01, Sep 2010

La aplanadora y el trampolín

Amartya-Sen “La barba cana, el pelo blanco y el ropón indio” hicieron de
la figura de Rabindranath Tagore la quintaesencia del sabio exótico, el poeta
místico. Ése es el escritor que admiraron tanto Yeats como Pound. Yeats veía en
él a un santo proveniente del misterio. Su poesía era inocente y sabia:
espontaneidad incubada en los siglos de una civilización. Ezra Pound, por su
parte, notaba en su literatura la quietud del mundo natural. A sus poemas no
los prendía la tormenta ni el rayo, sino el uso tranquilo de la mente tocando
la tierra. Era la naturaleza misma.

    Soy como un jirón de una nube de
otoño, que vaga inútilmente por el cielo. ¡Sol mío, glorioso eternamente; aún
tu rayo no me ha evaporado, aún no me has hecho uno con tu luz! Y paso meses y mis años alejado de ti.

    Si éste es tu deseo y tu
diversión, ten mi vanidad veleidosa, píntala de colores, dórala de oro, sobre el caprichoso viento, tiéndela en cambiadas maravillas.

    Y cuando te guste dejar tu juego,
con la noche, me derretiré, me desvaneceré en la oscuridad; quizá, en una
sonrisa de la mañana blanca, en una frescura de pureza transparente.

Pero Tagore no es sólo el poeta del viento y la lluvia, de
la luz y los silencios. Detrás del místico se escondía un racionalista que no
reconocen quienes quieren envolverlo de incienso oriental. En su defensa de la
razón radicaba su desacuerdo con Gandhi: “Nosotros que frecuentemente
glorificamos nuestra tendencia de ignorar la razón, instalando en su sitio la
fe ciega, glorificándola como espiritualidad, pagaremos eternamente con el
oscurecimiento de la mente.” Lo dice de otra manera en un momento de su extensa
ofrenda lírica Gitanjali:

    Donde la mente nada teme y la cabeza se lleva
por lo alto
 
    donde el saber es libre
 
    donde el mundo no ha sido fracturado aún
por los miserables muros de la casa.
 
    donde la palabra surge de las honduras
de la verdad
 
    donde la clara fuente de la razón no se
ha extraviado en las desérticas arenas del hábito muerto
 
    Ahí:
en ese cielo de libertad, Padre mío, permite que mi patria despierte.

La utopia de la razón. Tanta esclavitud había bajo el
imperialismo del miedo como tras los muros cerrados del nacionalismo o en los hábitos
muertos de la tradición. Tagore fue la figura tutelar de Amartya Sen, el filósofo
que ha cultivado la “deprimente ciencia” de la Economía. Se dice que su nombre
de pila, Amartya, fue elegido precisamente por el poeta, quien tenía una
relación cercana sus padres. Sen estudió en la escuela regida bajo su filosofía
pedagógica que premiaba la curiosidad y el razonamiento por encima de los
concursos de memorización. Uno de sus maestros le llegó a decir de una
compañera: “Es realmente muy inteligente—a pesar de sus buenas calificaciones.”
De Tagore viene la sensibilidad literaria del economista y su ánimo por
conectar civilizaciones; su preocupación por la libertad y su voluntad de razonar.

El artículo completo, acá.

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Un comentario

  1. Omar A. dice:

    Una digresión que a la vez no es Jesús, acabo de leer a Lorenzo Meyer también, pese todo un realista que pide no esperar mucho. Creo que su artículo de hoy es pertinente, independientemente el título, de que si es una minoría que se minoriza o una clase política disfuncional. http://correo-gto.com.mx/notas.asp?id=181281
    Los ciclos son lógicos pero nadie está condenado a ciclos. En el cuarto año de gobierno es lógico vaya en declive el apoyo al gobierno y a la clase política en sí misma, la cuestión es si esta clase política /y no digo económica, se visualiza en 20 años, 10 años, 5, un par de años, de una manera menos apoltronada, menos autocomplaciente, si se visualiza en una modernidad aún más moderna, posible, menos monopólica, más contemporánea de otras democracias de mercado sin un vaciamiento del Estado. Bueno, hasta en lo físico, si esta clase política se visualiza menos obesa, menos quisquillosa, menos frustrada secretamente de sí y del accionar de esta democracia actual. Los calosfríos son así, México está medroso a cambiar y es bien deprimente, y basta, deprime a cualquiera lo que pasa en política.
    De pronto me viene a la mente, recordando el post crítico a los edificios que albergan la deliberación, los parlamentos ¿por qué en México es indeleble tanto freno a su desarrollo? En otros lados sin ánimo de borrón y cuenta nueva, sino de renovación o continuación se disuelven los congresos, se pulveriza la representación política a fin favorecer el buen gobierno, la representación. Se llama a formar gobiernos de mayorías imaginativas igual, se pasan los baches por decirlo así.
    En México en eso aún no estamos avezados, no disponemos de esquemas ni la ingeniería democráticas que saneen por sí sola las democracias, por abarcar estados federados. México tiene dos problemas serios no irresolubles a los que ya no que debe, sino tiene que atacarse con algo de civilidad e ingenio. Una democracia satelital acomplejada, esnob, tutelar; y la imposición de una agenda de seguridad interior extrema. No hay poder en norteamérica ni económico externo o interno alguno que procure pase exacto así. Este es un problema que en México, por sí solos, solitos los mexicanos han estado creando. Que la clase política medrosa de todo ha estado creando. Hay que resolver esa situación respetando limpieza de las elecciones, desechando el esquema de cuotas en los organismos electorales por poner ejemplos, y si son éstas irreversibles por ahora, que los actúales actúen con limpieza, sin importar gane quien gane, porque en la realidad ni importa eso. No importa quién gane. No importa quién gane. Hay que gobernar con la cabeza destemplada, fría, no con la coerción, el miedo ni la seguridad. Hay que valorar Y UTILIZAR la narrativa de la política y de la democracia, complejas, su hospitalidad, bajo bases legítimas ciertas. Eso es todo. No es difícil ni es extraño, habrá que volver el momento que sea, todo momento, en forma política y civil generosos.

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