20, May 2019

1994


La historia no crece como el pasto. Hay momentos en que el tiempo se acelera, horas que precipitan cambios colosales, instantes que revientan lo que, por décadas o siglos permanecía firme. Entender la historia es aproximarse a sus dos ritmos. Al lento flujo de los días, a las persistencias, a la discreta sedimentación de los cambios y también a los acelerones y a las rupturas súbitas. Ese fue uno de los lentes del historiador húngaro John Lukacs: la historia “microcósmica.” Se refería al análisis de las coyunturas decisivas. En su trabajo como historiador fue poco a poco comprimiendo el tiempo. Si en su primer libro sobre la Segunda Guerra analizó los dos años más intensos del conflicto y en el segundo examinó el duelo entre Hitler y Churchill narrando ochenta días de 1940, su tercer libro sobre la guerra exprime lo sucedido en menos de una semana. Cinco días en Londres es el título del libro. Sus amigos bromeaban que el siguiente trabajo abordaría los quince minutos más dramáticos de la guerra.

1994, el documental de Diego Enrique Osorno producido por Vice que puede verse en Netflix es un ejemplo de esta perspectiva microcósmica. En unos meses se revelan las tensiones enterradas de México, desaparecen los cuentos con los que nos arrulló la retórica oficial, queda hecha polvo la ilusión de cierto futuro. Fue entonces que, a golpe de rebeliones y conspiraciones palaciegas, se descarriló el proyecto más ambicioso de modernidad. Y la sangre, desde entonces, en el centro. 1994 es el año en que todo se rompe en México. Lo vemos en los vertiginosos capítulos del documental. El relevo presidencial se sale del libreto de la disciplina priista. El mito de la paz se rompe con el estallido zapatista. La violencia vuelve a la política e irrumpe también, con enorme fuerza de seducción, la palabra sublevada. Los enredos sucesorios producen una crisis económica brutal. Por supuesto, aquel año no terminó el 1º de enero de 1995. Dormimos en buena medida en las réplicas de aquellos terremotos. La paz rota, el entendimiento imposible.

La historia mexicana se tuerce en 1994. No por un evento supremo que lo hubiera alterado todo, sino por una sucesión de infortunios, azares y tragedias. Si recordamos 1968 fue por el movimiento estudiantil. Si recordamos el 2000 será por la alternancia. 1994 no puede quedar cifrado en un acontecimiento porque fue un torbellino de catástrofes. Osorno no coquetea en ningún momento con la maniobra perversa y todopoderosa que mueve todos los hilos. Esa suele ser la tentación del documentalismo elemental. Revelar el cuartel de las conspiraciones. El periodismo de Osorno, por el contrario, nos permite advertir lo contrario, es decir, la dimensión del caos. Muestra por eso las contradicciones, las incoherencias y los misterios de aquellos días que siguen vivos. Lo que vemos gracias al admirable uso de los archivos y las entrevistas puntuales es que aquellos terremotos en la cúspide y en la base destruyeron las columnas del sentido. ¿Qué demonios pasa en México? No hemos podido dejar de hacer esa pregunta desde entonces. Es la angustia de una política fuera de curso. La vivencia de un momento trágico: el tiempo fuera de quicio.

Quien recuerde aquel año dialogará, discrepará con el documental de Osorno. A ratos, el documental parece el testimonio de Carlos Salinas sobre aquellos días. La versión del presidente impera sobre el resto de las voces. Aparece como un estratega brillante, un estadista imperturbable que es también un amigo sensible. Luis Donaldo Colosio es retratado como un santo al que no permitieron obrar la conversión democrática del régimen. Podemos ver los ejercicios militares de los zapatistas y escuchar la voz de un subcomandante Marcos panzón, pero me parece que no se logra recrear el impacto que sus mensajes tuvieron entonces. México estuvo, en 1994, hipnotizado por unas cartas que venían de la selva.  Y de la incubación de la terrible crisis económica del 95 apenas tenemos algún indicio. Críticas menores. 1994 es un documental ejemplar. Valioso, sobre todo, porque permite encarar esa historia reciente que es historia presente.

Un acontecimiento se le escapa al documental. En 1994 se estrenó Pulp Fiction.

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