01, Feb 2011

La democracia de Lefort

Tijeras

Dos personas se combinan en el capitán, escribió Séneca. Una de ellas es igual a todos los pasajeros porque el capitán también es un pasajero. Pero la otra persona es distinta porque sólo él es el capitán. La responsabilidad le otorga privilegios y lo marca con exigencias. Una tormenta puede afectarlo como pasajero, pero nunca como piloto. La imagen expresa la antigua noción del gobernante como personaje escindido: hombre y semidiós; cuerpo e institución. La idea cristalizaría en la doctrina medieval de los dos cuerpos del rey. El monarca era hombre y, como tal, sentía. Vivía las pasiones ordinarias, estornudaba, tropezaba. Pero como soberano no se enfermaba; era infalible e inmortal. Era la voz de la justicia, la palabra de la ley y daba su cara a la moneda. Ernst H. Kantorowicz escribió un libro clásico sobre esa pieza fascinante de la teología política: la ficción mística de los dos cuerpos del rey. Kantorowics analizó documentos y disputas legales, tratados filosóficos, emblemas y dramas que dibujaban al monarca como un personaje doble. Un sujeto que, a pesar de tener todas las limitaciones físicas e intelectuales del hombre, era tratado como el depositario de la última razón, un ser ubicuo, incapaz de hacer el mal e, incluso, de pensarlo. En Shakespeare se encuentra una constante reflexión sobre los dilemas morales de esa superposición de cuerpos bajo la piel del monarca. Extraña divinidad la de los reyes, dice en Enrique V: su nacimiento es majestuoso, su vida flota sobre lo ordinario pero siguen atados a la tiranía de la respiración, como cualquier imbécil.

Claude Lefort se sintió cautivado por la riqueza de la alegoría medieval que Kantorwicz pulía en esa obra monumental publicada hace más de medio siglo. Tal fue la atracción que dedicó un seminario de un año a su estudio. La teología ponía la metáfora del cuerpo en el centro de la reflexión filosófica. En ese almacén de órganos se encontraba la clave que imprimía sentido al mundo. La boca de la ley, los brazos de la justicia, el puño del soberano. Toda interrogación desembocaba ahí para encontrar la respuesta, la solución definitiva: las categorías del tiempo y del espacio acopladas a una fisonomía; los linderos del bien y del mal trazados por la dicción inapelable, el contenido de la justicia manando de una garganta. El cuerpo del rey era visto como el punto donde convergen todos los rayos del poder. La ficción ofrecía a Lefort una ventana formidable para entender las representaciones fundamentales de lo político. Los emblemas de la monarquía no son, de este modo, simples blasones para decorar un edificio sino claves para descifrar el mundo, para acceder a un tiempo, para encontrar sitio. El interés del Lefort no era, por supuesto, curiosidad de medievalista: era el compromiso de un filósofo político con su propio tiempo.

Visto a la luz del siglo XX, la vieja metáfora del cuerpo permitía enfocar las formas de la democracia y del totalitarismo: la textura de cada sociedad y el lugar de su poder. La democracia no significa la mudanza del poder de un cuerpo a otro. Podría pensarse que, si antes el poder se ubicaba en el cuerpo del monarca, ahora, en democracia, el poder se aloja en el cuerpo del Pueblo, o se instala en el Parlamento. Lefort rechaza enfáticamente esa idea de la transferencia: la democracia no traslada el poder de un sitio a otro, por más abierto que sea. La democracia desata el poder de cualquier sujeto y le niega domicilio. Es “el fin de un poder ligado a un cuerpo.” De ahí que la sociedad democrática sea aquella donde el conocimiento, el derecho y el poder están sometidos, constantemente, a una “indeterminación radical.” La fundación democrática no es una conquista. Es, de algún modo, una escisión: una separación de la ciencia, la ley y la fuerza. Cuando el poder aparece como un “lugar vacío”, la sociedad es el teatro de una aventura: “lo que se ve instituido no está nunca establecido, lo conocido está minado por lo desconocido, el presente se muestra innombrable y cubre tiempos sociales múltiples, separados los unos de los otros en la simultaneidad—o bien únicamente nombrables en la ficción del futuro; una aventura tal que la búsqueda de la identidad no se deshace de la experiencia de la división.”

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Un comentario

  1. Jesús Silva-Herzog Márquez en su reciente ensayo La democracia de Lefort escribe : “La condición democrática es la fragilidad. La democracia es arquitectura de arena, abismo, incertidumbre, fugacidad, indecisión. Ahí, tal vez, incuba el germen totalitario. Si la democracia es un problema, el totalitarismo fue una solución más radical. Sólo entendemos el totalitarismo -y el populismo, agregaría- si comprendemos la naturaleza de los desafíos que nos lanza el régimen democrático. Totalitarismo y populismo son dos formas de rehuir sus exigencias […]“
    El filósofo francés Claude Lefort cuando reflexiona sobre la erosión del fundamento de la democracia es para comprender el mal radical del siglo XX: el totalitarismo. Democracia y totalitarismo son dos categorías simbólicas y por consiguiente de carácter histórico. El laboratorio de lo político es la historia. De una manera apresurada Jesús Silva-Herzog Márquez imagina que el discurso sobre la democracia de Lefort, también le permite entender el populismo. Y nos dice que el denominador común entre totalitarismo y populismo consiste en “rehuir sus exigencias” con el régimen democrático. Esta comparación entre totalitarismo y populismo de Jesús es frágil. Totalitarismo y populismo son dos fenómenos históricos que aparecen en el mundo de lo político y que requieren una meditada reflexión como la que bien nos dice Jesús sobre la democracia de Lefort para entender el totalitarismo.
    Octavio Paz en su momento polemizó con Vargas Llosa, cuando el escritor peruano utilizó la metáfora “dictablanda” para referirse al régimen priísta en México. Octavio Paz exigía categorías históricas para poder expresar y descifrar el mundo político, no imágenes apresuradas que hablan más de la aversión por lo otro, que la comprensión del otro.
    http://noehernandezcortez.wordpress.com/

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