20, dic 2010

Un éxito de la diplomacia mexicana

Cop16La conferencia de Cancún sobre el cambio climático se inauguró con expectativas diminutas. Diarios en todo el mundo enviaban reporteros a la isla anticipando que relatarían, una vez más, la incapacidad de la comunidad internacional para llegar a acuerdos en esta materia. Sus precedentes habían sido frustrantes. Casi todos esperaban que esta conferencia fuera, nuevamente, un paseo inservible de diplomáticos, una ceremonia para los fotógrafos. Retórica que no aterriza en compromiso. De ahí que imperara por todos lados la advertencia de no esperar mucho del evento. Se entiende la dificultad de llegar a un acuerdo sobre este tema. Solo unos cuantos dudan que el cambio del clima en el planeta es un problema gravísimo y que podría tener consecuencias devastadoras para la humanidad. Pero ese consenso desaparece cuando hay que tomar medidas concretas, cuando hay que pagar por la reconversión económica. Seguramente no hay reto más complejo para la comunidad internacional que éste. La colaboración de todos es indispensable: si alguien se mantiene al margen el resto no tiene alicientes para colaborar. Los estímulos están puestos, pues, para hablar mucho y comprometerse a poco.

La reunión previa en Copenhagen había terminado en un desacuerdo público y ruidoso. Un sonado fracaso del multilateralismo. El documento que habían preparado los organizadores fue rechazado por un número importante de delegaciones que expresaron su desacuerdo con el lenguaje de la propuesta saliéndose de la plenaria. La reunión de Cancún fue distinta. La clausura estuvo envuelta en una sensación de júbilo por lo logrado y por la hazaña de superar el veto de un país cuando se exigía consenso. Los acuerdos de la COP 16 son sustanciales. La limitación de emisiones de gases de efecto invernadero es ya un compromiso de Naciones Unidas que enlaza a Estados Unidos y a China. Se crea también un fondo verde que llegará a 100,000 millones de dólares al año en el 2020. Por supuesto, el acuerdo no es revolucionario pero recupera para todos un sentido de colaboración internacional; funda un compromiso global que puede ser modesto, pero no es insignificante. Lo más importante es que Cancún revierte una tendencia que parecía irremontable. Una ovación mereció la conductora de esas reuniones complejas y maratónicas, la canciller mexicana, Patricia Espinosa. No fue un aplauso protocolario, sino el reconocimiento entusiasta a sus gestiones para lograr el improbable acuerdo. Las delegaciones insistieron en comparar la destreza mexicana con la torpeza danesa de hace un año. El ministro de ecología de la India llegó a ver en ella capacidades divinas: una diosa, la llamó en un arrebato revelador.

El aplauso no debe pasar desapercibido inadvertido en México. 


Si debemos registrar los tropiezos, debemos también tomar nota de los éxitos. No cabe duda que la conferencia de Cancún fue un extraordinario éxito de la diplomacia mexicana. Michael Levi, director del programa de cambio climático del Council of Foreign Relations lo puso en estos términos: “Bajo todas las perspectivas, el equipo diplomático mexicano mostró una enorme habilidad, dándole a todos los participantes voz, al tiempo que tomaba en serio la realidad del poder internacional. Como resultado de eso, eliminaron las absurdas excusas procedimentales empleadas para boicotear el resultado de las negociaciones. Establecieron con eso una base mucho más sólida que la que Copenhagen no estuvo siquiera cerca de lograr.” El diplomático australiano Dean Bialek, en el Guardian de Londres, siguió con el elogio: “Las razones del éxito comparativo (de Cancún) son muy claras: México, el anfitrión de la conferencia, se desempeñó admirablemente. La secretaria de relaciones exteriores, Patricia Espinosa y su impresionante equipo de diplomáticos escuchó, escuchó y escuchó. Durante todo un año se dedicaron a escuchar. Y por ese simple acto, contribuyeron a reconstruir la confianza y el espíritu de acuerdo que había sido destruido en Copenhagen. En las últimas semanas he llegado varias veces a la conclusión de que México era posiblemente el único país en el mundo que pudo haber concretado un acuerdo internacional sobre el clima en 2010.”Quien explore la prensa internacional de las últimas semanas constatará el reconocimiento mundial a la diplomacia mexicana. Más nos vale a nosotros mismos, registrarlo.

El elogio subraya la destreza mexicana para conducirse en las arenas de la diplomacia multilateral. Una preparación cuidadosa, atención a los detalles procedimentales, paciencia, seriedad para reconocer la distribución del poder real en el mundo y sensibilidad para escuchar y atender las objeciones, sin dejarse apabullar por ellas. El presidente Calderón dijo, al finalizar la conferencia, que Cancún demostraba que podía romperse el sentimiento de incapacidad colectiva que paralizaba al mundo. Se ha recuperado, dijo, la esperanza en el multilateralismo. Tiene razón para sentirse orgulloso de la contribución de su gobierno.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

4 Comentarios

  1. Maria Dominguez dice:

    excelente y muy interesante, tambien como mexicanos hay muy buenas oportunidades de echarle porras a lo que en el gobierno están haciendo por nosotros.

  2. Bernardo Fernández Rivera Río dice:

    Un éxito diplomático, tal vez. Pero una tragedia que se invierta una fortuna en combatir los gases de efecto invernadero sin haber siquiera confirmado científicamente si son estos los causantes del calentamiento global.
    Les recomiendo este video:
    http://video.google.com/videoplay?docid=-5576670191369613647#
    Habla del mayor fraude científico de la historia.

  3. David Torres dice:

    Tiene razón Jesús Silva-Herzog Márquez en la habilidad de la diplomacia mexicana. Fue como preparar la casa para una reunión habiendo preguntado a los invitados sobre sus preferencias y tratando de atenderlas. Como había convocados con puntos de vista opuestos pues se hizo un esfuerzo adicional para encontrar puntos de acuerdo y ¡lo lograron!
    Ahora sólo falta que como país nos pongamos las pilas y que logremos éxitos en política ambiental interna similares a los de la SRE. A juzgar por la posición de la Iglesia católica mexicana sobre el tema de la política ambiental, el gobierno mexicano sería “candil de la calle y oscuridad de su casa”.
    Por otra parte, ya contamos con los dos informes que ordenó la Universidad de East Anglia sobre las acusaciones a su Unidad de Investigación del clima (UIC). Tanto el informe oficial como el independiente se pueden consultar en internet y son un ejemplo de cómo procede la ciencia y una universidad que se respeta. Los investigadores han sido exonerados de cualquier sospecha de alteración de los datos relacionados con la hipótesis del “cambio climático – calentamiento global” y las pruebas son contundentes. Estos informes están detrás del avance en Cancún.
    Ahora queda la duda de quién financió a quién hizo el hackeo de las computadoras de la UEC y también lo bien lograda que fue la campaña contra el UIC de la Universidad de East Anglia, justo antes de la Cumbre de Copenhague. ¿Un complot? ¿Cuántos billones de dólares se siguen ganando al posponer la decisión de dejar de emitir gases de efecto de invernadero a la atmósfera? Saludos.

  4. Ana dice:

    “Diarios en todo el mundo enviaban reporteros a la ISLA anticipando que relatarían, una vez más.”
    ¡Cancún no es una isla!

Deja un comentario


9 + = 11