27, Dic 2011

Michnik sobre Havel

El periodista polaco Adam Michnik publicó un recuerdo de su amigo Václav Havel. Fue Michnik el primero que le dijo al dramaturgo que llegaría a ser presidente de Checoslovaquia. Aquí se puede ver el prefacio que Havel escribió para el libro más reciente de Michnik.

Havel es un caso particular. Cuando, hace algunos años, la Gazeta Wyborcza le otorgó en Polonia de “hombre de la década”, fue felicitado por Bronislaw Geremek, entonces ministro, Jerzy Buzek, entonces primer ministro, y Aleksander Kwasniewski, presidente de la República. Sólo alguien de la envergadura de Vaclav Havel podía crear un clima tan ecuménico que reunía a un socialdemócrata, un hombre de derecha y un antiguo comunista. Y lo hizo durante muchos años sin jamás soltar presa. No sólo en su país, sino en toda Europa central y oriental. y en el mundo entero.

En 1991, durante una larga conversación, le pregunté si pensaba que había que “arreglar nuestras cuentas” con los comunistas. He aquí lo que me respondió, hace más de diez años: “Se trata de encontrar la justa medida de las cosas, Una actitud que sería civilizada y humana, sin por ello huir del pasado. Debemos lograr ver el pasado directamente con nuestros ojos, debemos nombrarlo, extraer lecciones del mismo y hacer justicia, Paro hay que hacerlo honestamente, con mesura, tacto, clemencia e inventiva. Donde tengamos que ver con remordimientos y con gente que reconoce su culpabilidad, hay que hallar el medio d perdonar. Soy pues partidario de abordar ese problema de manera humanitaria, y no para recaer en una atmósfera de sospecha y de miedo. Las personas tuvieron miedo de la policía política durante cuarenta años, y no debe ser que, durante los próximos diez años, todavía tengan miedo que alguien en cualquier momento pueda destapar informaciones sobre ellas. Mucha gente ni siquiera sabe si alguna vez se empantanaron en algo”.

En 1995, en otro encuentro, me confió: “En los primeros meses que siguieron a la revolución de terciopelo, hice cosas bastante alocadas, de las que hoy me avergüenzo. Un día pronuncié discurso en cinco ciudades, y al final decía cualquier cosa, ya que no soy un orador nato, Había allí algo que parecía una sicosis post-carcelaria, cuando un hombre, después de haber recuperado su libertad, no deja de hablar y está convencido de que tiene tantas cosas que decir porque todo el mundo lo escucha. Hoy, tengo un poco de vergüenza, pero en esa época se lo había tolerado. He sacado lecciones de esos errores y soy mucho más prudente.  He comprendido que la política tenía sus principios que había que respetar, incluso si se le quiere imprimir su propia marca”.

Tales hombres políticos serán siempre seres de excepción en el mundo de hoy. Pero  es una suerte fabulosa poder vivir al lado de personalidades tan raras, y ser su amigo.

Vasek, gracias por todo.

Michnik  y Havel

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