30, Dic 2019

Nueces del 2019

Cuenta Ben Rhodes, amigo y asesor de Barack Obama que el día que dejaron la Casa Blanca, una pregunta rondaba el ambiente: “¿Y si nos equivocamos?” El presidente de la serenidad entregaba el poder a un patán. Esa es, dicen Stephen Holmes y Ivan Krastev en su nuevo libro, la pregunta necesaria. No “¿qué salió mal?,” o “¿quién se equivocó”? La pregunta honesta es esa: “¿”qué tal que hayamos sido nosotros quienes nos equivocamos?” Ahí está la base de la autocrítica liberal que sigue buscando respuesta.

*

La rabia corre como lava en las calles, los payasos ganan elecciones, las instituciones son tapones, el voto se cuenta pero cuenta poco. Es el fin de la normalidad, dice con el tino de lo simple, Michiko Kukatani, crítica literaria del New York Times. Lo inimaginable se ha vuelto rutina. Tiempos de desconfianza y de mentira, de furias y de hogueras.

*

Jaron Lanier, un músico y científico al que la revista Wired considera uno de los veinticinco personajes cruciales en el mundo de la tecnología, publicó un decálogo pertinente: diez razones para desconectarte de las redes sociales. Las redes se han convertido, a su juicio, en una adicción que cancela el juicio propio, debilita la verdad, incendia desacuerdos, destruye el sentido de empatía e imposibilita la política. Malditas, no benditas redes.

Al presidente de la Suprema Corte de Justicia le convendría, tal vez, atender la recomendación. Seguramente el político de la toga respondería que asume el riesgo del tuiteo en aras de la transparencia. No se equivoca: su cuenta de tuiter lo exhibe transparentemente como un escudero del gobierno, más que como un árbitro digno e imparcial. Así ha salido en defensa de la Secretaria de la Función Pública para expedirle un certificado de honorabilidad. Tal vez la funcionaria es, como dice él “una mujer íntegra y honesta,” pero, ¿le corresponde a un juez expedir esos diplomas a sus amigos? Peor aún, en la controversia internacional reciente, el ministro Zaldívar brincó para defender al presidente. ¿Alguien podría imaginar a un juez del máximo tribunal de los Estados Unidos declarar su apoyo al presidente en una controversia diplomática? Lo señaló puntualmente José Manuel Vivanco, director de Human Rights Watch: hay controversias que exigen, de los jueces, silencio.

*

“Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y al fin, el hombre se ve constreñido por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.”

Carlos Marx y Federico Engels firmaron esto hace 171 años.

*

Del diálogo entre Aristóteles y un populista en Cómo perder un país. Los siete pasos de la democracia a la dictadura de la escritora turca Ece Temelkuran

Aristóteles: Todos los seres humanos son mortales.
Populista: Ese es un argumento totalitario e insensible.
Aristóteles: ¿No crees que todos los humanos son mortales?
Populista: ¿Me estás llamando ignorante? No seré un filósofo como tú, pero el pueblo vive la realidad en carne y hueso.
Aristóteles: Eso es irrelevante para lo que estamos discutiendo.
Populista: Será irrelevante para ti porque tú y los tuyos han gobernado este país y nos consideran prescindibles. La verdad no está en los papiros de la élite.
Aristóteles: Permíteme continuar: todos los seres humanos son mortales. Sócrates es humano…
Populista: Tengo que interrumpirte. Gracias a nuestro líder sabemos quién es ese Sócrates. Ya no nos pueden engañar. Sócrates es un fascista. Estamos hartos de las mentiras.
Aristóteles: Estás rechazando el fundamento de la lógica.
Populista. Respeto tus creencias.
Aristóteles. Esto no es una creencia. Es lógica.
Populista. Respeto tu lógica, pero tú no respetas la mía. Ese es el problema en la Grecia de hoy.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

Deja un comentario