21, Jul 2011

La democracia privatizada

Farid Zakaria publica en el Washington Post de hoy un artículo sobre el atasco político de los Estados Unidos. Es fácil culpar al Tea Party de la cerrazón que tiene al país al borde de la quiebra pero el bloqueo político es estructural: los intereses locales y sectoriales se imponen bloqueando el interés común. Zakaria, quien recientemente ha puesto al día su libro sobre el mundo postamericano, sugiere la lectura de un estupendo artículo de Mickey Edwards publicado en The Atlantic Monthly. Edwards, antiguo legislador, registra los defectos institucionales de la democracia norteamericana que bien valdría leer con atención en México. Nuestro sistema, dice, no es un régimen diseñado para resolver los problemas comunes: es un mecanismo para procesar la disputa del poder entre dos organizaciones privadas.

Edwards critica el mecanismo de selección de candidatos en los dos partidos. El proceso ha sido secuestrado por activistas cada vez más radicales que han vuelto extremadamente rígido y estéril el debate en el Congreso. Así, mientras los ciudadanos se declaran crecientemente independientes, los candidatos representan al partidismo más hermético. Valdría por ello, establecer elecciones primarias abiertas. El proceso legislativo se ha vuelto excesivamente mayoritario: quedar en minoría, dice Edwards, es quedar fuera de la labor de hacer leyes y someterlas a consideración del pleno. Ello impide la discusión de reglas que podrían encontrar espacios de acuerdo entre los partidos. El autor se concentra también en la defectuosa composición y el liderazgo de las comisiones legislativas y el personal administravo del Congreso.

El sentido de la propuesta es escapar de lo que acá hemos llamado partidocracia: recuperar la representatividad del Congreso y su capacidad para alumbrar el interés nacional. 

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