15, Feb 2021

Presunto violador

No debe ser sencilla la vida en la corte. Exige homenaje sin descanso al soberano. No hay reposo para la veneración. Cualquier palabra, cualquier decisión del monarca deber ser elogiada con entusiasmo. Los cortesanos han de esmerarse por estar cerca del rey y no perderlo nunca de vista. Han despertar muy temprano para oírlo y deben dedicar todo el día a descifrar sus mensajes y sus señales. Se dicen, convencidos de que nadie como él conoce el sentido de la historia y el sentir del pueblo. Los cortesanos deben estar cerca, pero, desde luego, no demasiado cerca. Fascinados y deslumbrados por el sol que irradia el gran líder; temerosos también por el efecto fulminante de su juicio. Leía hace unos días los apuntes de Elias Canetti en Masa y poder para entender la dinámica del lopezobradorismo. Una observación suya, al final del libro, es esencial: nada de lo que el rey haga es irrelevante para la corte. Todo encierra sentido. Me importa insistir en lo que veía Canetti: para los cortesanos no hay acto del supremo que carezca de un significado profundo. Si anuncia la hora, hay que proceder, de inmediato a ajustar el reloj de la república para que coincida con su orden. Como no hay pasaje irrelevante de la biblia, no hay gesto intrascendente del líder.

En la conferencia del presidente López Obrador del 8 de enero pasado, la reportera Judith Sánchez Reyes, cuestionó la sensatez de postular como candidato a un hombre sobre el que caen varias acusaciones de delitos sexuales. Denuncias formales de acoso, de violencia, de violaciones, incluyendo la violación de una menor de edad. Si el acusado ha escapado de los tribunales ha sido por sus conexiones políticas. Así lo sostiene el exfiscal de Guerrero, quien declaró que el senador por Morena está libre solamente porque el gobernador del estado frenó las investigaciones. La respuesta del presidente fue un espaldarazo al presunto violador.

Salgado Macedonio será violento, pero nadie puede negar que es devoto del hombre del gran poder. El candidato del presidente le compuso hace unos años una cumbia de rimas deslumbrantes:

En la raza oigo que me dicen Obrador
que me quieren estudiantes y del 132,
que me quieren los de Atenco
y para mí es un honor.

El hombre que López Obrador quiere como candidato en Guerrero ha ejercido también como intimidador a su servicio. Desde el Senado amenazó a los gobernadores que han cuestionado la política presidencial con la desaparición de poderes. A los ministros de la Corte les hizo el mismo amago: si se distancian de las instrucciones del legislativo: “estaremos aquí planeando la desaparición de la Corte.” Ese es el hombre que Morena promueve para gobernar Guerrero.

El presidente desprecia a las mujeres que han tenido el valor de denunciar a Salgado Macedonio. Las acusaciones que vienen de tiempo atrás fueron desechadas de inmediato como politiquería de estación: son denuncias interesadas que pretenden descarrilar a un candidato del pueblo. El presidente, por supuesto, sabe que las acusaciones son antiguas. Sabe que no surgieron ayer, pero los hechos incómodos, para él, son inexistentes. El máximo apoyo es la identificación. Ese fue, ni más ni menos, el respaldo que el presidente dio al político atrabiliario. “Yo fui acusado injustamente porque no querían que mi nombre apareciera en la boleta.” La identificación del presidente con el político violento fue explícita: Félix Salgado Macedonio padece hoy lo que yo padecí en 2005. La orden era clara. Hágase candidato a quien padeció mi misma suerte. Olvídese si violó a una niña porque tiene, más que el respaldo de los guerrerenses, mi solidaridad.

Morena hará campaña por Félix Salgado Macedonio escudándose en una novedosa afección por las formalidades legales. El candidato no ha sido condenado, las denunciantes no son militantes del partido y por eso no podemos escucharlas, han dicho los voceros del partido. La rabia de las morenistas indignadas topa con pared. Las protestas de las mujeres son desoídas. Con la candidatura de Félix Salgado Macedonio, Morena es cómplice, encubridor y propagandista de la violencia contra las mujeres. “¿Por qué elegir a un presunto violador como candidato?” han preguntado un grupo de mujeres indignadas por esa postulación, recordando el desgarrador testimonio de las víctimas. La respuesta es sencilla: porque así lo quiere Andrés Manuel López Obrador.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

Deja un comentario