02, Ago 2007

Economía política del pesimismo

Hace unos años, una encuesta publicada por el Wall Street Journalregistraba que el 70% de los mexicanos creía que la vida de sus hijos sería peor que la suya. Años de estancamiento traducidos en pesimismo. En un artículo publicado en nexos de este mes,Ricardo Becerra recoge la reflexión de Benjamin Friedman para analizar las consecuencias morales del atasco económico. En The Moral Consequences of Economic Growth, Friedman argumenta que el crecimiento no es simplemente mejora material: condiciona el carácter moral de la sociedad.

El crecimiento sostenido, el que llega a muchos al mismo tiempo, cambia masivamente el carácter de las sociedades de una forma positiva. Friedman nos muestra ejemplos en la China contemporánea, en Corea del Sur o en Irlanda, países en los cuales el crecimiento ha hecho a sus ciudadanos más abiertos, más tolerantes y, muy sintomáticamente, más honestos. Por el contrario: el estancamiento desplaza a sociedades enteras hacia el pesimismo, la huida del país, la represión y el fanatismo (Uganda, la Rusia postsoviética, Corea del Norte).

(…) Las conclusiones fundamentales de Friedman son fácilmente trasladables a nuestro país. Las personas que fracasan, que viven permanentemente en el límite de la subsistencia, comparan el bienestar del vecino con su propia mala situación y se larva así una atmósfera corrosiva “proclive a la anomia, la delincuencia, la falta de respeto a las reglas de convivencia…”. En una sociedad estancada, las comparaciones interpersonales del éxito se constituyen en un factor que determina las conductas; los mexicanos contrastan la experiencia de generaciones pasadas por un lado, y comparan la experiencia de los que viven a su alrededor y el resultado es moralmente destructivo y venenoso; a diferencia de España o de Chile cuyas inauguraciones democráticas compartieron un periodo de crecimiento, en México la democratización estuvo contaminada (y lo sigue estando) por la moral del estancamiento económico.

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