09, Dic 2013

Consenso y defensa

Digo en mi artículo de hoy que la reforma electoral reciente ganó consenso como la peor de la que se tenga memoria. Aquí algunas muestras del consenso y la única pieza que he encontrado  que defiende la reforma.

Estas son las observaciones de los consejeros del IFE a la minuta del Senado. Aquí se puede leer el discurso completo de María Marván al asumir la presidencia del moribundo IFE. ] “Esta reforma, dice, pone fin a una era electoral, porque es la primera reforma política, desde 1977, que no se negocia en sus términos ni en sus méritos; una reforma que no se da sus tiempos propios y que utiliza como palanca para catapultar otras decisiones que nada tienen que ver con la vida democrática y la organización del pluralismo.” Lorenzo Córdova la llama la reforma de la discrecionalidad electoral.” María Amparo Casar cree que el INE es un híbrido malo.  Aquí puede leerse el artículo de José Woldenberg: “Vueltas en círculo“: “La idea de crear un instituto nacional electoral encargado de organizar todos los comicios y suprimir a los 32 órganos locales era eso: una idea. Una mala idea, pero tenía pies y cabeza. Lo que ahora se propone carece de lógica, parece querer empezar de cero y pospone para el día de mañana una serie de definiciones (no me refiero a lo obvio: que primero debe ser la reforma constitucional y luego las legales, sino a que no se tiene claro qué contendrán las segundas).” Jorge Javier Romero no la encuentra irracional: “Los pactantes han optado por promover sus estrechos intereses particulares a costa de la eficiencia general de la democracia mexicana.”  Carlos Puig la ve como un batidillo hecho de malas ideas y de resentimiento. Maite Azuela cree que es regresiva. Javier Aparicio tampoco encuentra mucho que celebrar.  Leo Zukermann también la ve como una lamentable “moneda de cambio.” Fernando Escalante se atreve a leer el dictamen del Senado (no lo recomienda). El Instituto de Estudios para (sic) la Transición Democrática publica en su página el documento Camino de incertidumbre.”

El senador Robert Gil defiende las nobles intenciones de la reforma y pide a la ciudadanía “el beneficio de la duda.”

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