21, May 2018

Nota al debate

Muy positivo fue que el segundo debate presidencial de esta temporada haya permitido la participación del auditorio. La intervención de los asistentes al foro organizado por el INE permitió una discusión más libre, más fresca y más auténtica. Es un avance. El evento de anoche volvió a presentarnos la naturaleza de las alternativas.

La palabra central en el discurso de Andrés Manuel López Obrador es la palabra autoridad. Anoche pronunció la palabra en varias ocasiones. Autoridad moral, dice, es la clave para recuperar el rumbo del país y para dialogar con el mundo. Esta noción es clave para entender su noción de liderazgo y para comprender su inserción en la conversación pública. La autoridad, como primacía en la virtud no tiene razón para debatir. En realidad, no puede decir que ofrezca razones. Expone su verdad con la certeza que es, por sí misma, guía de la acción. La figura de autoridad pretende encarnar un valor que no puede ser cuestionado. La autoridad es un emisario de lo incuestionable. Por eso la voz de la autoridad no tiene el mismo valor que la voz de la nuestra que, a menos de que coincida con aquella, es una voz que ha sido manipulada, que ha sido capturada por la mafia. ¿De dónde viene la torpeza de López Obrador para el debate? De ahí precisamente. Quien está convencido de tener el monopolio de la verdad, quien se considera el único faro de la moral no siente urgencia de debatir. El debate supone una actitud abierta al conocimiento, una disposición a reconocer el error propio, la aceptación de que, en toda controversia, hay valores en conflicto. Sus tres mandamientos, —¿son más?—son su único recurso ante cualquier cuestionamiento. Si algún día fueron ideas ya son frases secas. No hay sutileza alguna en su discurso, no hay detalle en sus propuestas, no hay interés alguno en los pormenores de la gestión pública. Todo es sencillo: basta su voluntad para que un nuevo México nazca. Si su discurso es una maraña de contradicciones es porque se desentiende de la aplicación concreta de sus propuestas. Fue una mala noche para López Obrador. Dudo que afecte su carrera a la presidencia pero se le vio nuevamente torpe, incapaz de escuchar a los otros, incapaz de responder preguntas concretas y de reaccionar con mínima agilidad.

La voz de José Antonio Meade es la del experto. Por eso la palabra central en su discurso es experiencia. Entiende la política como el último peldaño del servicio público. Por eso supone natural su ascenso a la presidencia. Sabe identificar con claridad retos concreto, las herramientas jurídicas que pueden emplearse y reconoce las restricciones presupuestarias. El multisecretario puede exponer un plan detallado para resolver cada problema incorporando en su diseño las mejores prácticas internacionales. Pero ahí se atranca su discurso. El candidato del PRI no alcanza a distinguir la oposición entre el político y el funcionario. Weber lo vio muy claro: nada hay tan distinto a un buen político que un buen funcionario. Los talentos del burócrata son las torpezas del político. No se encontrará en el discurso de Meade esa capacidad que es central en un hombre de Estado: apreciar la naturaleza de la circunstancia, advertir las insinuaciones del presente y pintar las promesas deseables. Meade tuvo anoche un mejor desempeño en el debate. Fue más fresco, más enfático, más persuasivo.

Me parece que quien mejor se desenvuelve en espacios como el de anoche es Ricardo Anaya. Tiene la disposición a escuchar preguntas, a recibir críticas y está atento a lo que sucede en el foro. Tiene un perfecto control de su dicción, no tropieza con la boca, está libre de muletillas. Se muestra preparado y con disciplina. Sabe improvisar. Puede desplazarse de la anécdota que comunica emociones, al dato que refuerza un argumento y al ataque certero. Es el único de los participantes que parece disfrutar del debate, que se crece con el cuestionamiento. Anoche pudo distribuir ataques a sus dos adversarios. En su talento, sin embargo, hay un histrionismo que parece hueco. La suya es una teatralización eficaz pero insustancial. Ninguna idea queda de su participación de anoche. Por eso es poco duradero el impacto de las palabras de Anaya. Lo             que admiramos en su desempeño es la impecable preparación de un locutor de infomercial.

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8 Comentarios

  1. Juan armando flores dice:

    Me parece un excelente analisis, se traduce en que de los candidatos que tenemos, no hay uno 100 por ciento confiable, en lo personal voy por el voto util, nunca votaria por lopez, saludos

  2. J Alfredo Gutierrez dice:

    Muy buena síntesis de los aspectos esenciales del debate. Un corolario: mientras López se empequeñece cuando está bajo “castigo”, Anaya se crece. Esto es relevante pues López al achicarse saca la furia contenida que siempre le acompaña y eso hace que al final se quiebre. Ayer, con 30 minutos más de debate, eso es lo que hubiera ocurrido.

  3. Ronaldo González Valdés dice:

    Con arreglo a fines, con arreglo a valores, tradicional y afectiva, los cuatro tipos de acción social en Weber. Qué AMLO gané la elección (si, como es muy probable, eso ocurre), creo que estaríamos en presencia de una decisión electora mayoritaria con arreglo a valores, mezclada con una cierta “racionalidad” afectiva. Es decir, en ambos casos, no explicable por la rational choice. habrá que ver. Mi reconocimiento a usted, JSHM.

  4. hector aguilarmelo dice:

    Los debates son circunstanciales y limitados de tiempo y algunos candidatos actúan como si hubieran nacido hace un año y toda la corrupción e impunidad que los respalda no tiene que ver con ellos y entonces desaparecen los verdaderos objetivos de defender el conservadurismo; estan prometiendo lo que nunca han hecho y “ahora sì les vamos a cumplir”. La propuesta urgente de un cambio de regímen es abatir considerablemente la impunidad y corrupción que es lo que ha impedido el desarrollo del país. El pri y el pan han mostrado, de manera contundente su manera de gobernar y hacer negocios personales, pero el formato de los debates hacen que prácticamente estos asuntos torales se soslayen. ¿O sea “borrón y cuenta nueva”? Eso es inaceptable aún cuando de manera cínica se argumenten, sin sustento, y se conviertan en mentiras porque el formato del debate lo permite y no se puede pedir que sustenten sus dichos. Este “Hall Town” es un avance pero se necesita que todo lo que se argumente se sustente allí mismo. Por otra parte, la participación de la gente debe ser más dinámica y participativa, sin tanto control hacia la gente.

  5. Trinidad García dice:

    Jesús: no hay palabras tuyas a la calumnia de Meade sobre Nestora? Ahora sólo lo ves experto y persuasivo?

  6. Hector Ramirez dice:

    Los debates aunque limitados nos dan idea de como se comportaria una persona bajo presion, sus repuestas, su postura y formas de actuar nos dice mucho de la persona las respuestas a temas que ya se han acordado con antelacion no se pueden responder sin preparacion de los mismos o con BROMAS para eludir las respuestas que se piden eso nos habla de lo que nos espera si cada uno de los canditos llegasen a la presidencia no es posible que no exista preparacion del debate y se repitan las mismas frases de campaña sin produndidad no sentido sin explicacion del como se hara

  7. Raul De Arc dice:

    Cierto lo que comentas, pero el mensaje que se debe quedar es el de contrastar ideas y maneras. Si lo que buscamos es ver quien nos saca lagrimas y risas mientras dormimos es mejor ver una novela. Creo que hay elementos suficientes para saber quien puede tener más logros en beneficio por los Mexicanos ante un mundo que se torna complejo, con alta dependencia al exterior lo que a mi me importa es quien puede sacar el mayor provecho y generar el mejor empuje, me quedo con Riky Rikyn con sus defectos es lo mejor que hay en el menu.

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