30, Oct 2018

Golpismo fifí

El presidente electo ofrece disculpas por anticipado. Acto seguido avisa que persistirá en el insulto. Lo escuchamos en una entrevista improvisada sentado en la ventanilla de la fila de emergencia que frecuenta. Seguiré describiendo a la prensa que me cuestiona como prensa fifí, dice. Lo siento mucho, pero no tengo alternativa. Tengo que llamarlos como lo que son. En seguida, el presidente electo expone las razones del insulto. Los fifís de hoy son herederos de los golpistas que contribuyeron a la caída y muerte de Francisco I. Madero.  ¡Eso es lo que piensa el presidente electo! La crítica es golpismo. El cuestionamiento al poder que despunta es, en realidad, deslealtad democrática.

El paralelo que traza entre sus críticos y la decena trágica es preocupante. Es una nueva cápsula de su entendimiento del debate público. Importa citarlo en extenso para juzgar si mi interpretación es excesiva. El presidente electo brinda lecciones de historia como advertencias para el presente. “Si ustedes revisan la historia, los que le hicieron más daño al movimiento revolucionario maderista, fueron los fifí. Ayudaron a los golpistas, y hubo una prensa—en ese entonces—,   El Debate y otros periódicos que se dedicaron a denostar al presidente Madero. Bueno, esa prensa y los fifís, quemaron la casa de la familia Madero. Cuando detienen al hermano de Francisco I. Madero y asesinan cobardemente a Gustavo A. Madero, los fifís hacen caravanas con sus carros y festejan. Y luego esa prensa siempre apostó a apoyar la militarización, el golpe de Estado, y tiene que ver mucho con el conservadurismo, venían del régimen porfirista, eran serviles, era una prensa sometida y cuando triunfa el momento revolucionario, triunfa Madero, él garantiza libertades plenas, y se portaron muy mal, no sólo con Madero, sino el país, le hicieron mucho daño a México, fueron los que atizaron el fuego para que se volviese cruenta la revolución mexicana y se perdieran muchas vidas humanas. Entonces, lo del fifi viene de eso, para darle una ubicación histórica, entonces eso si se los voy a seguir diciendo, porque son herederos de ese pensamiento y desde el proceder.”

Si les digo fifís es porque, en realidad, quiero llamarlos golpistas. Esa es la advertencia del presidente electo en un arranque de sinceridad. Hay periodistas que se portan bien y periodistas que se portan muy mal. Hay periodistas que merecen besitos y otros a los que no queda más alternativa que describirlos como cómplices de la dictadura. Quienes me cuestionan, quienes dudan de las maravillas de la Cuarta Transformación, quienes critican las decisiones que se están tomando, quienes denuncian los efectos de las políticas que se pondrán en marcha muy pronto, conspiran contra la democracia. No son mis enemigos, son los enemigos del pueblo. Son, en realidad, descendientes directos de quienes conspiraron contra Madero. No hay aquí ambigüedad alguna en las palabras del presidente electo. El argumento es delirante, pero claro: si me criticas, en realidad sueñas con el magnicidio.

El presidente electo defiende, y con razón, su derecho a polemizar. Sería, en efecto, benéfico escucharlo debatir. Nadie quiere un presidente amordazado. Lamentablemente, lo que escuchamos de su boca no son argumentos que desbaraten el fundamento de otros argumentos sino algo muy distinto: un intento de destruir moralmente a sus críticos. Huertistas, los fifís. Quien advertía hace unos días por los probables costos de la consulta recibió de inmediato la feroz invectiva del presidente electo. Ningún alma limpia puede dudar de él. Quienes lo critican, quienes anticipan costos y perjuicios son personajes deshonestos. Vendidos. El futuro presidente se asume así como difamador en jefe. Mis críticos lo son porque han sido comprados por los enemigos del cambio verdadero.  Muy delgado resultó el barniz conciliatorio del presidente electo. Al primer raspón desaparece.

Advierto que el reflejo de la descalificación, esa imaginación que lo lleva a dividir el mundo en patriotas y traidores me preocupa menos por lo que pueda influir en la prensa que por lo que pueda provocar en su gobierno. ¿Cuál puede ser el espacio de razonabilidad bajo el imperio de la ideología? ¿Quién se atrevería a confrontarlo con malas noticias? ¿Quién osaría reconocer ante él un error de cálculo? Un fanático de sí mismo prefiere ser engañado a ser contrariado.

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3 Comentarios

  1. Andrés dice:

    Sin duda hay una intolerancia de parte de AMLO para la prensa crítica, intolerancia preocupante. Pero también me parecería bastante ingenuo negar que los medios de comunicación informativos tienen una agenda política. Tan poco realista es ver a los medios como “canales” neutros de información cuyo único fin es contribuir al debate democrático, como creer que los políticos son servidores públicos desinteresados que sólo buscan el interés general. Es decir, el argumento de AMLO no es descabellado ni carece de instancias históricas: si me criticas, traes agenda.

    • Walter dice:

      Éste no entendió nada. 🙂

      • Andres dice:

        Creo que el que no entendió fuiste tú, Walter. Pero te explico mi punto, no hay problema (por cierto, empezaría diciendo que el pronombre demostrativo no se acentúa porque es una palabra llana terminada en vocal).
        La tesis de JSH es que para AMLO hay de dos: sus críticos, que son traidores de la democracia; y quienes están con él, los moralmente aventajados. Y dice JSH mque esta distinción le “preocupa menos por lo que pueda influir en la prensa que por lo que pueda provocar en su gobierno.”
        Pues bien, concuerdo en el tono intolerante de AMLO. Mi comentario simplemente señalaba dos cosas. Uno, que la declaración de AMLO es una hipérbole (si quieres te la explico en otro comentario, no tengo problema): no se trataba de afirmar que quien lo critica “sueña con el magnicidio”; sino que quien lo critica, trae agenda. En este sentido, es una declaración que busca deslegitimar a la “prensa crítica”. Y dos: que es una ingenuidad suponer que esto no sea el caso. Quizá JSH, en efecto, solo quiere llevar a la reflexión; pero (además de que el punto de vista “neutro no existe”) hay prensa con agenda política. Si esto es así, tanto la declaración de AMLO como buena parte del periodismo son actos políticos. Y en consecuencia, su terreno no es la administración (pública) sino la opinión pública. Y pienso que no haría mal leer a AMLO y a la prensa en esos términos.
        Creo que no sobra aclararte que se trata de defender a AMLO.
        Saludos,
        Andrés

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