07, feb 2008

Tríptico

El tríptico de Francis Bacon "1974-77" se vendió en 46 millones de dólares. Aquí es gratis:

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07, feb 2008

Lo racional y lo razonable

Savater aborda la moda intelectual de pensarlo todo desde la biología evolutiva. De acuerdo a esta perspectiva, sólo tiene sentido el abordar asuntos éticos desde sus fundamentos biológicos o sus principios neurológicos. Responde Savater:

Aquí como en otras ocasiones, vuelve a comprobarse que el mayor peligro de las vanguardias es adelantarse tanto a su propio bando que acaban pasándose al enemigo. Porque nada contribuye tanto a reforzar la creciente marea oscurantista de quienes sostienen que sin religión no puede haber moral como descalificar cualquier reflexión ética por suponerla un subproducto inconfeso de la mentalidad religiosa. (…)

Los descubrimientos científicos de la psicología evolutiva, la neurología o la antropología nos ayudan sin lugar a dudas a mejorar nuestra comprensión de la conducta humana y su motivación, pero no pueden monopolizar ni mucho menos sustituir la reflexión propiamente ética sobre valores e ideales. Lo que cuenta hoy para nosotros al intentar responder a la pregunta “¿cómo vivir?” no es rememorar con fatalismo las estrategias evolutivas que nos ayudaron a sobrevivir en la Edad de Piedra sino precisar y potenciar aquellas otras que nos permitieron salir de ella. En dos palabras: es preciso no confundir lo racional con lo razonable. Lo racional busca conocer las cosas para saber como podemos arreglárnoslas mejor con ellas, mientras que lo razonable intenta comunicarse con los sujetos para arbitrar junto con ellos el mejor modo de convivir humanamente. Todo lo racional es científico, pero la mayor parte de lo razonable ni es ni puede serlo: no es lo mismo tratar con aquello que sólo tiene propiedades que con quienes tienen proyectos e intenciones. El discurso reflexivo de lo razonable se basa en lo estricta y científicamente racional, pero también en lo que aportan de razonable las tradiciones religiosas, poéticas, filosóficas, jurídicas, políticas, estéticas, etcétera. Sólo los bárbaros, es decir los profetas integristas, pretenden darlas por nulas y no avenidas en nombre de alguna verdad incontrovertible y aplastante, revelada por Dios o por la ciencia. Y ese discurso razonable, por el que abogaron John Rawls y el mejor Habermas entre tantos otros, sigue siendo hoy en la era posmoderna más imprescindible que nunca para valorar las nuevas realidades de la genética, de la tecnología, de la sociedad de la hiperinformación, así como las más recientes demandas sociales y los derechos individuales hasta ahora inéditos.

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05, feb 2008

La imposibilidad de la crítica en México

El fin de semana Confabulario publicó un estupendo ensayo de Armando González Torres, autor de una amable invitación al exterminio de los intelectuales, sobre la imposible crítica en México. De ahí:

La politización de la literatura generó durante buena parte del siglo XX, una frecuente propensión a fragmentar el universo literario mexicano en estancos rivales; a convertir los debates literarios en controversias políticas y a construir un canon dual, en constante pugna. En efecto, durante buena parte del siglo, la crítica y el ensayo fueron identificados como géneros edificantes, que debían aportar a la patria no sólo un canon, sino un instrumento de ingeniería de las conciencias. Así, en el plano literario las discusiones entre nacionalismo y cosmopolitismo, entre arte comprometido y arte puro ocuparon muchas décadas de saliva y tinta. Quizás pueda hablarse, hacia los años 50, de un breve interregno, para que después del 68 la escena literaria y cultural se polarizara de nuevo y la pugna ideológica volviera a trasladarse de modo evidente al campo de la cultura. En estos años de enfrentamientos (el primer Plural vs. La cultura en México, Vuelta vs. Nexos), la élite literaria se dividió en bandos y en gustos casi corporativos (literatura fácil vs. literatura difícil, crónica vs. ensayo) que representaban una escisión estética y política más amplia. Por supuesto, pueden recogerse algunas obras y momentos críticos excepcionales, pero el medio ambiente en general desfavorecía la pluralidad y dificultaba el diálogo literario. Si bien, merced al desgaste de algunos debates y a la consolidación de cuadros especializados, en los últimos años la vida cultural se ha despolitizado, la crítica se ha visto sometida a nuevas presiones, ahora provenientes de los intereses comerciales.

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02, feb 2008

Tres libros sobre Fox

Foxcar En semanas y meses recientes se han publicado tres contribuciones importantes para examinar lo que pasó entre el año 2000 y el 2006. Tres testimonios, tres alegatos, tres crónicas que tratan de desentrañar lo sucedido: un relato firmado por el propio presidente Fox; el recuento de sus principales batallas, según el registro de dos colaboradores cercanos, y la crónica de esos años a partir de una revisión meticulosa de información periodística. La triple reseña está en hojaporhoja. De ahí tijereteo mi comentario sobre el libro "de" Fox:

Nadie que haya vivido en México puede sentirse decepcionado de La revolución de la esperanza, pero resulta difícil no sentirse ofendido. En el recuento de sus años como presidente de México, Vicente Fox no tuvo el cuidado de dirigirse al país que gobernó para reflexionar sobre su gestión, sobre aquellos que considera sus éxitos y los desafíos que ve hacia adelante. Fox firma un libro perceptiblemente tecleado por otro sin buscar siquiera la adaptación a México. Como ha recordado Fernando Escalante en su estupendo libro sobre los libros, en la nueva industria editorial se puede ser autor sin saber escribir. Es el caso de Fox. Su ghostwriter ha maquilado un texto con todas las fórmulas de los libros de famosos, sean políticos cantantes, o adolescentes con problemas de adicción: enternecedores recuerdos de infancia; anécdotas de sus encuentros con otros famosos; confesiones sentimentales y un aderezo de frases citables. El libro es insultante. Fox tuvo una voz en el discurso público mexicano. Hoy está de moda menospreciarlo hasta la burla. Pero era su voz, su tono, su estilo. Era desparpajado y ocurrente, muchas veces pendenciero. Pero también era auténtico, sencillo y, sobre todo, antisolemne. Esa voz no se escucha en este libro dizque escrito por Fox.

De ahí que nos enteremos, gracias a una atenta aclaración, que Los Pinos es “La Casa Blanca de México” y que pretenda vincular en cada párrafo lo que sucede en México con alguna película de Hollywood, con algún político de Washington o algún fragmento de la historia estadounidense. La mala traducción del libro original tiene resultados desastrosos: las muletillas y frases hechas que son comunes en Estados Unidos viajan muy mal al español. Repleto de anglicismos y referido abiertamente al público estadounidense, el libro muestra a un Fox que pretende retratarse como un revolucionario en la liga de Havel, Mandela o Martin Luther King. Describe al México previo a su esperanzada revolución como un típico país latinoamericano, gobernado por el típico dictador latinoamericano y saqueado por los típicos ladrones latinoamericanos. Fox se hace describir como un americano que ha querido vivir el sueño de América. .

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01, feb 2008

La contienda de los espectros

(Según Steve Brodner)

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01, feb 2008

Tàpies

Tapies
"Para mí todo es lo mismo en el universo, por eso no te puedes poner demasiado firme y pretender que una parte es el todo o que una idea es la verdadera y la única razón porque, inmediatamente, puedes provocar todo lo contrario"

Una nota y una pequeña galería por aquí.

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31, ene 2008

Comillas

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“Se es mexicano o se es traidor.”
Andrés Manuel López Obrador, 30 de enero de 2007

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31, ene 2008

Más del diccionario

La controversia sobre el diccionario de Christopher Domínguez engorda. La estupenda página de prensa del Fondo sirve bien para rastrear ataques y réplicas. Se sugiere, por ejemplo, convocar de inmediato a la redacción de un diccionario antichristopher en el que aparezcan todos los enemigos del crítico en perfecto orden alfabético. Eve Gil rompe su norma de no reseñar libros que no le gustan para hablar del diccionario. El antologador se defiende: al crítico lo persiguen sus remordimientos; no es un árbitro de futbol; su libro no quiere ser el vademécuum de la literatura: nomás fragmentos de la autobiografía de un lector.

Sigo sin entender la indignación. Que los perfiles de este libro estén ordenados alfabéticamente no supone la mirada de un supremo que todo lo ve y todo lo aquilata con perfecta ecuanimidad. El diccionario filosófico de Voltaire no tiene

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31, ene 2008

Defender el secreto

CamarasTimothy Garton Ash, quien padeció el espionaje de la Stasi, ve con horror el almacenaje de cada detalle de nuestra vida en archivos estatales o privados. La tecnología ofrece instrumentos jamás soñados por los aparatos soviéticos. Las posibilidades para el abuso son inmensas; sería ingenuo confiar en la buena voluntad de los fisgones. Inglaterra, la cuna del liberalismo se ha convertido según Garton Ash en el domicilio de un Estado archivista.

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30, ene 2008

Entendiendo la ‘democracia’ cubana

Rafael Rojas explica el funcionamiento de la "democracia" cubana: "elecciones de Estado, por el Estado y para el Estado." Y sin embargo,

A pesar de haber sido elegida de acuerdo con un sistema antidemocrático, la nueva Asamblea Nacional del Poder Popular, si se lo propone, podría funcionar como un agente de cambio en Cuba. En manos de esa institución legislativa está la potestad de impulsar una ley de asociaciones que conceda libertades públicas a la ciudadanía de la isla: una ley de asociaciones que facilite la expresión de la diversidad social, reconocida por el propio gobierno cubano, en términos del pluralismo político existente. De paso, esa misma Asamblea, si quiere contribuir a la democratización de Cuba, podría proponer una reforma electoral que suprima las comisiones de candidaturas y que facilite el acceso de opositores al poder legislativo de la nación.

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30, ene 2008

La plaga de la equidad

DiccionarioAhora resulta que el crítico debe ser un IFE de la literatura. Reclaman a Christopher Domínguez el tratar a los escritores según el capricho de su gusto, de esconder la galería de sus afectos en la pompa de un diccionario crítico, de olvidos y maltratos imperdonables. Víctor Manuel Mendiola puede tener razón en cuestionar el título de la antología de Domínguez pero no alcanzo a entender los motivos para exigirle al ejercicio crítico la exactitud del censo. Guillermo Samperio ha pedido a la directora del Fondo de Cultura que retire de circulación esta obra nociva. Yo sólo creo que hay que leerla sabiendo que no es un canon imperativo, sino lo que el propio autor anuncia: una antología personal. Entiendo que, al compilarla, el crítico es tan libre de escoger y ponderar a sus autores, como el novelista a sus personajes.

El ¿diccionario? se presenta mañana jueves en la librería Rosario Castellanos.

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29, ene 2008

Preguntas

KolakowskiHa dicho Lezsek Kolakowski que un filósofo que no se ha sentido, por lo menos alguna vez en su vida, un charlatán, no merece ser leído. Una mente tan estrecha, incapaz de tomar distancia de sí misma, no puede ser tomada en serio. Para pensar hondo hay que reírse a boca abierta—y empezzar en la cita con el espejo. Sólo el humor nos salva del malhumorado y sentencioso dogmatismo.

El filósofo polaco ha publicado recientemente una amorosa introducción a la filosofía, en donde se percibe esta inteligencia alerta e irónica. Más que recuento o celebración de teorías, se trata de una gozosa apreciación del ánimo que la alienta. No es, por ello, una cronología de descubrimientos, sino un collar de interrogantes. El libro, que aún no aparece en español, lleva título leibnitziano: ¿Por qué existe algo, en lugar de nada? 23 preguntas de grandes filósofos (Basic Books, 2007). Como sugiere el nombre, este librito de 223 páginas no quiere ser un manual condensado de la disciplina, sino un acercamiento a sus preguntas esenciales y al esfuerzo por responderlas. Los 23 ensayos breves son 23 anillos: preguntas que desembocan en preguntas. Enigmas del mundo, del conocimiento, del bien, de la fe, del poder o del deseo que sugieren más misterios.

Si bien puede advertirse en el sabio polaco una dulce sensibilidad religiosa, ésta no lo conduce a la ruta devocional. No cree, como Leo Strauss por ejemplo, que cualquier expositor de los clásicos es un torpe aprendiz que apenas roza la infinita sabiduría que se oculta entre los jeroglíficos de su escritura. Para el devoto, exponer las ideas de un genio es practicar una ceremonia de revelación. En Kolakowski, por el contrario, la admiración no está peleada con el tuteo y la consecuente réplica. El gran estudioso de Marx y Pascal no se queda con la palabra en la boca. En este recorrido invita a sus clásicos a conversar con él, alrededor de un vaso de vodka. Lejos de ser un simple expositor de ideas ajenas, es un conversador que descifra e inquiere. En este libro recupera así las preguntas centrales de Platón y Descartes; de Kant y Schopenhauer con extraordinaria gracia y delicadeza. La sencillez del recuento preserva la fineza de la percepción y el juicio, sin dejar de anotar las insuficiencias o los agujeros de su visión. Cada concepto es pulido para mostrarlo como joya de la inteligencia. Pero Kolakowski mantiene en todo momento distancia de aquella tentación reverencial. No pinta logros sino retos. Será que las cúspides del pensamiento filosófico no son de mármol, sino arenosas.

Una pregunta crucial no se responde nunca. Vive porque fecunda otras preguntas. La vitalidad de la filosofía radica entonces en su carácter irremediablemente inconcluso. Si tiene sentido leer y releer a San Agustín no es por el hecho de que resuelva nuestros problemas sino porque los nombra. Por el territorio de la filosofía no desfilan autoridades, esas fuentes de convicción que se colocan por encima del examen, sino curiosos. El polaco sabe bien que la reverencia de los académicos no está desligada del dogmatismo. Ese es quizá, el gran mensaje de Kolakowski en éste y otros libros. El amor a la verdad es incompatible con cualquier cartucho de certezas. Si la filosofía ambiciona autoridad, se derrota. Tiene razón: ¿sólo a preguntar nos enseña la filosofía?

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28, ene 2008

Cruise y Clinton

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28, ene 2008

El baile del sentido común

La subversión más profunda del discurso público mexicano sería una inyección del sentido común. Nos hemos encargado de cerrarle el paso a ese sentido para llenarnos la boca y los oídos de evasivas y fingimientos, para volver normal y tolerable la palabra hueca y el lenguaje muerto. El cuadro que nos ofrecen los ojos es maquillado de inmediato, para ajustarse a la marea de las modas. Los lugares comunes de lo políticamente correcto, las palabras desgastadas de la grandilocuencia y la perorata pontificante nos inundan. La atmósfera que respiramos se vuelve francamente asfixiante: imposible encontrar aire fresco entre las solemnidades de los que gobiernan y la prosopopeya de quienes se oponen. Si las ideas circundantes contrastan, entonan casi todas en la misma clave. Húmedos homenajes a la patria diamantina, gritos de alarma por la inminente catástrofe, afectadas ofrendas a los tópicos de moda.

La recuperación del sentido común tiene un ángulo necesaria, tal vez involuntariamente, humorístico. Constatar la ridiculez del entorno, exhibir el contraste entre la expectativa y la experiencia, retratar nuestra fisonomía caricaturesca arranca risas. Pero en ese ánimo de desnudar nuestra contradicción hay una vocación crítica que bien podría llamarse filosófica: ver el mundo sin las escamas de lo ya dicho, acercarse a la realidad con el auxilio solitario de la inteligencia, en combate abierto con las verdades recibidas. Dicen que William James no encontraba diferencia entre el sentido común y el sentido del humor: son lo mismo, con la única diferencia de que el sentido común camina y el sentido del humor baila. El sentido del humor es una sensatez danzante.

No baila mucho el sentido común en México. Aterrados por la posibilidad de llevar mal el ritmo o dar un mal paso, estamos repletos de rodeos y ambigüedades, de engaños y adornos. Los empalagos de nuestra cultura patriotera convierten ese flechazo crítico que hay en el humor en un ímpetu extranjero, es decir, sospechoso. Su disposición burlona parece infamante; su ironía ofende. Los circunspectos dirán que el humor no es más que un entretenimiento; un desahogo divertido y trivial. Bromas que se agotan en la carcajada, pero que en nada ayudan a comprendernos. Se olvida que en todo pellizco humorístico se esconde un retrato y una denuncia.

La ausencia de Jorge Ibargüengoitia—que en estos días habría cumplido 80 años—subraya la ausencia o, por lo menos la escasez de un impulso danzarín en nuestra crítica. Cuánto nos falta ese ánimo de ver las contrahechuras de México sin el afán de construir un alegato científico, sin la avidez de servir a un partido o la pretensión de inventarse una Misión Histórica.
Para leer el artículo completo…

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12, dic 2007

Venezuela

Teodoro Petkoff escribe en su editorial de hoy en Tal cual:Petkoff_2

¿Por qué fue derrotada la reforma? Porque una parte de los electores de Chávez votaron contra ella. Sin ese aporte, más la parte de ese mismo electorado que se abstuvo, la victoria no habría sido posible. Esto significa que un sector del electorado chavista, que no necesariamente ha roto políticamente, todavía, con su líder, va desarrollando, sin embargo, una visión más crítica, más lúcida y menos ingenua acerca de su liderazgo y su comportamiento. La ruptura de Podemos y el rol fundamental jugado por su líder, Ismael García, en la batalla contra la reforma, y la postura seria y corajuda asumida por el general Raúl Baduel, al mismo tiempo que constituyen expresión de la creciente lucidez crítica frente a Chávez, por sus partidarios, potenciaron la actitud de los chavistas “de a pie”, llevándolos a votar No. Este es el camino de la creación de una nueva mayoría en el país. Una nueva mayoría que se irá conformando al calor del deshielo que se produce en el chavismo, lenta pero sostenidamente.

¿Qué otro factor influyó en la derrota de la reforma? La aparición, como actor político, del movimiento estudiantil. Inexistente desde hace más de una década, debido, entre otras cosas, a la crisis de los partidos, que fueron siempre sus principales animadores, reaparece ahora como movimiento específicamente estudiantil, sin inducción partidista (independientemente de que algunos de sus líderes tengan militancia), y con creatividad y perspicacia política fue capaz de ganarle la calle al gobierno y moralizar y estimular a las filas opositoras. Los partidos seguramente aprendieron la lección y ya está superada la época “leninista”, cuando aquellos confiscaban los movimientos sociales, para hacerlos correas de transmisión de sus intereses y políticas. Preservar la especificidad del movimiento estudiantil y respetarla es fundamental para enfrentar los nuevos desafíos. Los estudiantes son los estudiantes y los partidos son los partidos. Cada cual debe tener su ámbito.

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