02, Abr 2012

Libertad y valentía

Skinner

Desde Benjamin Constant, los liberales han dibujado la libertad frente a una sombra que usa la misma palabra. En su conferencia de 1819 contrastaba la libertad moderna con la antigua, enfatizando que la vieja idea no solamente se había vuelto impracticable sino que era también peligrosa. Los antiguos defendían una libertad de participación en lo público, mientras los modernos se refugian en sus placeres privados. La nostalgia de la antigua libertad podría alimentar una nueva servidumbre. Algo parecido dijo Isaiah Berlin en su famosa conferencia de 1958. La libertad negativa no es voz sino resguardo. Quentin Skinner cree que la disyuntiva que plantean Constant o Berlin es inadecuada para comprender las dimensiones de la libertad. No dos: tres nociones de libertad son distinguibles.

En una conferencia de noviembre de 1997 que dictó para asumir la cátedra de Historia Moderna en Cambridge, Skinner agregó un concepto que los liberales han sido incapaces de apreciar. La libertad precede al liberalismo. No es solamente ausencia de obstáculos para realizar nuestro deseo, sino independencia frente a los otros. A la idea liberal le antecedió la experiencia republicana o, como él la llama, la concepción neo-romana. Skinner encuentra a Berlin poseído por el hechizo liberal. Un embrujo que le impide asomarse al mundo fuera del marco hobbesiano. En efecto, el biógrafo de las ideas seguía subyugado por la fórmula de Hobbes que, de una u otra manera ha definido los contornos de la palabra: la libertad es ausencia de impedimentos externos. La libertad como el espacio donde la ley calla. Hobbes impuso una hegemonía conceptual. Si bien lo recordamos como el constructor racional de la monarquía absoluta, fue quien acuñó la noción liberal de la libertad. Ahí, en el Leviatán estaba la semilla de la libertad moderna o negativa, afirmándose contra la otra libertad, la libertad republicana que Skinner identifica y reivindica.

El historiador trabaja con pincel seco para desempolvar las palabras, quitarles el lodo de los siglos y restituirles el color original. El historiador debe imaginar la idea nadando en su lago original, ponerla en contacto con los eventos de su tiempo y escucharla en su conversación. Para comprender la vida de las ideas es indispensable conjurar el embrujo ideológico, escapar (en la medida de lo posible) del lenguaje del presente y sumergirse en la historia. Entendida de ese modo, la historia no responde nuestras preguntas; es el mejor cuestionamiento de nuestras certezas.

El artículo completo puede leerse aquí

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5 Comentarios

  1. Elmaquiavelo dice:

    ¿»Los antiguos defendían una libertad de participación en lo público, mientras los antiguos se refugian en sus placeres privados.»?

  2. jshm dice:

    Gracias Elmaquiavelo. Ya corregí.

  3. FMGARZAM dice:

    Professor:
    ANDAS PRENDIDO!

  4. FMGARZAM dice:

    Professor:
    Ahora que aprendemos de la libertad y la vida liberal, y que los bebés ni las libertades nos vienen de Paris, te toca tratar al darling del momento Acemoglu.
    Ejemplo: http://www.economist.com/node/21549911
    Tu entrega de Nexos sobre libertad aporta una señal muy valiosa a hechos y momentos que casi nadie ha asociado.
    Si partes de una sociedad exitosa en la apertura y la libertad (¿Habrá de otras?) y luego restringes la libertad y la apertura, digamos que restringes la tercera libertad ampliada a todo los ámbitos, tendrás que al mediano o largo plazo se sufren graves consecuencias.
    Yo lo notaba al estudiar la Iberia de Felipe II (o la Nueva España después de Antonio de Mendoza). Pero Acemoglu, descrito en Economist, lo observa perfectamente en Venecia del siglo XIII, que al igual que la Toscania (políticamente descrita por Skinner), que cuando se empiezan a cerrar decaen estrepitosamente, aunque brillen y mucho en el corto plazo.
    Acemoglu: “Failure is the rule. Here, Venice provides a cautionary tale. Upward mobility drove the city-state’s wealth and power. Its innovative commenda, a partnership in which capital-poor sailors and rich Venetians shared the profits from voyages, allowed those of modest background to rise through the ranks. This fluidity threatened established wealth, however. From the late 13th century the ducal council began restricting political and economic rights, banning the commenda and nationalising trade. By 1500, with a stagnant economy and falling population, Venice’s descent from great power was well under way.”
    No hay lonche gratis.
    Son estos días de descanso, esto merece más cabeza y más escritura.

  5. Ahora que aprendemos de la libertad y la vida liberal, y que los bebés ni las libertades nos vienen de Paris, te toca tratar al darling del momento Acemoglu.celine outlet:http://www.celinebag.net
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