11, Sep 2014

Carreño y la peste de los críticos

En su espacio en El universal, el director del Fondo de Cultura Económica ha continuado la discusión iniciada hace unas semanas. Hay elementos que parecen francamente inquietantes. No creo que deban ser pasados por alto.

El 27 de agosto, José Carreño Carlón publicó un artículo llamado «El ‘trending topic’ y la ilusión del consenso«. El director del FCE describe las redes sociales como mecanismos que pueden servir para la circulación de bajezas. Escudado en fuentes académicas concluye que estos espacios producen un «pensamiento grupal» que aniquila la lógica. ¿Ejemplos de ese crimen contra el pensamiento? Las reacciones en las redes sociales a la exitosa entrevista organizada por el FCE con el presidente Peña Nieto. Eso dice José Carreño. Y va más allá. El virus se extiende, dice, «a la prensa formal» e, incluso, ¡a «comunicadores ilustrados»! Se refiere explícitamente a Héctor de Mauleón, quien publicó un texto impecable donde se atrevió a preguntar por qué una editorial pública celebraba su cumpleaños con el presidente sin mencionar ni una sola vez la palabra «libro.» Frente al atrevimiento, el director del Fondo diagnostica que el cronista es víctima de ese «pensamiento grupal», que se trata de un hombre afectado en su «capacidad mental». El articulista aniquila la lógica porque hizo una horrible pregunta: ¿por qué se olvidaron de la cultura cuando celebraban las ocho décadas del Fondo? A la pregunta certera, una descalificación grotesca. El director del Fondo remata su artículo advirtiendo la gravedad de la amenaza: ese pensamiento grupal puede provocar un desastre para la gestión pública. El argumento, a pesar del fárrago de su expresión, tiene un aire intimidatorio: los críticos, víctimas de una infección de pensamiento, ponen en peligro la gestión gubernamental. Con las arcaicas fórmulas  del pluralismo otorgado, Carreño habla de respeto a la diversidad pero apunta que los críticos son, en realidad, amenaza.

El día de ayer, José Carreño Carlón intentó un balance de las conmemoraciones de los 80 años del Fondo. Celebra que una discusión haya «desplazado» la controversia sobre la participación del FCE como organizador de una entrevista con el presidente. Lo importante para el comunicólogo es, al parecer, el ruido que hacen los debates, no su sustancia. En su balance, que imagina frío y ponderado, descifra el origen de las críticas que recibió. Resulta que sus críticos no quieren al Fondo, quieren apoderarse de él. Se arropa en «académicos memoriosos de la UNAM y de El Colegio de México» para encontrar la conjura que lo explica todo: quieren transferir el catálogo a manos privadas; quieren cambiar al director para beneficiar a sus clientelas. Esa es la conclusión del funcionario peñista. Los críticos, a los que vuelve a tildar de histéricos, son, en realidad, rentistas.

¿No es esto preocupante? ¿Exagero?

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5 Comentarios

  1. Jesús Chávez dice:

    Memorable como siempre maestro Silva – Herzog, demuestra usted que la prensa se combate con la prensa, y no con la descalificación grosera.

  2. Fernando Tola de Habich dice:

    DESCELEBREMOS AL
    FONDO DE CULTURA
    ECONÓMICA

    Fernando Tola de Habich

    Nadie puede negar que el Fondo de Cultura Económica es o fue una de la empresas editoriales más im-portantes de lengua española. Sin embargo, para todos los que feste-jan su existencia no está de más recordarles lo que es en realidad el Fondo de Cultura Económica.
    Planeada y proyectada por un grupo de intelectuales mexicanos, la primera intención fue conseguir capital español para ponerla en marcha. La empresa Calpe –luego Espasa Calpe- rechazó el proyecto con la conocida frase de Ortega y Gasset: “no nos metamos ahí que eso es un banquete de negros”.
    Cosío Villegas, su principal promo-tor, no tuvo otra alternativa, ante la tacañería de los capitalistas mexi-canos, de recurrir al gobierno me-xicano (al PRI o como se llamase en esos años) a que aportaran la totalidad del capital de la empresa para ponerla en funcionamiento. En otras palabras, Cosío Villegas entregó su proyecto a un gobierno, el PRI, para que fuera el dueño, promotor y director de la editorial que pensaba crearse. Nació así la única editorial gubernamental del mundo de habla hispánica y del mundo llamado capitalista que no estaría encaminada exclusivamente a la publicación de balances, memorias, partes, informes estata-les, como es costumbre en todo los gobiernos existentes.
    La idea era bastante eficiente. Se trataba de editar libros en lo fun-damental económicos, pero al poco tiempo se aceptó ampliar este campo para cubrir otros territorios del conocimiento científico (historia, sociología, antropología, geografía etc). Debe decirse también que la junta de gobierno del Fondo de Cultura Económica estaba de-signada por el gobierno mexicano (por el PRI), teniendo especial cui-dado, en los primeros años, en respetar el carácter intelectual de los componentes de su directorio.
    Con el paso del tiempo y la pre-sencia de los exilados españoles y de Alfonso Reyes, el Fondo de Cultura decidió incursionar también en la literatura y crearon una edito-rial o colección paralela, Tezontle, pero como todo buen pulpo guber-namental, el Fondo de Cultura Económica consideró que la Cultu-ra Económica abarcaba todo: hasta los libros infantiles. Y así, poco a poco, el Fondo de Cultura Ecóno-mica dejó su importante lugar en los primeros puestos de la edición en español, a las editoriales espa-ñoles y se limitó a pasar a un se-gundo campo, el de las editoriales de muy buen viejo fondo y de pu-blicaciones internacionales medio-cres o de autores nacionales.
    Una de las funciones gubernamen-tales cumplidas religiosa y políti-camente por el Fondo de Cultura Económica fue ahorcar cualquier iniciativa editorial de carácter pri-vado. Se puede citar, por decir al-go, a Joaquín Mortiz o a Era (para no hablar por sus bemoles de Po-rrúa o Siglo XXI o de la ediciones universitarias), pero debe recono-cerse que ambas editoriales por muy prestigiadas que sean en Mé-xico, son inexistentes a nivel inter-nacional y son muy pequeñas hormigas comparadas con la fuerza económica y distributiva del Fondo de Cultura Económica.
    Por otro lado, debe aceptarse que con el paso de los años, el Fondo de Cultura Económica careció de cualquier editor capaz de dirigir y manejar una editorial de su dimen-sión e importancia. Personas del prestigio intelectual de José Luis Martínez o de los antecedentes po-líticos del expresidente Miguel de la Madrid o de los tintineos familiares del hijo del dueño de Joaquín Mortiz, no tenían valores y capaci-dades profesionales para ponerse al frente de una editorial que abar-ca ya todos los campos del saber humano y a la que se ha orillado a ser incapaz, incluso, de mantener-se como la editora de las figuras más resaltantes internacionalmente de la cultura mexicana, salvo en la edición o coedición de algunas Obras completas o Escogidas de autores nacionales, pues cualquier escritor mexicano que destaca mí-nimamente de inmediato busca ser editado en España.
    También, en el mercado interna-cional de la venta de derechos de autor, el Fondo de Cultura Econó-mica, a pesar de su capital y de sus presupuestos anuales (inclu-yendo su helipuerto para los direc-tores), es incapaz de competir, por ignorancia profesional, en la disputa de los libros verdaderamente capitales de la cultura actual. Des-de los años 80, el Fondo de Cultura Económica no ha logrado adquirir los derechos de ningún autor cuyo prestigio y difusión haya alcanzado nivel mundial.
    Pero si esta decadencia es mani-gfiesta, por otro lado no puede du-darse de “la mano negra” del con-trol intelectual del gobierno mexi-cano a través del Fondo de Cultura Económica en lo referente a la res-tricción de la edición privada y la sumisión intelectual de la produc-ción nacional; evoquemos, en po-cas líneas , para completar el cua-dro del control editorial e intelectual del gobierno mexicano, al monstruo editorial creado por otra institución cultural del gobierno, CO-NACULTA, dispuesta a editar todo lo editable y lo no editable si es necesario, con derechos o de do-minio público (como los clásicos de todos los tiempos), incluyendo además, con altas pagas, los libros o segundas ediciones de cuanto autor nacional se acerca a sus ofi-cinas a ponerse al servicio de la editorial del gobierno (digamos del PRI o del PAN), quien a partir de ese momento recibirá como gratifi-cación por su incorporación al go-bierno, becas, premios y muy bue-nos honorarios por prólogos o in-formes de lectura (igual como su-cede en el Fondo de Cultura Eco-nómica en cuanto a servicios edito-riales).

  3. Miguel dice:

    Bien por el artículo. Simpático el comentario copy-paste anterior. La teoría de conspiración descubierta en la arqueología del Fondo.

  4. OS dice:

    El caso es similar a cuando acusaban a Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore de querer tomar el Ministerio de Magia cuando anunció el regreso de Voldemort. Esto es común en regímenes que temen a la crítica y empiezan a descalificarla por «poner en peligro el orden». Por pequeño que sea el personaje, así se empieza…

  5. Armando dice:

    Jesús, cada día me da más gusto ver que en muchos sentidos no has perdido tu filo crítico. Fui aficionado (fanático, de hecho) del primer Primer Plano que llegó en el momento correcto en el lugar correcto pero desde principios del sexenio calderonista (justo cuando Peña emergía como certeza presidencial) me desinteresé de la vida pública mexicana. Con demasiado pesimismo, quizá, entendí una parte de lo que dice Carreño y justo por el ascenso de Peña me convencí que lo que pudieron ser fabulosas herramientas de conocimiento y debate se convetían, nuevamente, en espacios de destrucción y manipulación.

    Todo lo que apuntas en esta entrada no es solo cierto sino, como también lo enfatizas, sumamente grave. Sé que un analista serio como tú no puede ni debe sumarse al trolismo natural de quien, como yo, es mero espectador, pero por lo mismo yo me atrevo a aventurar una explicación al estilo «Navaja de Occam». Carreño es, todos lo sabemos, un Salinista de hueso colorado. El Gobierno de Peña, siempre me ha parecido y ahora lo confirmo, no lo dirige Peña, lo dirige Salinas, si no en la práctica sí por lo menos en la ideología. El estilo «pretendido-erudito/intimidatorio» fue el sello característico del salinato y ahora regresó en una versión acorrientada, mediatizada y populista con el peñismo.

    Pero detrás del estilo (la famosa forma y fondo) está por supuesto algo mucho más grave: El propósito. Pensamiento único, incapacidad de crítica y disenso, señalamientos ad hominem y no a la razón. Porque en el fondo, y eso lo saben porque NO son tontos, no tienen razón, gobiernan por la fuerza de sus engaños y manipulaciones.

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