22, Ago 2012

Alfonso Reyes y el arte de perdurar

Alfonso Reyes

¿Cómo se ganan lectores a lo
largo de los siglos? ¿Qué hace que un escritor perdure, que sus libros lo
sobrevivan? ¿Cómo es que la letra puede convertirse en materia inagotable? Las
preguntas se las vuelve a hacer Hugo Hiriart y las responde en un ensayo
deleitable. En El arte de perdurar, (Almadía
2010) Hiriart medita sobre esa apuesta contra el tiempo que habita en el
impulso creativo.

El ensayo de Hiriart es,
primero, una reflexión sobre su naturaleza. Al ensayo lo constituye una
actitud. Huye de la severidad del tratado y de la rigidez del aforismo no
porque deambule sino porque no se toma demasiado en serio. Tiene sentido por
ello que Montaigne, al abrirle su libro al lector, lo despide. Soy el tema de
estas páginas. No pierdas el tiempo. Adiós. Hugo Hiriart ve en el ensayo una
“irresponsabilidad gozosa” cuya única obligación es la amenidad. “El único
compromiso del ensayo es no aburrir, quitando eso lo admite todo: el chisme, la
tentativa, la extravagancia, el juego, la cita de memoria, el coqueteo, la
arbitrariedad.” La verdadera intención del género es capturar el discurrir de
la inteligencia. No capturarlo: acompañar su andar.

Alfonso Reyes es el enigma de
este ensayo. El genio que no encuentra nuevos lectores, el gigante intraducido,
el artista sepultado en los tomos de su inmenso talento. Hiriart no oculta su
admiración por el ensayista de la cordialidad pero está convencido de que la
escritura de ese orfebre de pequeñas obras maestras corre el peligro de
extinguirse, de no encontrar ojos jóvenes, de quedar detenido en el castellano.
El diplomático que nunca vivió de su escritura fue dueño de un estilo exquisito
que terminó enjaulándolo. No se concentró en una obra que compactara su genio,
no ahondó en nada porque todo lo rozó con su pluma siempre cordial y razonante.
No se asomó a las sombras, no lo sedujeron los misterios, jamás se atrevió al
antagonismo. “Reyes no logró ese libro, ese acto de magia sintética que
concentra el universo entero en el pulso de un individuo único e irrepetible.
Qué angustia, él que era el más dotado. El genio de Reyes, digámoslo de una
vez, está desperdigado.”

Al dispersarse terminó rozándolo
todo y profundizando en nada. Nunca se limitó y por ello mismo no ahondó.
Alfonso Reyes, quizá el escritor más dotado de los que dio el siglo XX mexicano,
no redactó la obra maestra perdurable. “Se pasó de civilizado,” dice Hiriart.

Quizá es demasiado pronto para
decretar el agotamiento de su prosa desarmada. Me atrevo a decir que si Alfonso
Reyes no publicó la obra perdurable que le pide Hiriart no es porque no la haya
escrito. El problema, en realidad, no es del escritor sino del editor ausente. Si
falta la obra es porque hay que
hallarla en sus obras. La civilización de Alfonso Reyes nunca será un exceso.
Su tono, su voz tan irrepetible como representativa de un talante siempre
tendrá algo nuevo que decirnos. Me convence la idea de Steiner sobre ese arte
de perdurar: los clásicos, es decir, los perdurables adquieren una dimensión
espacial en la cultura: territorios de autonomía incorruptible. El clásico es
el espacio “perennemente fructífero” un lugar que nos interroga, que nos lee.
Si una obra perdura es porque nos lee más de lo que nosotros la leemos. El estilo
que Hugo Hiriart pinta como la jaula de Reyes es otra cosa: una interpelación
que no roza sino que excava en nosotros.

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2 Comentarios

  1. FMGARZAM dice:

    ¡Mauro, traiti l’hacha!
    «El genio que no encuentra nuevos lectores, el gigante intraducido, el artista sepultado en los tomos de su inmenso talento.»
    ¿Cosmopolita y nunca leñador o quintaescencial «ya merito»?
    Podría ser que lo veneramos (mucho)y lo leemos poco (o nada). Quizá sea que él no tenía hambre (sed de triunfo).
    Siempre me pregunto si los de El Espectador le publicaron su primer poema al talento o al hijo del Sr. Gobernador (o a ambos).

  2. sac a main tods
    Erthygl Fawr. Diolch am rannu gwybodaeth gyda ni, y blog yn ddiddorol iawn, Diolch i chi, Mwynhewch weld fy ngwefan.

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