24, Dic 2012

¿Será feliz Dios?

Leszek Kolakowski es quien se planteó la pregunta: ¿podríamos decir que Dios es feliz? El breve ensayo en el que intenta una respuesta acaba de ser publicado póstumamente en inglés y merecería un comentario (o un resumen) en estas fechas, no porque contenga un alegato de fe, sino porque nos permite abordar las desdichas de la vida humana. Kolakowski, el erudito polaco que abordó la sustancia religiosa del marxismo, escribió sobre lo sagrado con un enorme respeto y, al mismo tiempo, con sana distancia intelectual, con gracia literaria, con humor. Habló, por ejemplo, de Jesucristo como un pensador que tiene mucho que decirnos, aunque no creamos en su divinidad. Jesucristo sostuvo que los vínculos humanos han de ser, esencialmente, vínculos de confianza, de afecto, de amor. No habló de una tribu privilegiada sino de la humanidad. La vida humana no puede ser reducida a un mercado donde sólo importan los intereses personales, el agresivo tráfico de los egoísmos. Tampoco podemos renunciar a la esperanza de eliminar la violencia de las relaciones humanas. Jesucristo no fue un ingenuo porque su mensaje entendió la debilidad de la violencia para cultivar comunidad. Para Kolakowski, el ideal de un mundo sin violencia no es utopía; en el fondo, es una apuesta por la valentía verdadera. Quienes creen que la violencia es la única herramienta eficaz actúan solamente cuando están en posición de ventaja frente a los débiles. Y en Cristo está también una advertencia sobre la miseria del mundo: nadie como él, dice el pensador polaco, nos advirtió sobre el absurdo de la perfección. Toda utopía, piensa Kolakowski, conlleva el deseo de abandonar nuestra condición de hombres.

Lo sagrado permite a Kolakowski tocar los límites de la racionalidad y abordar la historia humana con la abierta sabiduría de la parábola. Así se acerca el tema de la felicidad de Dios en este ensayo que servirá de título a una nueva compilación de reflexiones morales. Si pensamos en la imagen del cielo cristiano, ¿retratamos a una comunidad de almas felices? Si los residentes del cielo tienen algún contacto con el mundo, estarán al tanto del mal, del sufrimiento. ¿Cómo podrían ser felices si conocen del dolor que otros sufren, de los tormentos que otros, bajo la Luna, padecen?

Para abordar el problema de felicidad de Dios, habría que resolver si es capaz de sentir emociones. El Dios cristiano siente, sin duda: ama a sus criaturas y el amor es una emoción. Pero el amor es solamente una fuente de felicidad, dice Kolakowski, si es correspondido. Y ese no parece ser el caso del trato que Dios recibe de sus hijos. Algunos lo aman, otros lo idolatran hasta la estupidez, otros lo ignoran, otros lo odian; algunos creen en él, otros dudan de su existencia. Estará consternado, sobre todo, al contemplar el sufrimiento de los hombres. Si no es monstruosamente indiferente, tendría que estar muy afligido con lo que sucede bajo sus pies. Ahora, si, por el contrario, Dios es un ser pétreo, a tal punto impasible, que ningún sufrimiento lo conmueve, será un insensible, un indolente. ¿Podría pensarse que a un padre amoroso le tienen sin cuidado los sufrimientos de sus hijos? Si nos ama, sufre y si sufre no puede ser feliz. El Dios de los cristianos no fue, en modo alguno, un hombre feliz; fue, de hecho, la encarnación del sufrimiento.

En pocas palabras, concluye Kolakowski, “la palabra ‘felicidad’ no parece aplicable a la existencia divina. Pero es igualmente inaplicable a los seres humanos. Esto no es solamente porque conocemos el sufrimiento. Es también porque, aunque no estemos sufriendo en un momento determinado, aún cuando podamos sentir placer físico y espiritual en momentos más allá del tiempo, en el “presente eterno” del amor, nunca podríamos olvidar la existencia del mal y la miseria de la condición humana.”

La felicidad se puede imaginar, no vivir. Podemos imaginar la salvación, la bendición eterna, la plenitud, la satisfacción de todos nuestros deseos. Jamás podríamos vivir en esa condición tan lejana de los hombres—y de los dioses. Ahí parece residir la sabiduría de Kolakowski: la sabiduría de la tristeza.

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10 Comentarios

  1. CABE EL DESLINDE: ¿El dios del amor que imaginaron los judíos helenizados en tiempos de Jesucristo es el mismo dios vengativo del viejo testamento, aquel que ordenó un genocidio tras otro hasta devastar las 31 ciudades de Canaan disponiendo la horca para sus reyes y pasando por la espada a todos sus habitantes, hombres, mujeres y niños, para así entregar a su pueblo la tierra prometida?
    La perspectiva cambia bastante si consideramos a Jesucristo como una deidad diferente y muy mediterranea, divinidad de climas templados que proponía el amor a los enemigos (Mat. 5:44)y la misericordia (Mat. 9:13) en lugar del ritual sanguinario de los holocaustos.
    Diferente, en efecto, a esas deidades del desierto, bárbaras, sanguinarias, que nos legó la ley mosaica, llámense Elohim, Yahvé, Jehová o Alá, todas por igual celosas y excluyentes.
    Es, sin duda, una tragedia el que católicos, protestantes y ortodoxos hayan edificado civilizaciones enteras inspirados en la idea de que ambos testamentos, el viejo y el nuevo, se refieren al mismo dios.
    Tara de origen, esquizoide sin duda, que pudiera explicar los contrastes por momentos monstruosos que arrastra por destino la cultura occidental.

  2. FMGARZAM dice:

    La tristeza no tiene fin (es interminable).
    La felicidad sí.
    Vinicius
    ¡Les deseo muchos de esos fugaces momentos para 2013!

  3. O dice:

    Brutal, la felicidad sí se vive, no la completa… Si estás triste algo sabes que falla

  4. O dice:

    Y por otra parte: ¿qué diantre importa sea feliz Dios? Imagino a Dios pensando qué diablos importa lo sea yo, importa que lo sean las personas, no yo. Ciertamente una preocupación escolástica, baladí, de conservador, bizantina e innecesaria.

  5. Rebeca S. Yelin dice:

    Lo que hace felices a unos, no hace felices a otros. No hay sentimiento más subjetivo y personal que la felicidad. No obstante, eso perseguían los revolucionarios franceses, la felicidad de los ciudadanos. Es un afán en la historia contemporánea. Entre los derechos humanos se desataca el derecho a ser feliz. Pero basta un golpe físico y/o emocional para sentir infelicidad. Sin embargo, se puede procurar estar alegre en el aquí y ahora.
    Por cierto, anónimo «Brutal» parece triste consetudinario, tal vez deprimido y anónimo «Por otra parte», amargado irremediable, que además cae en el absurdo de hacer hablar a Dios de diablos y renegar de sí mismo. Ese no sería Dios hablando, bajo ningún concepto lógico y coherente, menos creencia religiosa, jajaja…
    Si ambos anónimos son el mismo, le recomiendo ayuda psiquiátrica, un tafilín o un prozac le vendrían bien, jajaja, o al menos un psicoanalisis, a ver si comienza a estar contento y a pensar coherente, si ello es posible (tal vez le vendría bien un milagro) jaja…
    Ven cómo la pena de uno, el anónimo o los anónimos, le pueden alegrar el momento a otro (a mí).
    La felicidad es tan relativa…
    Don’t worry, be happy!!!…

  6. FMGARZAM dice:

    ¿ADIÓ?
    (Favor de imaginar mi cara de incredulidad, al certeramente aplicar el antiquísimo regionalismo regiomontano, algo Hebraico quizá, ante las precisas aseveraciones sobre algo sobre lo que nadie sabe nada con certeza; nadie, nada, ni siquiera el sabio Kolakowski, el amigo de Woytiva.)

  7. FMGARZAM dice:

    Que seas feliz, feliz, feliz
    es todo lo que pido.
    Consuelito
    p.s. para los de lo imposible y la soberbia:
    Y tú castigo, se lo dejo a Dios.
    El Flaco Agustín
    (p.s. bis para O y J: de día de Reyes, que acá no se celebra, pagaré mi deuda y les obsequiaré mi opinión sobre LA LUCHA POR LO MODERNO– EN LA ARQUITECTURA TROPICAL.)

  8. O dice:

    Rebeca, ¿te das cuenta de tu absurdo? Me mandas empastillar y ver un psiquiatra por ‘deducir’ una contradicción..¿captas que incluso puede escribirse contemporizando con la humanidad con arranques anémicos y aún así por sentido común unos no necesita, no, de todo eso que prescribes?? ¿Quién necesita tus espejos Rebeca?

  9. O dice:

    No necesitan.
    Y otra: Ya chole con ver al contraste enfermo, puse diablos a drede, como provocación quizá, ¡escritural! ¿Necesaria?

  10. O dice:

    Caray, anímicos, estadio anímico.

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