11, May 2009

La voz de la autoridad

Receta médica Me asombra la emergencia de la autoridad. Esa es la consecuencia política de la crisis sanitaria: el peligro ha desenterrado la autoridad y la ha puesto en el centro del país. No estoy hablando simplemente de la reaparición de un gobierno que es capaz de mandar. Para quienes hablaban de un Estado fallido, los días recientes dan muestra de que en México existe un núcleo de poder que puede lograr eficacia en momentos de alto riesgo. En efecto, el gobierno federal y algunos locales lograron imponer reglas severas y muy costosas. Lo hicieron con velocidad extraordinaria, poniendo en sintonía a grupos que han sido enemigos. Proyectaron un mensaje claro, consistente y continuo; modificaron en un instante la conducta de millones de personas. No puede pasarse por alto la evidencia: el gobierno tuvo la agilidad, la capacidad y los recursos para enfrentar la emergencia sanitaria.

Pero de lo que quiero hablar no es de eso, sino de la fuente de esa reordenación política y sus posibles secuelas. El lenguaje de los preceptos sanitarios no embona en la conversación democrática. Su dispositivo de legitimación es otro. El tono es distinto, el argumento se construye de otra manera, el mensaje viene de otro lado. Creo identificar la novedad: se trata de la reaparición de una voz premoderna que se ha vuelto terriblemente actual: la voz de la autoridad. Autoridad es poder que no emplea la fuerza. Un poder que no intimida amenazando con un castigo. El influjo de la autoridad, su capacidad para determinar la conducta de otros proviene del sujeto que la emite. La figura de autoridad puede modificar la conducta de otros porque encarna valores apreciados por la colectividad: es la voz de Dios, de la experiencia, de la tradición o de la ciencia. Como enviado de lo incuestionable, Su palabra vale más que la nuestra. Nuestra voz es, apenas, voz de la calle, opinión o impulso; miopía, ignorancia. Quien encarna la autoridad, por el contrario, se eleva para mostrarnos el camino. No necesita amenazas: su figura muestra la ruta. (Una interesante reflexión sobre el concepto aparece en un ensayo de Hannah Arendt recogido en Between Past and Future ).

Si la autoridad de la que hablo no apela a las armas para hacerse seguir, tampoco se rebaja a la discusión con los mortales. Cualquier debate descansa en un presupuesto igualitario: los participantes están dotados de razón y conocimientos. No puede celebrarse una discusión si se cree que uno tiene el monopolio de la verdad y ejerce control exclusivo del argumento. Si es debate, la competencia por la persuasión arranca en la igualdad de los participantes. La autoridad, por el contrario, parte del principio opuesto: la autoridad sabe, la gente no. Por la voz de la autoridad habla la verdad. Puede fundarse en un libro sagrado, en la experiencia de un anciano, en la bondad de un santo o en el saber de un científico. El caso es que la relación con la figura de autoridad es, por definición, antidemocrática: se basa en la confianza que el súbdito tiene en la sabiduría e integridad moral de su superior. Por ello su voz ha de acatarse sin chistar, sin pedir más argumento que una prueba de que, efectivamente, esa voz proviene de boca autorizada.

La autoridad no se rebaja a discutir al tú por tú con sus inferiores. Su palabra es, en sí misma, orden inapelable. Lo es porque no es mandato caprichoso sino aviso enclavado en la verdad. De ahí que la autoridad sea el intento más viejo de suprimir el capricho. Para expulsar la arbitrariedad de las relaciones humanas había que encontrar a quien portara el saber y la justicia.

La democracia liberal ha descreído de esa búsqueda y ha combatido el principio de autoridad. De la idea del poder como resultado del consenso, es decir, de una igualdad originaria, proviene el golpe mortal a esa figura. El poder no deriva de una encarnación omnipotente sino de una representación con restricciones. De ahí que toda orden debe fundarse en reglas y curtirse en argumentos. Inadmisible sería que un primer ministro impusiera legislación porque el libro sagrado así lo determina. Inaceptable que el presidente dictara decretos porque la Ciencia lo obliga.

Pero la emergencia trastoca ese arreglo. La Ciencia legisla presurosamente; cancela la discusión y decreta un régimen excepcional. El poder público se asume como conducto de otra voz. En el trono de la autoridad inapelable se instala el epidemiólogo, el experto en salud pública, la oficina universal de la salud. La autoridad no pierde el tiempo argumentando. La crisis no tolera dilaciones. Nuestros protectores conocen las amenazas, diagnostican la fuente de los contagios y prescriben la receta draconiana. El enfermo acata dócilmente la instrucción del médico. Atónito ante los diplomas del consultorio, la bata blanca que viste al doctor, el aplomo de certeza que proyecta, el paciente se dispone a entregarle el brazo para la amputación salvadora. Ese paciente es el planeta asustado.

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15 Comentarios

  1. mbernal dice:

    La Ciencias… asi, escrita con mayuscula??
    La autoridad se concede. En este caso, concederle autoridad a «la Ciencia» implicaria conocimiento. Desafortunadamente, quien acepta asustado el dictado de esta autoridad resulta aquel que otorga/acepta autoridad por su ausencia de conocimiento.

  2. Salvador Mayorga dice:

    Texto incomprensible el de Don Jesús. No veo en esta reflexión el rigor que lo caractriza y nos entrega entonces una extraña ensalada de conceptos en la que plantea una artificial contradicción entre democracia y autoridad entre confusas mezclas de las distintas acepciones del término autoridad. Un gran tema sin duda que merece un abordaje más cuidadoso máxime viniendo d3e un pensador de su talla.

  3. El problema de concederle la autoridad a la ciencia (o a quienes basan sus decisiones en las recomendaciones científicas) es que en casos como el de esta epidemia, la incertidumbre con la que la ciencia puede predecir un riesgo es demasiado alta. Es decir, los científicos sabían demasiado poco sobre el virus AH1N1 como para poder hacer una recomendación certera acerca de las acciones a tomar. Por eso se tomaron medidas excesivas (y autoritarias), porque se temía que este virus fuera tan letal y tan contagioso como los otros conocidos, cosa que no sucedió. Habría que manejar la incertidumbre asociada a la toma de decisiones de una manera más transparente.

  4. G.N. dice:

    El problema es siempre la falta de información, no de la que se da en los medios masivos, sino la que viene de atrás, de la escuela, de la costumbre de leer, enterarse y entender. Un gremio de restauranteros podría, por ejemplo, además de hacer cuentas, entender lo que se sabe del virus, los antencedentes de virus similares, las capacidades del país en el peor escenario y en qué consiste dicho escenario; no dejarse llevar solo por los boletines que se lanzan en los medios. Toda la información está en la red. Con ella podría permitirse ofrecer una alternativa o acatar las recomendaciones ya con la calma que da el entendimiento (y no con el mal sabor de boca que deja la resignación y una obediencia que se antoja ciega). La responsabilidad también es de nosotros, los ciudadanos.

  5. Creo que no lo pescaron pero permiteme atender esto; ….El foco está, simplemente, en darse cuenta de como bajo «la circunstancia» se experimentó el fenómeno -tendiente a desaparecer en la democracia moderna- de la aparición/figura/ejercicio de una clase de «autoridad» a la que no se sometió a ningún tipo de escrutinio democrático para respetarse y acatarse tal cual, incluyendo la subida de personajes acreditados para tal poder de autoridad. (como debería ocurrir con la reforma petrolera y otras donde el sometimiento a consenso democrático resulta contra-producente que si se confiara en la autoridad competente.
    No tiene nada que ver con hacer juicio de si se hizo bien o se hizo mal… simplemente, Jesus nos hace notar esta situación.
    Recuerda al Patriarca, de donde viene -patria- y que a modo de un padre de familia ejerce una autoridad indiscutible, irrefutable y confiable a la vez. Pero eso, ya se acabó.. hoy en día hasta la voz del padre de fam se somete a las democraticas decisiones por los demás integrante.
    En lo particular creo que hay cosas en las que debiese existir este tipo de autoridad… tal vez como en mi casa, aunque aquí debe llamarse matriarcado (?) pero la cuestión de género es irrelevante. G.e.t.
    No hago arte, pero lo hice desde mi iphone

  6. Eva dice:

    Hoy no estoy de acuerdo con Chucho. Hay que entender que el riesgo de no tomar esas medidas era demasiado alto con la información disponible en ese momento. En efecto, la medida de ese riesgo viene directamente de la ciencia, que, en efecto, es una autoridad a la hora de dictar políticas de salud. ¿Quién más debería ser la autoridad a la hora de lidiar con problemas fisiológicos?.
    Con la pena, también hay límites para la ciencia política. En el caso de las decisiones sobre una epidemia yo siempre voy a confiar más en la OMS que en cualquier político de cualquier color.
    Una vez más voy a decir que ante un escenario con decenas de miles de contagiados y varios centenares de muertos (que tranquilamente hubiera ocurrido sin las medidas tomadas) todos se hubieran comido vivos al gobierno federal y local por no actuar con suficiente fuerza.
    Esa frase de «Inaceptable que el Presidente dictara decretos porque la Ciencia lo obliga» me causa escalofríos. Para mi es evidente que el presidente debe dictar decretos si la ciencia lo obliga, el problema es que no lo haga más seguido.

  7. A)
    «El caso es que la relación con la figura de autoridad es, por definición, antidemocrática: se basa en la confianza que el súbdito tiene en la sabiduría e integridad moral de su superior.»
    ¿esto quiere decir que no hay autoridades democráticas? ¿o qué toda autoridad para no ser antidemocrática tiene que ser totalmente democrática (sea lo que sea que esto signifique)? Los enemigos de la democracia liberal aciertan cuando dicen que esta forma de organización social como cualquier otra, tiene autoridades y argumentos de autoridad (y a veces con buenos argumentos afirman que es una mala forma de autoridad). El liberalismo democrático aunque lo pregone de vez en cuando, no es relativista moralmente, y por eso se suele argumentar como «más sabio» o moralmente superior a otras formas de organización social.
    B)
    La Voz de Dios, la Verdad, y la Ciencia pueden tener problemas parecidos, pero la experiencia pensaría que es harina de otro costal.
    Por dos posibles razones 1) porque la Voz de Dios, la Verdad y la Ciencia no están basadas en otra cosa más que la experiencia, y/o 2) porque la experiencia admite la incertidumbre de este mundo.
    Si tomamos la primera, entonces lo que hay que hacer es confrontar la Voz de Dios, la Verdad y la Ciencia con nuevas y diferentes experiencias para retarlas (cosa que supongo por estar esos tres valores en mayúsculas no admiten facilmente); si tomamos la segunda entonces es difícil pensar quién no tiene acceso potencial a cualquier experiencia. Es decir,la experiencia es de acceso menos restringido que las otras tres, lo cual sugiere que es más «democrática» (la diferencia entre la Ciencia, la Voz de Dios, la Verdad, y la ciencia (con minúscula) es que la que tiene minúscula tiene mecanismos propios que facilitan el reto de nuevas experiencias).
    C)
    En la democracia como en cualquier otra forma de organización hay autoridades. Lo que suele distinguir a la democracia (y supongo que en particular a la liberal, pero no exclusivamente) es que implica ciertos límites a estas autoridades. Por ejemplo a diferencia de autoridades en otras formas de organización social, en la democracia estas son sujetas a escrutinio público, su autoridad es contingente al proceso democrático, al resultado de ese proceso, y a algún límite en términos de espacio y tiempo (en términos generales y en nuestra Const). La medidas de emergencia sanitaria hasta ahora aplicadas no rompieron estos límites (en estos términos hay que preocuparse más por «la guerra contra el narco»).
    D)
    Sí, los argumentos de autoridad, que no es lo mismo que la autoridad, suelen ser desagradables, pero sólo dejan de ser democráticos si no son tratados como el resto de las autoridades en un contexto democrático, de manera pública, contingente y temporal. Es decir, el problema del argumento de autoridad no es un problema sólo de quien lo argumenta, sino de quien lo asume como algo más que resultado de alguna(s) experiencia.
    E)
    Me preocupa menos el posible uso de la Ciencia (o ciencia) como valor para argumentar cierto uso de la autoridad en este caso, que los valores implícitos en la acción estatal o en su ausencia. Si efectivamente existe la información para saber que nuestros sistema de salud mata a miles de personas a la año, ¿por qué el gobierno sólo actuó hasta ahora? ¿por qué buena parte de las y los ciudadanos, y de los que participan activamente en la discusión pública normalmente no reaccionamos con la misma fuerza para criticar o defender a un sistema que sabemos mata gente? ¿por qué estas vidas, las que ataca este virus, valen más la pena que defender que las otras vidas?
    F) En lo que buscamos respuestas a esta última pregunta lo que sí sabemos es que el intento de los gobiernos en esta excepcional ocasión fue proteger a todas la vidas por igual (una posible respuesta es que hay indicios de que en este caso los muertos no han sido ni pobres, ni indígenas, ni viejos y la única manera de proteger a quienes «la normalidad» si valora era protegiendo a todos). No creo que haya sido por buenas personas, ni por visionarios. Sino simplemente porque la publicidad de muertes aparentemente aleatorias (entre «los normales») les restarían votos. Pero a los gobiernos que surgen de elecciones mínimamente democráticas ese es el límite inferior que les hemos exigido, «preocúpense por seguir consiguiendo más votos».
    G) Con la información que hemos contado, y la que hasta ahora sabemos que contaban los gobiernos se actuó de tal manera que se valoró más (insisto no sabemos bien por qué excepto por la existencia de un mínimo proceso democrático), mantener a más gente viva que a mantener los ingresos de empresas y comercios. Creo que esa es una mejor experiencia que la experiencia a la que nos hemos acostumbrado en la cual mantener a más gente viva está sujeta a la amenaza de la fuga de capitales y de menor crecimiento económico.
    p.d. ¿Qué no la Ciencia como autoridad es más moderna que premoderna y por tanto parte de los problemas de la modernidad?

  8. Connie Roldán dice:

    Debo confesar mi confusión y desconcierto ante la opinión de Silva-Herzog en esta ocasión. ¿Cuál sería la actitud inteligente y adecuada que sugiere? ¿Qué hacer ante una situación como la que está viviendo el mundo? ¿Debíamos erigirnos todos en científicos, médicos, y demás?
    Qué peligro!

  9. hugh thomas dice:

    De ciencia ha habido muy poco en todo esto y si mucha manipulación de información. En lugar de ciencia varias mentirotas, algunas verdades evidentes (sobre todo las que tienen que ver con las incertidumbres de un virus nuevo) y un tono comunicacional lúgubre, perfecto para el look dark del secretario de salud que ha resultado un exitazo en la tele. Nadie puede dudar de su estilo.
    Luego del éxito, la debacle. La histeria antichina, antiargentina (mas entendible, pero no justificable), ¡antiecuatoriana!, pero lo impensable sucedió, la histeria antihaitiana. Yo puedo estar de acuerdo con esta última histeria.
    Luego Calderón dijo que México (ergo él mismo) «habíamos salvado el mundo». Vaya modestia del hombre.
    Hoy dice que de no haber actuado «el gobierno como lo hizo» la OMS dice que hubiesen muerto 8000 personas en México. Bueno pero quién no actuaría en una circunstancia así. Que cálculos son esos. Son sospechosos porque no parecen servir para ningún fin, fuera de que el presidente quede como un salvador de la humanidad toda. Habrá quién se los crea.
    No lo hicieron TODO mal, pero tampoco todo bién. Y no fué por lo que dice el anciano conspirativo en Cuba, por deferencia al nuevo «amo del imperio», sino simplemente porque les fallaron los sistemas epidemiológicos. México no estaba preparado para una epidemia que ya se había anunciado hace mucho tiempo. Esto demuestra imprevisión, mal uso de recursos etc. Además desnudó que el sistema de salud difícilmente detecta cosas nuevas y los enfermos son tratados de modo inadecuado (nada nuevo bajo el sol).
    La tasa de letalidad del virus en Estados Unidos (es decir con buena atención médica) es del 0.1%. Es bastante poco letal por el momento. Esa es la realidad . Acá ya no se muere la gente tampoco ahora que se diagnostica y trata a tiempo. Tranquilícence, mientras le siga importando el tema a los políticos, les van a dar sus dos pastillas de 75 mg de Tamiflu por una semana por las dudas (lo mismo que hicieron los repudiados chinos con cada una de las personas que estuvieron en cuarentena).
    Saludos,

  10. aish…que Jesus nunca dijo si ta bien o mal, solo que le asombra como bajo la circunstancia del bicho se apareció ese tipo de autoridad que a pesar de no haber pasado por escrutinio democrático, fue acatada y respetada mejor que como si lo hubiese sido… bueno, eso fue palabra de Jesus y no más. Amén

  11. Federico M. Garza Martínez dice:

    Professor:
    Perspectiva de arriba para abajo, centro a periféria. Pareciera que estas celebrando. Acaso suspiros por el retorno de la autoridad central y con ello el de la vuelta a la feria de oportunidades para los usuales cortesanos.
    Terrible la concentración sin Cincinatos a la vista.
    Raro tu diagnostico sobre el estado. Desde luego no fallido, pero la fortaleza de la cúspide no es indicio de que lo que usualmente se constituye de abajo para arriba sea funcional.
    Luego, que tan poderoso puede mostrarse al poder central cuando ordena algo fácil: que los Mexicanos se pongan a tirar la weba por causas sanitarias.
    Por favor.
    FMGARZAM

  12. jshm dice:

    Andrés: no resulta fácil saber qué texto que comentas. A pesar de que insertas tu comentario aquí, no registras el sentido de mi argumento.
    En efecto, de acuerdo a la noción que trato de aplicar a la circunstancia, la democracia expulsa la autoridad del campo. Ahí hay poderes, instituciones, hay órganos de poder restringidos normativamente. Hay argumentos, polémicas; decisiones, vetos. Pero es imposible el encumbramiento de una autoridad. Me parece convincente la idea de Lefort de que la novedad de ese régimen es que ahí se disuelven los asideros de certidumbre definitiva y se rompe la antigua fusión de saber, verdad y poder. No hay ahí, por tanto, sitio para una voz que se reclame obediencia epistémica y política.
    Que las harinas de la ciencia y de la Religión sean distintas es algo que hasta yo veo. Mi argumento no es que sean lo mismo. ¿Necesito decir que el experimento es una cosa y la revelación mística algo diferente? Mi argumento es que pueden revestirse de idéntica inapelabilidad cuando se les pretende convertir automáticamente en mandato. Es por eso que debe meditarse sobre las implicaciones de la lógica de la excepción y los reflejo políticos ante la emergencia. Eso trato de decir. Al leerte me percato que lo he dicho muy mal. Intento precisar: resulta claro que hay nuevas amenazas en el mundo y que son muy serias. No son triviales ni producto de una conspiración. Por eso necesitamos pensar en los permisos para encararlas. No estoy increpando, estoy comunicando una preocupación.
    Por eso no he dicho en ningún momento que la respuesta del gobierno haya sido excesiva, ni caprichosa. Lo que he dicho, en relación a la respuesta gubernamental, es que su acción no se ha sustentado en su propia argumentación.
    La parrafada sobre la insensibilidad de las y los ciudadanos (como dices tú) ante las muertes invisibles es conmovedora pero no aporta un argumento: es un golpe de pecho. Andrés llora las y los muert@s de hemorragia abdominal tanto como llora las y los muert@s de influenza. Su igualitarismo no discrimina virus ni bacterias.
    Y sí: nuestro sistema de salud es un crimen cotidiano.
    Un saludo

  13. Jesús, te agradezco mucho tu respuesta. Si no estaba completamente claro a qué texto me refería, creo que tu respuesta hizo explícitas las referencias que mi comentario (aunque imagino en partes poco claro) hace al artículo aquí posteado, y sí, de manera indirecta al artículo de la semana anterior.
    1)Creo que entiendo mejor tu preocupación sobre la «emergencia de la autoridad», pero también creo que el término «autoridad» está usado de tal manera que siembra más confusiones que aclaraciones. Sin duda se puede cambiar el significado de las cosas como queramos, pero simplemente para tener un parámetro común imagino que su significado está de alguna manera basado tanto en el significado coloquial como en el del diccionario. Considerando esto, me resulta difícil pensar que la democracia expulsa la autoridad del campo, pese a que sí disuelva buena parte de los asideros tradicionales de certidumbre. La democracia tiene sus propias autoridades, diferentes a las religiosas, diferentes a las científicas, etc. Pero aún así tiene sus propias autoridades con características democráticas. En este caso particular, no fue una autoridad científica la que simplemente decretó una emergencia, fue una autoridad política. Fue una decisión ponderada frente al contexto político no fue la ciencia misma la que determinó la prevención cuasi-universal durante la emergencia. Tan tenían consideraciones políticas las decisiones que Javier Lozano no perdió la oportunidad para representar a los intereses de su partido frente al GDF.
    2) De acuerdo, los argumentos científicos (y cualquier otro argumento) pueden revestirse de inapelibilidad. Sin embargo, en este caso no me parece que así haya sido. Creo que la discusión y por tanto apelabilidad de estos argumentos es demostrada con la multiplicidad de fuentes de información que se han generado sobre el tema. Quien no confía en el Gobierno Mexicano puede ir a buscar información de la CDC, OMS, y de cualquier investigador que diga lo que uno quiere escuchar. Justamente por esta multiplicidad de fuentes de información pareciera que el gobierno decidió reducir las medidas de emergencia en relativamente poco tiempo (comparado con otras epidemias en otros países).
    3) Sin duda la lógica de la excepción debe meditarse, pero creo debe meditarse sobre todo sobre las consecuencias de esta emergencia en la vida del país, no sobre su correspondencia con principios previamente definidos. Lo que se entiende de tu preocupación es la preocupación liberal (o foucaultniana ahora que es hasta de buen gusto) que por principio sospecha del poder del Estado. No veo en el Estado mexicano en este caso una fusión entre saber, verdad y poder (por cierto, esa fusión la veo más seguido cuando se aprueban reformas al sistema de seguridad social). Entiendo, nuevas amenazas, que son preocupantes, merecen nuevas discusiones. No hay duda, pero esas discusiones y esas amenazas me parece que no vienen de la autoridad (de por sí débil) del Estado mexicano, esas amenazas provienen de otros lugares y por eso nuestra atención podría ser más valioso depositada en esos otros lugares que esta emergencia ha hecho evidentes.
    4) Me da gusto que sea conmovedor mi argumento. Es parte del argumento mismo. Si no estamos dispuestos a aceptar los sentimientos que generan ciertos hechos como parte de los argumentos políticos, entonces creo que estaríamos no sólo encumbrando con injusta autoridad sólo ciertos argumentos (no emotivos. ¿o qué las emociones tienen menos autoridad que la razón?), sino una vez más evadiendo la atención que merecen temas importantes.
    No es un golpe de pecho, no es sobre mí el argumento. Es sobre el Estado mexicano y sobre nuestras costumbres compartidas. La información que se hizo más evidente en números rojos (y fotos) es una oportunidad para cambiar esas costumbres y al Estado mexicano. El tema no es mi igualitarismo, es el anti-igualitarismo que hemos permitido en el Estado mexicano, y que ha dejado de ser motivo de cuestionamiento. Si el problema sólo fueran mis quejas (y mis emociones) no tendría interés en discutirlas en público, pero no evadamos el tema de fondo, el problema es nuestro Estado (y nuestra sociedad) que no ha logrado aspiraciones que se pregonan con relativa frecuencia y que en la retórica justifican su existencia.
    Insisto nuestras preocupaciones tendrán mejores resultados si las ponemos al servicio de la deseable construcción de un Estado de bienestar que si las ponemos al servicio del temor al fantasma de 1984.
    Muchos saludos, Andrés

  14. Federico M. Garza Martínez dice:

    Se nos ha olvidado ligar la emergencia de la autoridad más preocupante: el ejército haciendo labores correspondientes a los civiles, el ejército en las calles.
    Eso no sucede en un estado que funciona.
    ¿De la ciencia? en México a veces es más parte de las artes plásticas. Ciencia/Ciencia-Ficción.
    Federico

  15. Nose dice:

    Que.es esto? yo buscaba un recurso explicativo.

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