29, Oct 2009

Alfonso Reyes y el pavor de la política

Reyes En Laberinto, suplemento cultural de Milenio se publicó hace unas semanas esta carta que apenas ahora leo. En mayo de 1930, Alfonso Reyes recibe un ejemplar de La sombra del caudillo con una ruda dedicatoria: “Para mi querido Alfonso Reyes, cuyo nombre —de claros destellos— no merece figurar en el escalafón del bandidaje político que encabeza el traidor y asesino Plutarco Elías Calles”. La carta de Reyes atiende la punzada mostrando el origen de sus escamas frente al ogro de la política. El dolor de la muerte y su odio al odio lo apartan irreversiblemente de sus tentaciones. Los hechos los relató en su conmovedora Oración del 9 de febrero. En la carta a Guzmán adquieren un perfil más íntimo, quizá más reflexivo sobre el horror que en su imaginación provoca la sucia palabra política:

En mi alma se produjo una verdadera deformación. Aquello fue mucho dolor. Todavía siento espanto al recordarlo. Quedé mutilado, ya le digo. Un amargo escepticismo se apoderó de mi ánimo para todo lo que viene de la política. Y esto, unido a mi tendencia contemplativa, acabó por hacer de mí el hombre menos indicado para impresionar a los públicos o a las multitudes mediante el recurso político por excelencia, que consiste en insistir en un solo aspecto de las cuestiones, fingiendo ignorar lo demás. Y, sin embargo, Ud. sabe que soy orador nato. Y Dios y yo sabemos que llevo en la masa de la sangre unos hondos y rugidores atavismos de raza de combatientes y cazadores de hombres, atavismos que —siempre e implacablemente refrenados— son sin duda la única y verdadera causa de mis jaquecas crónicas, y no los intestinos ni el hígado, ni los riñones, ni el páncreas, ni las glándulas endocrinas y demás tonterías de los médicos materialistas, analíticos, tan olvidados de las concepciones sintéticas de Hipócrates, Arnaldo de Villanueva y Paracelso. —Y de propósito me doy el gusto de lucir estas erudiciones, para que vea que tengo bien mascullado y estudiado eso de mis jaquecas: no se burle de mí.

Estábamos, pues, en que se apoderó de mí un desgano político. Más que eso: un pavor. Cuando delante de mí se decía: “política”, yo veía, en el teatro de mi conciencia, caer a aquel hombre del caballo, acribillado por una ametralladora irresponsable.

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4 Comentarios

  1. El Oso Bruno dice:

    Toda una tragedia histórica fue que Don Porfirio se empeñara en la reelección en lugar de retirarse y cederle la presidencia a Bernardo Reyes. No hubiese habido revolución y México, muy probablemente, hubiese seguido una senda natural de desarrollo bajo los hombres ilustrados del Orden y Progreso. Lástima.

  2. Que decir de ese malestar colectivo, que a muchos nos enferma: políticos, adjetivo común para nombrar al ofensor de la voluntad popular. Pero entonces ¿que hacer?, ¿nos basta con quejarnos?, o ¿ser observadores y ser filósofos retóricos que en el entendimiento y el razonamiento sujetan fuera del cambio el acontecer?, o podemos ser simplemente los vulgares opositores encabezando desde el anonimato una lucha que los intelectuales les parece estéril, llenano nustro paso de la vida de pequeñas conquistas de la voluntad social que se organiza y que tienen el propósito de arrancar las decisiones de lo cotidiano a esos políticos para tener certidumbre de futuro.

  3. Fe de erratas.
    Dice: «los intelectuales les parece estéril, llenano nustro paso de la vida»
    Debe decir: a los intelectuales les parece estéril, llenando nuestro paso por la vida.
    Perdón.

  4. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Es curioso como a Reyes se reclama distancia de la política. Por tal razón epítetos van y vienen, de imaginativos a burdos, intelectuales corpúsculos como Mario Vargas Llosa{1 le acusan no tener garra, haberse limado uñas y dientes siendo su potencial enorme, y Fernando Buen Abad{2, quien maniata a veces diatribas, lo tilda de burgués gentil hombre, con la simpleza de ser conservador afrancesado (nuestra ‘acción francesa’, cfr. Jorge Cuesta). Tales afirmaciones de poca cala carecen de ensenada o bahía reconocible, aunque desdeñan ciertamente distancia de la política pero real. Yo prefiero el Reyes por ejemplo que controvierte a Ortega, por un objeto de predilección en ambos (aunque con distinta intensidad): Goethe. Y si hay que decidir entre el Goethe de Reyes o el Goethe de Ortega, prefiero ambos. Y prefiero también el Reyes jocoso que parcialmente describe al filósofo como “el hombre de ánimo solemne que luchó siempre contra las travesuras [habrá que ver qué travesuras] de la ironía y el humorismo […] ; de sensibilidad tan aguda que solía herirse con su propio aguijón, o, mejor, que acabó atravesándose con su espada; de una honda capacidad que, por ser tan honda, se desgarraba entre los ideales teóricos y a los apremios del deber cívico, […] sin poder resignarse nunca a lo que hay de transacción en la acción.”{3 También me quedo con el Reyes no sólo ensayista, crítico o poeta; sino como plasma Lee Kyeong Min{4, el Reyes narrador, el cuentista no surrealista ni realista mágico, que parece decir que magia hay, que subsiste, reside en la realidad, en una nueva visión y entendimiento de ella. Quizá por minúsculas como esa radique la bastedad de la obra de Reyes, menos ocupada por la política y el oportunismo, más dada a grandes cosas, grandes temas y pequeños detalles, como ese que describió espíritu de transacción en la acción. Quizá por eso estimule y une Alfonso Reyes.
    1} http://www.almendron.com/politica/pdf/2005/reflexion/reflexion_0572.pdf
    2}http://www.revistapantagruelica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=231:republicas-de-reyes&catid=31:homo-literatus&Itemid=59
    3} http://www.fog.es/descargas/contenidos/%28264%29Antonio_Lago.pdf
    4} http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/lacena.html

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