19, Mar 2008

Reacciones al discurso de Obama

Brodner_obamaLa prensa norteamericana se inunda de reacciones al discurso de Obama. Unos lo ven impecable; otros creen que se queda corto. Todos coinciden en que se trata de un discurso excepcional. El New York Times abre una sección para comentar las palabras del candidato demócrata. Lo mismo hacen The New Republic, Slate, Time. Como en muchas otras cosas obamianas, la mejor fuente es el blog de Andrew Sullivan

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18, Mar 2008

El discurso de Obama

El discurso de ayer de Obama es una pieza extraordinaria. En principio podría decirse que fue, simplemente, un reflejo para controlar los daños que le ha causado la exhibición de las posturas de su guía espiritual.  Entre otras cosas, el reverendo Wright sugiere que el 11 de septiembre fue una respuesta justa al terrorismo norteamericano. Pero el discurso de Obama es mucho más que una marometa defensiva: una auténtica meditación sobre los resentimientos raciales y las dificultades de la cohesión. El político se deslinda de las ideas de su mentor, pero no niega sus lealtades. Admirable el tono, sorprendente esa mirada que escapa la circunstancia para invitar a pensar más allá de los tópicos. Cosa en verdad extraordinaria, dice Alan Wolfe en un comentario veloz: un candidato no nos lanza el anzuelo para pescar nuestro voto: nos llama a reflexionar.

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18, Mar 2008

Aguilar Camín sobre el liberalismo

Héctor Aguilar Camín tijeretea una conferencia sobre el liberalismo mexicano para publicarla por entregas en Milenio. Aquí los segmentos:

  1. Jesús Reyes Heroles,
  2. El trasplante.
  3. La planta mexicana
  4. La costumbre corporativa
  5. El Estado antiliberal
  6. La corrupción heredada
  7. Liberalizar al Estado
  8. Liberalizar la economía
  9. Si Mora viviera
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17, Mar 2008

Sobre el señoritismo

“Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y—digámoslo con orgullo—perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie-signos de clase, hábitos e indumentos—a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar—jesuíticamente—la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma; en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. “Nadie es más que nadie,” reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Sí, “nadie es más que nadie,” porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. “Nadie es más que nadie”, porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.”

Antonio Machado, «Los milicianos de 1936.»

Algo más del señoritismo mexicano por aquí.

Seoritismo_panista

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17, Mar 2008

La farsa atea

John Gray, ese liberal inclasificable que ha escrito recientemente un libro sobre la religión apocalíptica y el fin de la utopía, analiza  en The Guardian los textos de Hitchens, Dawkinsy otros contra la fe. El recorrido crítico desemboca en una persuasión:

La religión no ha desaparecido. Reprimirla es como reprimir el sexo: una empresa inútil. (…) No todo en la religión es precioso ni merece reverencia. Hay una herencia de antropocentrismo, la horrible fantasía de que la Tierra existe para servir a los humanos que la mayor parte de los humanistas seculares comparten. (…) Pero el intento de erradicar la religión, sólo conduce a su reaparición en formas más grotescas y degradadas. La credulidad en la revolución mundial, la democracia universal o los poderes ocultos de los teléfonos celulares es más ofensiva a la razón que los misterios de la religión, y es menos probable que sobreviva en los años que vienen.

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17, Mar 2008

Del señoritismo panista

Mourio_quien

Algunos celebraron el nombramiento del nuevo secretario de gobernación como el asomo de una nueva clase política que, finalmente, llega al país para darle vuelta a las hojas. Cobijados por el PAN, aparecían políticos frescos, jóvenes, sin las obsesiones de sus predecesores. Sus publicistas los retrataban como competentes y ágiles; diestros en el manejo de las encuestas y libres de telarañas ideológicas. Sugerían que el nuevo ministro del interior representaba la avanzada de una promisoria tonificación del cuerpo gobernante. Aquellos defensores sugerían que no había que exigirle demasiadas credenciales al funcionario premiado: bastaba la confianza de su jefe y el éxito en la campaña para convertir a su mentor en presidente. La experiencia era ridiculizada como si fuera una petulancia de viejos. ¿De qué sirven años de experiencia si este régimen es tan distinto al viejo, tan nuevo, tan joven—como Juan Camilo?

El escándalo que ha envuelto al Secretario de Gobernación no es una nimiedad. Representa un vicio que, por muy común que sea entre los panistas, no deja de ser inadmisible: la incapacidad de trazar con claridad una línea que separe los intereses privados y las responsabilidades públicas. No encuentro señales que demuestren que el legislador o el funcionario de la Secretaría de Energía se hayan beneficiado de su cargo, pero lo que evidencian los documentos exhibidos es, por lo menos, ligereza, descuido en el trato de asuntos espinosos. Con todo, lo menos escandaloso del escándalo es el motivo que lo hizo explotar. Normalmente el encubrimiento resulta más nocivo que la trampa. En este caso, lo verdaderamente grave no son las firmas sino la reacción del funcionario. Mudo para responder puntualmente a las imputaciones, el Secretario se mostró indignado por un cuestionamiento calificado de “mezquino.” ¿Por qué sería mezquino que la oposición señale documentos que exhiben conductas públicas que son, cuando menos, sospechosas? ¿No es parte del derecho y aún de responsabilidad de las oposiciones? ¿Quién se cree este hombre que se imagina por encima de los cuestionamientos?

Mouriño no se quedó en la absurda cantaleta de los-malos-mexicanos-que-quieren-el-fracaso-de-México sino que se explayó en una lacrimosa historia de sacrificio. Nos relató el abnegado patriota que en el 2003 optó por el servicio a la patria. Desde entonces carga una pesada cruz: “El precio que pagué no fue menor. Le he arrebatado tiempo a mi familia; renuncié a las acciones de las cerca de 80 empresas de uno de los grupos empresariales más importantes del sureste mexicano y también dejé muchas de las comodidades que tienen los que viven en el interior del país.” Ay. El señorito se ofende porque la ingrata patria no le reconoce las privaciones que ha tolerado para beneficiarla generosamente con su talento. Difícil imaginar una respuesta más incompetente, más torpe y, sobre todo, más insultante. El escándalo del preferido de Calderón no tiene que ver, pues, con sus tratos con Pemex, sino con su nombramiento. Si queríamos una estampa del político bisoño que no tiene más mérito para ocupar el ministerio del interior que el aprecio de su jefe, ahí la tenemos, a todo color. La información que ha dado después sigue sin responder a las acusaciones del político que ha revivido con su arrogancia. La gran apuesta política de Calderón ha resultado un fiasco.

Insistiría que el amiguismo de Calderón no tiene paralelo en la historia reciente del país. Ni en los tiempos dorados de la hegemonía priista puede recordarse un gabinete tan oscuro y tan subordinado al criterio exclusivo de la amistad. Por supuesto que antes había amigos en el equipo presidencial y que muchos de ellos eran indefendibles, pero no había tantos colaboradores que lo fueran por el solo hecho de ser amigos del jefe o por la gran virtud de ser, convenientemente, anodinos. Si el tamaño de un presidente se mide por la estatura de sus colaboradores, el presidente Calderón alcanza la altura de su club de Mickey Mouse. El suyo no es un gabinete de figuras indisciplinadas por la sencilla razón de que no hay, excluyendo al Secretario de Hacienda, una sola figura en su equipo. Pero diría que el caso del secretario de gobernación refleja algo más que la inseguridad de un presidente que no tolera la compañía de personajes con trayectoria propia. Si ha querido azular su gabinete ha tenido éxito: en sus colaboradores está el mejor retrato del partido que llegó al poder hace un año y medio. En efecto, como quieren los calderonistas, puede decirse que el PAN no ganó el poder en el 2000, con Vicente Fox. El partido de Gómez Morín llegó al poder con el hijo de un fundador.

La irritante respuesta de Mouriño es la muestra perfecta del arrogante señoritismo que impera en el PAN. Los sacrificados señoritos panistas que dicen ofrendar sus “legítimos” dividendos a la salvación nacional. No son los tecnócratas de antes que eran respetados en todo el mundo; no son tampoco los lobos de la malicia que siguen imponiendo sus condiciones. Sin formación académica solvente, ni experiencia política, son los amiguitos mimados de un hombre con suerte. Daniel Cosío Villegas detectaba ese señoritismo a fines de 1946 cuando hablaba de los antipáticos panistas: son los decentes de clase media cuyos intereses y experiencias se reducen a su despacho y a su parroquia. Los calificaba atinada y visionariamente como tipos de “mentalidad señoril”, en su memorable ensayo sobre la crisis de México. Esos señoritos ganaron la presidencia en el 2006 y están convencidos de que el país está en deuda con ellos.

*

Por cierto, si quiere conocer a la esposa, hijos, los hábitos y los placeres del galán del gabinete, consulte la revista Quién

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14, Mar 2008

Elogio de la blasfemia

Alberto Manguel regresa a las caricaturas de Mahoma, ahora que se ha atrapado a unos matones que intentaban asesinar a los dibujantes daneses:

Caricatura_mahoma

Asegurar … que un chiste, un dibujito, un juego de palabras, pueda ofender a Aquel para quien la eternidad es como un día, me parece la mayor de las blasfemias. Los endebles seres humanos podemos molestarnos si alguien se burla de nosotros, pero seguramente no puede ser así para un ser que imaginamos supremo, incorruptible, omnisciente. Borges arguyó que de los gustos literarios de Dios nada sabemos; es difícil pensar que Alguien que todo lo sabe y cuyo generoso sentido estético lo llevó a inventar desde el poético antílope hasta la burda broma del hipopótamo, destierre de su mesa de noche las obras de Diderot, de Salman Rushdie, de Fernando Vallejo y de Mark Twain. Su profeta enseñó los beneficios de la risa: "Que tu corazón sea ligero en todo momento, porque cuando el corazón se ensombrece el alma se ciega".

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13, Mar 2008

El verso apócrifo

Borges1Aurelio Asiain escribe a este blog para advertir que el poema citado en mi nota previa es apócrifo. Borgiano, desde luego, pero no de Borges. En su libro, Héctor Abad cita el soneto encontrado en el bolsillo de su padre como auténtico (yo apunté que era "atribuido" a él), pero ha empezado a dudar. Al parecer lo escribió Harold Alvarado Tenorio, presentándolo como un inédito de Borges. Escribe Abad:

Tal vez Alvarado Tenorio, igual a aquel Pierre Menard de Borges (que fue capaz de volver a escribir el Quijote letra a letra, sin copiarlo y sin distanciarse una jota del original), escribió en 1993 un soneto que Borges efectivamente había escrito en 1986, antes de morir. El nuevo autor se equivocó, solamente, en dos o tres palabras que delatan la falsificación, pero el resto del poema es auténtico.

Y aquí, otras interpretaciones del misterio.

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12, Mar 2008

Carta a una sombra

Olvido_que_seremosUno de los primeros recuerdos que evoca Héctor Abad Faciolince en el admirable libro sobre su padre es la advertencia de una monja. Tu papá no irá al cielo. Se va a ir al infierno. ¿Y por qué terminará en el infierno?, preguntaba el niño. Es que no va misa, le respondían. El  niño decidió entonces que no volvería a rezar. Sería la manera de acompañar a su padre. El olvido que seremos es una carta a ese padre que la barbarie mandó a la muerte queriéndolo encerrar en el infierno. Carta dulce y dolorosa a una sombra.

La cantata de Héctor Abad se escucha en dos tiempos. El primero tierno, apacible, feliz. Una infancia cobijada por el amor físico, risueño y vivaz de su padre, un médico negado a la utilidad, profesor universitario, un humanista empeñado en salir del consultorio y el aula para llevar salud a la gente de Medellín. Una infancia arropada por abrazos y cariños, conversaciones, viajes, música y libros. La niñez como un amoroso cultivo de confianza. El niño garabateaba un papel y el padre encontraba dibujos prodigiosos. Tecleaba letras sin sentido en la máquina de escribir y el padre abrazaba a un poeta en ciernes. En esos alientos nació el propósito de escribir. No en la seguridad de la expresión, sino en la confianza de que a su padre le gustarían sus párrafos. Ahí se anuncia la suave tristeza de esta escritura: redactar para un lector que no existe, pero  al que se adora por sobre todas las cosas.

El segundo movimiento de esta carta es insoportablemente doloroso. La agonía y la muerte de la hermana Marta son descritas en páginas verdaderamente lancinantes. La vida de una familia se parte tras la desaparición de una hija, de una hermana que empieza la vida. La conversación sería para siempre incompleta, la risa tendría siempre una mancha, la felicidad no podría volver a ser plena. Tras la agonía y la muerte de Marta, el compromiso político del padre se vuelve más intenso, más decidido, más temerario. Con un nuevo brío para promover la salud pública, para defender los derechos humanos y denunciar los abusos del poder, aparecen también la intolerancia, la superstición, la mezquindad y la violencia. En la barbarie del fanatismo político, el doctor Abad Gómez resultaba enemigo para todos los extremistas: la ultraderecha lo veía como un comunista amenazante; la ultraizquierda lo abominaba por defender los rigores del estudio y rechazar el exterminio de los capitalistas. Lo matarían un par de sicarios de cabeza rapada el 25 de agosto de 1987. En el bolsillo del saco llevaba una hoja en la que había transcrito un poema atribuido a Borges. Se titula “Epitafio” y dice:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán, y que es ahora,
todos los hombres, y que no veremos

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su  nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del Cielo
esta meditación es un consuelo.

Días después de la ejecución, Héctor Abad Faciolince, recogió las ropas de su padre en la morgue. Al abrir el paquete una bala cayó al piso. ¡Tal era el interés del Estado por esclarecer el crimen! Quemó de inmediato la vestimenta ensangrentada y maloliente, pero conservó la camisa del último día de su padre. Tenía agujeros y manchas rojas, pero, puesta al sol y al aire, perdió el olor. El hijo guardó esa camisa como recordatorio del libro que tenía que escribir. Tendrían que pasar veinte años para que el dolor y la rabia no se interpusieran en la escritura. Al terminar El olvido que seremos, pudo quemar la camisa. El libro que escribió no es una venganza, es un beso.

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11, Mar 2008

Líneas y formas

Koudelka_praga
Esta fotografía de Koudelka y otras geometrías en la carpeta que Slate publica hoy.

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10, Mar 2008

Troia

TroiaGracias a una notita en Booforum, me entero de la reedición del libro que disparó los recuerdos de Roger Bartra en "Memorias de la contracultura." Se trata de Troia: Mexican Memoirs, de Bonnie Bremer, reeditada en noviembre del año pasado. La nota reitera  la necesidad de una traducción al español de este testimonio único de la cultura beat en México.

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10, Mar 2008

Rawls y el beisbol

BaseballOwen Fiss ha rescatado una carta de John Rawls en la que defiende la muy norteamericana certeza de que el beisbol es el mejor de los juegos del mundo. El teórico de la justicia encuentra en el juego del bat y la manopla una expresión de la imparcialidad tan cara para él. El terreno es un equilibrio perfecto que permite el prodigio de las jugadas; el juego no premia una ventaja corporal específica. El chaparro y el gordito pueden ser grandes jugadores de beisbol. El juego exprime todo el cuerpo y exige todos los talentos: rapidez y precisión; brazos y piernas. El beisbol es también transparente: todas las jugadas son visibles, no como el futbol americano basado en el ocultamiento de la pelota. Que no se anote con la pelota dispersa la atención dramática del  juego: la bola no monopliza el juego. Y el tiempo, agrega Rawls, no se agota en el beisbol: siempre hay tiempo para quien va abajo.

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10, Mar 2008

Meter el pie, meter la pata

No asusta la agitación perpetua de México, sino la esterilidad de sus trastornos. En México hasta el conflicto es infructuoso. La incompetencia y la mezquindad marcan nuestra vida pública. Por ello la rutina de la política mexicana es una secuencia tenaz de dos talentos notables: meterle el pie a los otros y meter la pata. Equilibrio perfecto de torpeza y ruindad: hacer tropezar a los otros para que no lleguen a ningún lado; caer en agujeros que uno mismo cava. Esas son las razones del estancamiento: ser incapaz de unir el paso del pie derecho con el tranco del pie izquierdo y avanzar. Empeñarse en impedir que el otro camine. Atorados, pues, entre las zancadillas y los resbalones.
Para leer el artículo completo…

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06, Mar 2008

De mercenarios

Maquiavelo veía un enorme peligro en los mercenarios : el Estado a expensas de quien ofreciera más a un ejército privado. Michael Walzer, el gran teórico contemporáneo de la guerra justa, ha publicado recientemente una colección de sus ensayos políticos. En The New Republic regresa al tema maquiavélico de los ejércitos mercenarios. Comenta el caso de Blackwater, empresa que ofrece sus servicios de protección por internet y que actúa en Irak con permiso para matar.

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06, Mar 2008

Hasselblad 2008 a Graciela Iturbide

Iturbide
Autorretrato, 1974

El anuncio del premio y una pequeña galería, aquí.

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