08, Jun 2020

Exigencia a las alternativas

La incompetencia y la arrogancia del gobierno federal no otorgan pase automático a las oposiciones. Que el gobierno de López Obrador se haya convertido en una amenaza abierta a la salud pública, que sus políticas le aseguren al país una crisis económica profunda y larga, que su discurso hostigue constantemente a sus críticos, que su práctica corroa el tejido institucional del pluralismo no regala títulos de representatividad a quien lo cuestiona. Toda alternativa debe probarse en el debate público y en el ejercicio de la responsabilidad. No basta con ponerse del lado opuesto al poder presidencial. La tarea de la crítica es compleja y lo es aún más la construcción de alternativas políticas. Hay que ofrecer razones, hay que cultivar confianza, hay que conducirse con apego a las reglas que se pretenden cuidar. La severidad con la que hemos de juzgar al presidente debemos aplicarla también a quienes se ofrecen como alternativas a su proyecto.

A muchos nubla el ansia de encontrar, cuanto antes, antagonistas. Es entendible: al país le urgen equilibrios. Es tal el vacío de las oposiciones formales, es tan profundo el silencio del congreso, que cualquier liderazgo emergente es alabado por algunos como si fuera el descubrimiento de un salvador. Al primer atrevido que brinca a la plaza lo encumbran de inmediato como el héroe de la resistencia. Pero no basta levantar la voz y colocarse en el polo opuesto a la presidencia ¿Será que es ese el peligro profundo del discurso populista? ¿Que la simplificación de su retórica nos intoxica de tal modo que anhelamos una respuesta que sea, en el fondo, un remedo de aquello que se busca combatir? Me temo que la urgencia por ese paladín nos puede costar muy cara. Si actuamos con ese ímpetu, estaremos coronando charlatanes.

Diría lo mismo de nuestros medios. Para defenderlos hay que renovar la exigencia. Que sean espacios de crítica, que preserven autonomía, a pesar de los embates no los certifica como las entidades profesionalmente rigurosas que necesitamos en este momento para comprender lo que sucede. Nos hacen falta medios independientes que confronten al poder, que lo exhiban, que lo cuestionen, que lo ridiculicen. No hay otra forma que el rigor, la seriedad profesional, la acidez del juicio independiente. Precisamente por eso debemos reconocer sus rezagos. El espíritu de cuerpo que la agresión presidencial activa es también un impulso para desconocer las fallas propias. Mal haríamos respondiendo con esa ceguera. El hostigamiento diario desde el palacio es testimonio de la importancia del periodismo independiente. Precisamente por ese papel, nos toca exigir información sólidamente fundada, confiabilidad en los datos, atención a las distintas versiones. Veo en la verdadera crítica una incompatibilidad con el activismo militante y me preocupa que hacia allá caminemos. Mal haríamos al morder el anzuelo que el poder nos lanza. México no puede partirse en las mitades que corresponden al capricho presidencial.

Habrá, desde luego, quien piense que ante la brutal simplificación populista y frente a la entidad de la amenaza, requerimos de simplezas paralelas. Solamente hay que encontrar al antagonista y apostar a su victoria. No hay que ser quisquillosos, dirán. Es lo que hay. Creo exactamente en lo contrario. A las oposiciones, a los medios hay que curtirlos con exigencia y no con mimos. La única manera de salir del maniqueísmo oficial, la única forma de plantear alternativa es construyendo plataformas políticas y de comunicación que tengan un argumento más allá del anti. El antilopezobradorismo sigue siendo hoy un reflejo sin rumbo.

Por ello no cabe la condescendencia ante la política del gobernador de Jalisco, aunque represente al momento la única oposición franca desde un gobierno subnacional. No me parece que hasta ahora signifique una alternativa confiable porque, si puede decirse que fue un gestor responsable de la respuesta sanitaria, ha sido incapaz de atajar la crisis política que se ha desatado en su entidad. Sus desplantes y las balandronadas hacen ruido, pero no sirven para construir opciones políticas serias. No podemos dar pase automático a los ambiciosos que se apresuran para saltar al ruedo con la única bandera de ser el antagonista de Andrés Manuel López Obrador.

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