01, Oct 2012

Contra la tiranía del debate y el voto

El
espectáculo no es nuevo. Lo hemos visto mil veces y no deja de ser ridículo. Buena
parte de la bancada de izquierda toma la tribuna por asalto con la intención de
impedir, o por lo menos obstruir alguna votación. Uno puede imaginarse la
emoción épica de los organizadores de la toma: cuando se dé paso a las
votaciones, nos ponemos las camisetas, sacamos las pancartas y subimos hasta la
mesa directiva. Tú arrebatas el micrófono mientras todos gritamos “No al
PRIAN”. El asalto transforma el espacio legislativo y a los legisladores. El
congreso deja de ser un lugar para el debate para ser carpa de un espectáculo
absurdo e ineficaz. Los diputados dejan de ser los representantes populares
sujetos a un código deliberativo y se convierten en actores de una mala comedia
política que tiene por objeto la conquista del micrófono, la ocupación de una
mesa, la repetición de consignas bobas—toda consigna es boba.

Muchos
dirán que se trata de una banalidad; que no tendríamos ya por qué perder el
tiempo con esos espectáculos triviales. Creo en lo contrario: los actos que
pretenden impedir el funcionamiento del congreso son inadmisibles y mal
haríamos en pensar que se trata de simples anécdotas irrelevantes. Difícilmente
podremos tener una democracia sólida si no contamos con congresistas que
defiendan al Congreso, que respeten el principio deliberativo y el criterio de
votación mayoritaria. Lo curioso de el espectáculo frecuente en nuestra
legislatura es que el operativo proviene precisamente de los legisladores. Son
los diputados los que pretenden imponer su voluntad por medio de una conquista
física del congreso. Son ellos quienes querrían silenciar a los otros e imponer
su voluntad por encima de los votos.

La
toma de tribuna es un espectáculo de inspiración radical y de expresión
burlesca. Retórica épica y teatralidad caricaturesca. Por una parte, parece un
acto esencialmente revolucionario: los verdaderos representantes del Pueblo
toman el poder en sus manos para cambiar la historia. Desplazan a los traidores
para instaurar el gobierno del pueblo. Pero este acto sin riesgo termina en
simple desahogo. Los diputados gritan, repiten algunas frases, muestran
camisetas, despliegan pancartas y se regresan a sus asientos, seguramente
satisfechos de que dieron lo mejor de sí mismos para impedir el atropello. La
sesión continúa tarde o temprano, después del paréntesis.

La
ocupación de la tribuna del Congreso tiene una misión justiciera, por supuesto:
impedir la tiranía del debate y esa imposición grotesca de la votación
mayoritaria. A la pedestre lógica de la deliberación contraponen la retórica de
los cuerpos que ocupan físicamente el espacio legislativo, los gritos que asfixian
cualquier argumento. Se trata, como siempre advierten, del último recurso:
ellos querrían quedarse a escuchar el debate desde su curul pero se ven
obligados al asalto. No les queda de otra. Se ven forzados a impedir a gritos que
otros hablen y que se imponga la cuenta de los votos. Quienes toman la tribuna
definen sus contribución a la vida parlamentaria en los términos más pedestres:
bultos que gritan. A su grupo político aportan cuerpo y ruido.

Hay,
desde luego, una filosofía detrás de la toma de tribuna. Es la denuncia del
mayoriteo, extrañísima expresión que convierte a la regla básica de la
democracia en acto reprobable. Mayoritear: verbo de una democracia vergonzante.
Valdría recordar para acentuar el absurdo que el nuevo congreso se formó con el
reconocimiento de todas las fuerzas políticas. Si en la elección presidencial
hubo inconformidad, no la hubo en cuanto a la formación de las asambleas
federales. En ese sentido, la idea de boicotear la decisión mayoritaria es aún
más aberrante. No se cuestiona la representatividad del Congreso y aún así se
pretende, desde el Congreso mismo, obstaculizar su funcionamiento.

Afortunadamente,
el último asalto recibió una trompetilla de la mesa directiva de la Cámara de
Diputados: si lo que les importa es el espacio físico del palacio legislativo,
quédense con las sillas y con los micrófonos. Nosotros dirigiremos la sesión
desde el palco. Hay que romper el circuito del chantaje y exhibir la ridiculez
de una conducta políticamente ineficaz pero democráticamente corrosiva.

 

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5 Comentarios

  1. ¡Bravo, Jesús! Sigues siendo una de las voces más importantes de la conciencia lúcida de los mexicanos que sí pensamos y queremos un mejor país. Un abrazo.

  2. Don Atilano dice:

    Por favor copie este articulo a todos los diputados y senadores. Es ridículo que queramos democracia solo cuando ganamos. Cuando el voto nos es contrario, entonces la democracia no sirve, porque nosotros somos los iluminados que sabemos que requiere el pueblo.

  3. Eduardo Begne dice:

    Mayoritear, negociar, concensuar son en boca de los autoelegidos palabras profanas y heréticas en el templo del maniqueismo politico tribal mexicano… y sí ellos si representan al pueblo a esa parte que se cree victima, esperanzadora en mitos y leyendas del eterno retorno a la pureza de la patria… vaya que antiguo regimen politico aun se avala en Mexico

  4. Diefkrs dice:

    “Pero este acto sin riesgo termina en simple desahogo.”
    La mejor observación. ¿Cómo es que esos diputados no tienen una mejor forma de “tomar” el congreso? Es decir, invadirlo con denuncias acertadas y propuestas creativas, como en ocasiones hicieron Noroña o Clouthier.
    “La ocupación de la tribuna del Congreso tiene una misión justiciera, por supuesto: impedir la tiranía del debate y esa imposición grotesca de la votación mayoritaria.”
    Aquí si estoy en desacuerdo: No es que se esté en contra del debate, no lo observo así. Pero creo yo que ese espectáculo cortesano que gustan montar los dóciles representantes del corporativismo y de los grandes capitales, no debía pasar sin una reacción. Lo que a mi juicio está mal no es oponerse a ese “debate” sin contenido, lo que está mal es la falta de contenido que la izquierda misma exhibe: El país está mal, y no se denuncia con coherencia ni se propone con inteligencia.
    “Afortunadamente, el último asalto recibió una trompetilla de la mesa directiva de la Cámara de Diputados: si lo que les importa es el espacio físico del palacio legislativo, quédense con las sillas y con los micrófonos. Nosotros dirigiremos la sesión desde el palco. Hay que romper el circuito del chantaje y exhibir la ridiculez de una conducta políticamente ineficaz pero democráticamente corrosiva.”
    Ese episodio pareció, más que una muestra de dignificación del parlamento, una muestra de la “modernización” del priísmo: “Es decir, la solemnidad siempre que nos permita avanzar con calma, pero ante la oposición, con buen humor nos dejaremos de tomar a nosotros mismos tan en serio”.

  5. elena mercado dice:

    Eres y siempre has sido muy “fresa”. Pareces sacerdote: ay! qué espectáculo tan feo el de los diputados de izquierda! Hubiera sido más enriquecedor que dieras tu punto de vista sobre lo bueno y lo malo de la reforma laboral. Pareces panista de Guanajuato!

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