: el frío que da paso al calor; los ríos que renuevan su agua, los cuerpos donde circula y se oxigena la sangre. Marcadas por la noción del bien común, las repúblicas confían más en la mudanza y el relevo de los liderazgos que en el control y oposición de los poderes.

A ese universo simbólico pertenece la fiesta de trasmisión presidencial de los Estados Unidos. Una ceremonia republicana en donde podían sentirse los aires que venían de una antigüedad profunda y extraamericana. Festejos de esa continuidad donde cambian los hombres para que la comunidad se refresque y persista. La política no se enclaustra ni se encapsula. La política no se encierra en las habitaciones de los políticos. Rechazando el salón del palacio y la galería del parlamento, la ceremonia encuentra escenario entre la casa de las instituciones y las calles. La clase política frente a la ciudadanía. Tampoco se embotella en su lenguaje. Por el contrario, se envuelve de las artes para presentarse como otra forma de la creatividad. La elocuencia de la música refrenda pertenencias y vitalidades. La voz de Aretha Franklin que acompañó la denuncia de hace apenas unas cuantas décadas celebra hoy la nueva presidencia. John Williams compone música para la ocasión. Itzhak Perlman y Yo Yo Ma simulan mientras el playback recupera y reinterpreta frases extraídas de la primavera clásica de Aaron Copland.

Una frívola manía ha decretado que un discurso vale por sus frases. Un buen discurso sería aquel que deja un manojo de líneas citables. El discurso del presidente Obama fue criticado con ese rasero. Dicen que el mensaje decepcionó por no haber acuñado oraciones mántricas. Quienes eso exigen a una pieza discursiva reniegan de la posibilidad de que un discurso sea un argumento y que valga en su integridad. Quieren comillas para la decoración de un cartel pero descreen del razonamiento en público. El valor del discurso de Obama está precisamente ahí: es el rescate de la narración y el argumento persuasivo que trata con respeto a su audiencia. Para frustración de los coleccionistas de perlas, no fue una costura de frases sino el desarrollo de un razonamiento. El discurso vino a rescate de una tradición política. No fue, a mi entender, la reivindicación del liberalismo como dijo ayer Timothy Garton Ash en el New York Times. Fue una apuesta republicana. No me refiero, por supuesto, al caprichoso apelativo de un partido, sino a la tradición del republicanismo de la que hablaba al principio de este texto: defensa del interés común; apuesta por la legalidad, rechazo al encierro individualista y a los abusos escudados en la emergencia. Defensa de la razón y de la ciencia para terminar con el tenebroso gobierno de un ignorante iluminado. La primera frase contiene la clave del discurso. No se dirige a los norteamericanos: se dirige a los ciudadanos. Al llamar su atención lo dice todo: no los convoca como votantes, como miembros de un partido, como consumidores. Los llama en su calidad de integrantes de una comunidad política que requiere de la participación de todos.

El republicano tiene ahora el reto más serio: pasar de la elocuencia a la eficacia.

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3 Comentarios

  1. D Hester dice:

    Gracias por poner el articulo completo en tu blog.
    Que tengas buena semana Jesus!

  2. fmgarzam dice:

    Professor:
    Estoy en desacuerdo con tu desacuerdo con Garton Ash. Si acaso veo este discurso como promesa de vuelta al buen republicanismo federal; la vuelta a la decencia. En una nación tan descentralizada, poli-céntrica, matricial, las repúblicas locales no estaban tan dañadas, excepto por la represión dixie chickenera. Repúblicas rete-públicas locales tipo estado, condado, ciudad, distrito educativo o de bomberos, mesa de regentes, etc.
    Si bien Timothy cae hasta más allá del pleonasmo al decir liberalismo igualitario moderno; parece visualizar un renacimiento del liberalismo original, el de tradiciones Fenicias, Árabes, Genovesas, Portuguesas, Inglesas Isabelinas y hasta Españolas de la Escuela de Salamanca y la América temprana. En pocas palabras un mundo Atlántico, aderezado con detalles de la vuelta al clasicismo mediterráneo Griego y Romano según interpretación Inglesa—más que contractualismo, que en todo caso sería probablemente Genovés (ver Avner Grief). Un liberalismo de praxis más que de dogma. Ultimadamente de la gente.
    No hay que olvidar que la era moderna (más que el renacimiento) nos trae la aspiración del hombre común a un mundo igualitario sin abusos de los que detentan cualquier tipo de poder, un mundo de libertad, tolerancia e igualdad bajo reglas claras de convivencia y coerción social y en el extremo coerción gubernamental.
    El liberalismo va más allá, es una forma de vida, es una aspiración. La república tan solo es un sistema de gobierno, desde luego necesario. (En España había libertad, vida liberal, restringida, bajo los Hapsburgos, como detalla Hellen Nader.)Yo pediría la vuelta a la república liberal. La vuelta a un sistema financiero liberal, sin grandes concentraciones de poder financiero o concentraciones en compañías sin cara ni dueño ni transparencia, las estrukturas, el defecto en que se ha caído.
    Francia (conservadora y rural) solo es liberal en espíritu, sí ha sido fuente de codificación y difusión e indudablemente de apoyo. Por eso ahora la incluyo.
    El liberalismo es solución, la república solo el mecanismo para llevarlo a la práctica. Creo que debemos discutir más el liberalismo. Realmente entenderlo, ya no tanto discutir pseudos-liberales. Aunque como solo pocos están interesados en la libertad. Hay que recordar que el liberalismo es la base de las revueltas irmandiñas de Galicia y la de los Comuneros de Castilla. En cierta forma la repulsión contra los abusos y el acaparamiento de oportunidades de los poderosos, la exigencia de la apertura, la liberación de los mercados internos, llevadas a cabo por los burgueses y gente menor, hace 500 años.
    En fin ojala que esto marque la vuelta a la apertura e ideales de los padres fundadores de aquella república federal. Que como dice la canción del gran poeta de la isla sin libertad: no es perfecta, más se acerca…

  3. Santiago Córdoba dice:

    Excelente artículo, profesor. Muy interesante la descripción de la política, estoy totalmente de acuerdo con usted. El razonamiento sobre el discurso es impecable, el mensaje fue profundo y contundente a la vez. Manejó un lenguaje transparente y abordó todos los temas. No se qué querían escuchar los críticos. El evento, por sí solo, será recordado por siempre. Aún así, ellos (los críticos) querían una nota amarilla.

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