10, Mar 2008

Meter el pie, meter la pata

No asusta la agitación perpetua de México, sino la esterilidad de sus trastornos. En México hasta el conflicto es infructuoso. La incompetencia y la mezquindad marcan nuestra vida pública. Por ello la rutina de la política mexicana es una secuencia tenaz de dos talentos notables: meterle el pie a los otros y meter la pata. Equilibrio perfecto de torpeza y ruindad: hacer tropezar a los otros para que no lleguen a ningún lado; caer en agujeros que uno mismo cava. Esas son las razones del estancamiento: ser incapaz de unir el paso del pie derecho con el tranco del pie izquierdo y avanzar. Empeñarse en impedir que el otro camine. Atorados, pues, entre las zancadillas y los resbalones.
Para leer el artículo completo…

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06, Mar 2008

De mercenarios

Maquiavelo veía un enorme peligro en los mercenarios : el Estado a expensas de quien ofreciera más a un ejército privado. Michael Walzer, el gran teórico contemporáneo de la guerra justa, ha publicado recientemente una colección de sus ensayos políticos. En The New Republic regresa al tema maquiavélico de los ejércitos mercenarios. Comenta el caso de Blackwater, empresa que ofrece sus servicios de protección por internet y que actúa en Irak con permiso para matar.

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06, Mar 2008

Hasselblad 2008 a Graciela Iturbide

Iturbide
Autorretrato, 1974

El anuncio del premio y una pequeña galería, aquí.

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05, Mar 2008

Fotografía en espera de pie

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04, Mar 2008

Orwell

Arcadi Espada cuelga en su blog el prólogo que preparó para Matar a un elefante y otros escritos, publicado recientemente por Turner y el Fondo. Me parece convincente su idea de la política y el periodismo como dispositivos eufemísticos.

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04, Mar 2008

El arte de la migraña

MigraaHace un par de semanas, Oliver Sacks publicó un artículo en el New York Times sobre las imágenes que observaba cuando lo invadía la migraña. Alucinaciones geométricas que capturan secuencias intrincadas. El neurólogo que ha dedicado un libro al tema se pregunta si los mosaicos de la Alhambra, las grecas de Mitla o los tapetes persas expresan esa necesidad de comunicar una vivencia primigenia. ¿Serán esas secuencias una ciencia innata, la elemental pista de belleza?

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04, Mar 2008

La burla de Sokal

Invito a la conversación que ha suscitado la entrada sobre Sokal y el deber de tomar las pruebas en serio. El intercambio entre Adrían Romero y Aurelio Asiain revive el debate sobre la legitimidad de la burla como instrumento crítico. Recupero un apunte de hace unos años:

Sokal_hoax Tengo frente a mi un ejemplar de la revista que inició la burla legendaria. La revista Social Text con una  portada negra que anuncia una edición consagrada a las “guerras de la ciencia.” Esla edición de primavera – verano de 1996, una edición doble. El último artículo es firmado por un profesor de física de la Universidad de Nueva York y lleva por título “Transgrediento las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica.” El artículo de Sokal era una bomba envuelta como  argumento. Más que una explosión, una trompetilla. Camuflado en un caballo académico, el científico se colaba al territorio de los estudios culturales para exhibir su charlatanería. Sokal arremedaba la palabrería, la jerga, el sonsonete de un discurso académico que no pasaba la más elemental prueba de la lógica. El procedimiento era un sencillo método de cuatro pasos: amontonar citas de personajes venerados, hilvanar frases largas, enredadas y confusas para, finalmente, adoptar conclusiones agradables. “En la gravedad cuántica, como veremos, la diversidad del tiempo y del espacio cesa de existir como una realidad física objetiva; la geometría se vuelve relacional y contextual; y las categorías conceptuales fundacionales de la ciencia tradicional—entre ellas, la existencia misma—devienen problemáticas y relativas. Esta revolución conceptual, como argumentaré, tiene implicaciones profundas para el contenido de una futura ciencia posmoderna y liberadora.” ¡Salud!

Unas semanas después que el caballo de troya había entrado a la ciudadela de la academia posmoderna, Sokal salió al aire. En un artículo publicado en otra revista gritó a los cuatro vientos: los he exhibido, son ustedes unos farsantes. Están dispuestos a dignificar como seria cualquier frase que rinda homenaje a sus cantaletas y respalde sus prejuicios. La broma, por supuesto, indignó a quienes recibieron el pastelazo y fue celebrada a carcajada abierta por muchos otros.

Para seguir la discusión, valdría leer el ensayo de Steven Weinberg que publicó Vuelta unos meses después.

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03, Mar 2008

Alan Sokal regresa

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Alan Sokal, el genial provocador que exhibió la charlatanería académica en aquel famoso experimento publicado en la revista Social Text, vuelve a la carga para denunciar el cobijo político de los absurdos científicos. Comenta Sokal que un asesor de Bush le dijo en algún momento: somos imperio y, cuando actuamos, producimos nuestra propia realidad. Bush se convenció de que las evidencias eran irrelevantes para la suprema potencia–y así le ha ido. Concluye Sokal: "Todos–conservadores y liberales, creyentes y ateos–vivimos en el mismo mundo, querámoslo o no. La política pública tiene que fundarse en la evidencia prueba más sólida disponible sobre ese mundo. En una sociedad libre, cada persona tendrá derecho de creer cualquier tontería que le parezca, pero el resto de nostros, debe prestar atención solamente a las opiniones fundadas en evidencias pruebas." (Gracias a AA)

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03, Mar 2008

Museo del ataque

HortonLas campañas negativas serán desagradables pero son indispensables en una contienda libre. Nuestros profesores de civismo siguen escandalizándose con una práctica que han proscrito. El politólogo John G. Geer ha escrito un buen libro en su defensa. La editora del libro ahora pone en red un pequeño salón de la fama del ataque político en Estados Unidos. El museo incluye el ataque más efectivo, el menos influyente, el contraproducente, el más antiguo y el más famoso.

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03, Mar 2008

Envenenadores

Luis González de Alba hoy:

Todos en el PRD, no sólo el ex candidato, han envilecido el ambiente nacional a base de las mentiras más canallescas escuchadas en un siglo: alimentaron el gusano de la duda en un país abonado por los fraudes del PRI; de poco sirvió mostrar que el fraude en las elecciones habría sido imposible, no por falta de ganas en los contendientes, sino por imposibilidad técnica de cometerlo. Callaron cuando el ex candidato cometió la vileza de acusar a sus propios representantes de casilla de haberse vendido, sin avalar su injuria con un solo nombre, ni uno solo. Aquella supuesta ventaja de 10 por ciento fue desmentida por la propia encuestadora del PRD, los tres millones de votos “perdidos” estaban en el apartado acordado por todos.

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03, Mar 2008

Sobre el sectarismo

El número más reciente de la revista Dissent, incluye una reflexión muy pertinente sobre la tentación sectaria (No hay versión en internet en el sitio de la revista). Avishai Margalit, autor de una sugerente apuesta por la decencia–no como cuidado de las buenas maneras, sino como el deber de tratar a todo hombre como ser humano y no como una cosa o un animal—recuerda que Irving Howe le advirtió alguna vez que nunca cayera en el sectarismo. Formar una secta era abandonar la política y entregarse a una visión religiosa de la causa; era preparar la guerra y perder sentido de realidad. Margalit piensa que nuestra imagen de la política está marcada por dos dibujos contrastantes. El primero retrata a la política como un mercado: el sitio donde se compran y venden servicios. Ahí todo es sustituible, nada es valioso en sí mismo. Todo puede ser negociado y puesto a subasta. El segundo trazo pinta la política como territorio sagrado. En la política se trata con lo divino y, en consecuencia, con aquello que no puede ser negociado. Lo sagrado no puede dividirse y, por lo tanto, no puede ser objeto de transacción. La imagen de la política como ámbito religioso enciende el dramatismo de la acción: para defender a los santos habrá que estar preparados para el sacrificio y el combate.

El sectarismo implica un rechazo a lo negociable: la política es religión y sólo religión. Por ello el sectario está convencido de que cualquier acuerdo está podrido. No hay pacto que valga porque cualquier negociación supone un desgaste de lo divino. Quienes sugieren negociar recomiendan la traición: son vendidos que han dejado de pertenecer a los nuestros. Margalit encuentra varias notas distintivas del temperamento sectario. Una de ellas es su desprecio por el número y el dato. La secta no busca ensancharse, lo que anhela es conservar la pureza absoluta de todos sus miembros. Que no quepa duda de que cada uno de los miembros de la secta es un puro, un sectario auténtico y orgulloso en quien no aparece ni el más leve soplido de duda.

La secta lanza a sus miembros constantes pruebas de lealtad. Todos los días hay que demostrar fidelidad a la causa. Cualquier diferencia, por mínima y absurda que parezca al extraño, se convierte en diploma de pertenencia o en razón de excomunión. Siempre en guardia, la secta tiende a escindirse, a separar lo distinto y a expulsar aquello que pudiera parecer peligroso. De ahí que su metabolismo reclame purgas y divisiones. De ahí que, para el sectario, el debate sea un terreno minado. El ámbito de lo indiscutible es inmenso. Todos los miembros del grupo saben bien que hay una larga lista de temas que no pueden ser abordados, que hay otra lista de personas con quienes jamás se puede entrar en contacto y que, en consecuencia, la tarea consiste en repetir las confiables cantaletas de la identidad. En ese mundo clausurado a la discusión, el examen de la realidad ha sido definitivamente proscrito.

La izquierda sectaria quiere declararle guerra al país. México está partido en dos: uno es el México de los patriotas; el otro es el antiméxico de los traidores. Quienes duden de esta división son ya parte de la conjura contra la patria. No es necesario hacer sumas, ni disponerse al estudio de los problemas por muy técnicos que puedan parecer. Es pecado la simple sugerencia de una posible negociación para una mínima reforma. Dicen que quien negocia se prostituye. Se encargan de fomentar odios y purgas adentro de sus filas, enfatizando que la verdadera política no admite más que a los puros. Estamos en tiempos de definición, dicen los sectarios: se está con México o se está con lo intereses extranjeros. Punto. Y si hay que quemar al país para purificarlo, adelante.
Para leer completo…

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29, Feb 2008

Hillary contesta el teléfono

Y Obama también.
Pero Mondale lo había contestado antes…

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29, Feb 2008

El costo de los derechos

Aparecen hoy dos artículos de título casi idéntico. El primero es suscrito por Francisco J. Laporta, filósofo del derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y lleva por cabeza "El precio de los derechos." El segundo lo firma el Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con el título "¿Cuánto cuestan los derechos humanos?"

La reflexión de Laporta recoge el argumento de Stephen Holmes y Cass Sustein en un muy buen libro que publicaron hace unos años (The Costs of Rights. Why liberty depends on Taxes) donde desarrollan la obviedad hobbesiana de que los derechos cuestan. No se puede ser liberal, sin admitir la relevancia del Estado como garante de los derechos y, por lo tanto,  sin valorar la fiscalidad. "Una retórica malsana y tosca ha impuesto entre la gente el lugar común de la "voracidad recaudatoria" de "los políticos". Un no menos tosco y simplista latiguillo se está imponiendo en el discurso electoral: que bajar los impuestos aumenta la libertad, incrementa la riqueza, o incluso que "es de izquierdas". A ver si conseguimos de una buena vez alcanzar un nivel digno en la discusión de estos temas cruciales. Para ello los electores no han de ser tratados como estúpidos ni los políticos como pícaros irredimibles. Dejemos semejante discurso para la demagogia y la información mercenaria y pongámonos a hablar en serio de nuestros impuestos, es decir, de nuestros derechos."

El segundo artículo es una defensa burocrática de la gestión del señor Soberanes: "Durante 2007 (la CNDH) desahogó 5 mil 244 quejas por presuntas violaciones a los derechos humanos; además brindó 39 mil servicios de atención al público en el Distrito Federal; y a otros 6 mil fuera de la capital." Ah.

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27, Feb 2008

Reyes y la cordialidad

Fuente_alfonso_reyesSi el ensayo es el género de la cordialidad, Alfonso Reyes sigue siendo nuestro máximo ensayista. En sus paseos se encuentra esa hospitalidad que es el sello de la identidad ensayística. Sus artículos no dictan cátedra, no sermonean, tampoco riñen. Ofrendas de amistad. El conversador continúa la palabra de otros, acompaña, ayuda. Para el temperamento literario, escribió en algún lado, escribir es respirar. No es respiración por ser simple espontaneidad fisiológica, sino por ser un lavado del ánimo: la combustión de los rencores, transformación de la inquina venenosa en oxigenada divergencia.

El ensayo es el hijo caprichoso de una cultura abierta, dijo Reyes al describirlo memorablemente como “el centauro de los géneros.” Mestizaje del arte y la ciencia, en el ensayo hay de todo y cabe todo. Caben todos, agregaría. Si Montaigne abrió el espejo de sus cuadernos para que cupieran todos los Montaignes que él era, la prosa de Reyes es la calle por la que puede caminar todo mundo. Cuando el regiomontano ingresa al terreno de la polémica no incurre en la burla ni le tienta la posibilidad de descuartizar al otro con un párrafo intransigente. Por el contrario, rehuye el imán de simplificación y rechaza las incitaciones de los extremos. La honestidad del escritor le impide pensar como si las cosas tuvieran solamente una cara.

Los académicos insisten en verlo en falta: no aparece su obra cumbre, no publicó ese libro indispensable, no aportó el texto canónico. No era el especialista nutrido en las fuentes originales, no hablaba griego, escribía de oídas. Absurdas críticas para el ensayista. Lo importante de la prosa de Reyes es la carretilla, no el bulto de los ladrillos que transporta, ha respondido bien Gabriel Zaid: “Un inspector de centauros difícilmente entenderá el juego, si cree que el centauro es un hombre a caballo; si cree que el caballo es simplemente un medio de transporte. El ensayo es arte y ciencia, pero su ciencia principal no está en el contenido acarreado, sino en la carretilla; no es la del profesor (aunque la aproveche, la ilumine o le abra caminos): su ciencia es la del artista que sabe experimentar, combinar, buscar, imaginar, construir, criticar lo que quiere decir, antes de saberlo.”

Alfonso_reyes_mexico Ya se ha dicho que la obra de Reyes ha encontrado enemigo en sus obras completas, kilos de papel tapiado. A su rescate ha venido una legión de antologías que dan muestra de su genio. La más reciente es la colección Capilla Alfonsina editada por el Fondo de Cultura y coordinada por Carlos Fuentes. Libritos que recogen el arco de sus curiosidades y pasiones. Hasta el momento han aparecido tres volúmenes: México, con un estupendo prólogo de Carlos Monsiváis, América, introducido por David Brading y Teoría literaria, comentado por Julio Ortega. Las tres pequeñas compilaciones rescatan la vivacidad de una pluma crucial de nuestro siglo XX. En su liviandad, cada libro acentúa el aire y la claridad de una escritura que no debe sepultarse en un mausoleo de pasta dura.

El ensayo de Reyes expresa una victoria sobre el odio. Un hombre que se recuerda mutilado tras el sacrificio de su padre (“una oscura equivocación en la relojería moral de nuestro mundo”) se reconstituye a través de una escritura sin rabia ni codicia. Su ensayo puede leerse como el mejor contraveneno del odio que insisten en inyectarnos. No lo redacta ninguna manía, ninguna pose ostentosa, ninguna misión vengadora, ninguna cruzada de iluminado. No escribe contra otros: conversa con muchos. Su obra es una apuesta por la convivencia en un país desgarrado por la barbarie. “Tomar partido es lo peor que podemos hacer,” escribe en su “Discurso por Virgilio.” La discordia es el error.

Cioran escribió que el drama de Alemania era no haber tenido un Montaigne. El nuestro es mayor: lo tuvimos y no lo leemos.

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26, Feb 2008

Laberinto

Pistoletto
Instalación de Michelangelo Pistoletto

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