02, Ene 2012

De los trilobites al Parlamento de Westminster

That's all folksHay hombres que viven con sombrero fijo. Cascos que se llevan a la tumba y que aparecerán en el pórtico de su obituario. Presencias imborrables: tatuajes en la frente. Francis Fukuyama no podrá desentenderse jamás de la nube que lo acompaña desde 1989. Fukuyama equivale al del fin de la historia. La fórmula lo sigue y lo seguirá. La mañana del 11 de septiembre de 2001 pudo asomarse a la ventana de su oficina en SAIS y ver el humo que salía del Pentágono. Tuvo miedo, sentía preocupación por su familia y por los amigos que trabajaban en el Departamento de Estado. El atentado terrorista atrajo nuevo interés a su alegato sobre la conclusión de la historia humana. ¿Estaría dispuesto a aceptar que su profecía había sido desmentida? ¿Era aquel artículo una celebración prematura, infundada? ¿Los terroristas habrían reencendido la historia? Nada de ello. No ha habido acontecimiento que perfore su certeza.

Fukuyama había publicado “El fin de la historia” en la revista conservadora The National Interest en verano de 1989. Vale subrayar que el título llevaba, en su primera versión, un signo de interrogación. Cuando se publicó en libro se convertiría en afirmación y adquiría complemento apocalíptico: El fin de la historia y el último hombre. El alegato de Fukuyama anticipaba la universalización de la democracia liberal y la economía de mercado. La Guerra Fría había terminado con un ganador absoluto que no se había impuesto en una batalla sino que había ganado el torneo definitivo. No hay ya un debate político pendiente, sugería. Todo se ha resuelto y hay un campeón. Después precisaría el argumento: no es que se haya detenido el reloj. Seguramente habrá conflictos en el futuro; pero serán pleitos en los márgenes, confrontaciones en las orillas de la Historia que no podrán desviarla. La batalla esencial de la política ha concluido. La democracia liberal es la mejor forma de gobierno, el mercado es la forma económica que corresponde al hombre. La pareja vale para todas las sociedades del planeta. El imperio de la democracia capitalista no puede sufrir revés.

Fukuyama reinterpretaba a Hegel por conducto del Kojève, quien había anticipado también un régimen planetario. La caída del muro fue una epifanía para Fukuyama: tras lo contingente actúa siempre lo esencial. Bajo la superficie caótica y misteriosa del presente se impone una energía coherente e imbatible: un riel que integra todos los fragmentos del tiempo en una línea. Así sentenciaba con temeridad en aquel libro:

Lo que podríamos estar presenciando no sólo es el fin de la Guerra Fría, o la culminación de un periodo específico de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano.

La certeza es sobrecogedora: no hay pregunta que el liberalismo no responda; no hay enfermedad que la democracia no cure. El hegeliano se atrevía a expresar cierta tristeza por la conclusión del cuento. Con impostada congoja confesó “nostalgia por el tiempo en que la historia existía”. Cuentan que, cuando Margaret Thatcher escuchó la expresión de “el fin de la historia” reaccionó de inmediato: ¿fin de la historia? Bah: el principio de la estupidez.

El artículo completo está aquí.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

3 Comentarios

  1. FMGARZAM dice:

    Professor:
    La primera lectura la vi algo jocosita, como suena lo del PT (el cual merece mayor análisis como un capítulo bizarro de nuestra historia, pues podría haber antigua gratitud económica por ahí…).
    Pero Fukuyama se la bañó en sus originales declaraciones. Se sobrextendió o extrapoló por mucho. La misma genética le va a dar la contra, si se sigue desarrollando la investigación de relación genética y comportamiento. Sorry, es determinístico esto. Tal vez haya impedimentos genéticos para juzgar al liberalismo una aspiración. Y la democracia sea solo para señoras que toman el té.
    Pero su nuevo libro, he leído extractos, no suena mal en ideas. Me gusta la idea de Dinamarca (nothing rotten there but fish) como benchmark. Y el tribalismo como etapa retrasada.

  2. buenovaleok dice:

    ¿La realidad que se cuenta en Las uvas de la ira, versión John Ford o versión Steinbeck, se combate solo con liberalismo? ¿Esa realidad no puede volverse a dar porque no está en la naturaleza del hombre no perfectamente civilizado? ¿No se da en otras partes del mundo? La realidad descrita en Las uvas de la ira está documentada, es Historia, no ficción.
    Pongo el ejemplo de Las uvas de la ira como podría haber puesto cualquier otro. Si alguien no conoce este ejemplo, busco algún otro o en lugar de ser tan perezoso lo explico con mis propias palabras. (tras terminar el post y releerlo veo que puede servir el enlace que pongo al final del post).
    Cuando fue terminando el periodo colonial en los distintos países africanos, el mundo ya sabía todo lo que sabía Fukuyama en 1989. El asunto, por ejemplo, que se trata en el enlace que pego a continuación, ¿es un tema menor?, ¿se resuelve solo con liberalismo? ¿La socialdemocracia no es liberal? Yo creo que sí lo es, pero usamos diferentes diccionarios para definir lo que es el liberalismo Fukuyama y yo. Así, pues, estoy con Margaret Thatcher on this one:
    http://knittingandcrocheting-club.blogspot.com/2011/11/elverdugo-una-sesion-parlamentaria.html

  3. Wie das Gefühl, wie wir durch die H?hen und Tiefen sind es nicht. Ein einfaches Ziel, k?nnen die Fans auch Angst, wie flach fan!
    http://www.ogamebay.com/swtor-credits.html

Deja un comentario