23, ene 2017

El pintadiablos

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A Goya debemos verlo como uno de los grandes pensadores de la historia. Lo propone Tzvetan Todorov en un ensayo sobre su obra. En sus lienzos y sus grabados reconocemos no solamente a uno de los grandes pintores de todos los tiempos, sino a un pensador a la altura de su contemporáneo Goethe o de Dostoievski, medio siglo después. Pintar ideas, pensar con tinta. El Museo de San Carlos presenta en estos días una exposición del artista de Fuendetodos. Es una muestra pequeña y modesta en la que pueden verse algunos de sus grabados más famosos. Vale advertir que hay pocos lienzos de Goya e, incluso, piezas de sus copistas. El centro de la exposición son los grabados que integran sus libros. Están los ochenta caprichos, dieciocho disparates y siete grabados de la tauromaquia. Se extrañan, por supuesto, por estar tan cerca del México de hoy, sus grabados de los desastres de la guerra. Con todo, la muestra de San Carlos permite un acercamiento al mundo de Goya, a su visión del mundo, a su idea del hombre.

Podemos encontrar al fisonomista que se deleita en las formas del cuerpo, que retrata la hermosura y la fealdad, la voluptuosidad y el defecto. Aparece también el sociólogo que cataloga la diversidad y denuncia la miseria. Majas, toreros, putas, curas, changos, vagabundos. Sujetos enmascarados, elegantes, harapientos. Caracteres ridículos, temibles, entrañables. Bizcos, cojos, jorobados. Se puede ver también aquí al moralista que denuncia la hipocresía y se burla de la superstición. Su anticlericalismo no lo conduce, sin embargo, al optimismo de su siglo. Goya sabe bien que los filósofos producen tantos monstruos como los hechiceros.

 

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