03, sep 2014

Respuesta de Leo Zuckermann (y la mía)

El día de hoy Leo Zuckermann contesta mi crítica reciente. Me llama caricaturista, lo cual agradezco sinceramente. Insinúa, por su parte, una viñeta pero desafortunadamente hace el gesto de borrarla.

Yo no tendría problema que existiera el FCE siempre y cuando dejara de recibir subsidios del Estado. No me parece correcto que se utilice dinero público para beneficiar a las clases medias y ricas del país que son las que, por desgracia, más leen en México, según las encuestas de lectura. En el caso del FCE son 238 millones de pesos al año. A eso habría que sumar los subsidios de todas las publicaciones que hace el Estado a través del Conaculta, las universidades públicas y los centros del investigación. ¿Se justifican? No lo creo. Y no por eso le ando prendiendo incienso al mercado.

Silva-Herzog no acaba de creer que las nuevas tecnologías han abierto espacios que antes estaban cerrados para los autores. No da razones de por qué. Antes, las decisiones de qué se publicaba las tomaban los editores. Hoy, gracias al internet, un autor puede autopublicarse. Por eso no entiendo por qué dice que en la actualidad nadie publicaría a  Kafka cuando Kafka podría publicarse, hoy, a él mismo. Eso es un hecho indubitable.

Creo que el argumento de Leo es claro y es, por supuesto, coherente. Me sigue pareciendo ideológico y candoroso. Parte de la confianza de que no puede haber sensata inversión pública en cultura, sino dispendio en beneficio de los privilegiados. Subsidio dice y repite Zuckermann para enfatizar su carácter pecaminoso. No cuestiona la política editorial del Fondo de Cultura Económica (y de otras instituciones públicas)–lo cual, desde luego es indispensable–sino su existencia misma. Siendo una empresa pública tiene un pecado de origen. Así es la política y así será, nos dice para no hacernos ilusiones: si es una institución gubernamental será irremediablemente servil. Discrepo. El Fondo tiene una tradición de dignidad que muestra lo contrario. No es una tradición impoluta, pero es respetable.

Curiosa lista de éxitos del mercado, la que difunde Zuckermann para sostener su convicción: el espectáculo de la Feria de Guadalajara, el fenómeno de Harry Potter y la autopublicación de amazon. En ese feliz mundo digital de bestsellers y circos multitudinarios, supongo, ya no serán necesarias las editoriales, ni los críticos. En realidad, mi desacuerdo con Leo no es solamente sobre el sitio del Estado en el mundo editorial sino sobre la naturaleza de la conversación cultural. El editor, como primer crítico, importa. La historia del FCE es demostración precisamente de ese lugar culturalmente relevante que corresponde a las grandes editoras. Por eso creo que en el ecosistema editorial mexicano, la presencia de una editorial pública fuerte es importantísima–si es fiel a su misión.

El argumento de Leo Zuckermann, desde luego, trasciende el mundo de los libros. Su dogmática lectura del liberalismo lo conduce a una penosa demagogia populista: como los pobres no leen, que el Estado no desperdicie ni un centavo en libros. Habría que ir un pasito más adelante: si no van a leer, ¿para qué malgastar el dinero de nuestros impuestos enseñándoles el alfabeto? Siguiendo la lógica estricta de Leo Zuckermann, valdría preguntar: ¿se justifica la existencia de Bellas Artes si la mayoría de los mexicanos no conoce el Museo de Arte Moderno? ¿Debe recibir subsidio la Sinfónica Nacional si los pobres no van a sus conciertos? ¿Deben usarse nuestros impuestos para subsidiar la exposición de José María Velasco que se acaba de inaugurar?  Yo creo que sí. Será porque quiero defender, como los integrantes de la Sección 22 de la CNTE, mis “prebendas”.

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20 Comentarios

  1. Carlos López de Lara dice:

    ¡Touché!

  2. Alejandro Huezo dice:

    Otro problema de Leo Zuckerman no da referencia de dónde saca las estadísticas que indican que el FCE favorece a las clases medias y ricas del país.

  3. Alan Sánchez Vázquez dice:

    Excelente argumentación, me parece que el último de sus párrafos deja al descubierto simplista pero peligrosa ideología del señor Z. Habría que añadir que es justamente ese mismo el argumento para el surgimiento de tantas escuelas privadas pretendiendo que son la solución a los problemas educativos del país.

    Saludos

  4. Guillermo Máynez dice:

    El Estado tiene, entre otros, un papel fundamental en la economía: corregir las fallas del mercado. Como los mercados editoriales privados necesitan ser rentables en el corto plazo para sobrevivir, al Estado le toca promover proyectos editoriales que, incluso si no llegan a ser rentables, ocupen un espacio de conocimiento útil para la sociedad (como libros especializados y caros que difícilmente generarán ganancias pero que apoyarán el desarrollo de ciertas áreas importantes para la ciencia y las artes). Si el Estado tiene que gastar un poco en eso, el rendimiento social es mucho mayor.

    Ciertamente mayor que las aportaciones a líderes sindicales o a directores generales adjuntos.

  5. Vicente Arredondo dice:

    Este debate pareciera que confirma la existencia de dos visiones sobre la razón de ser de la sociedad y cómo se opera dicha razón. El inexistente de facto libre mercado versus el gobierno benefactor. En realidad los dos están sustentados en subsidios y en utilización de los recursos públicos. ¿No convendría empezar a revisar y solucionar nuestros problemas con eso que se llama “sentido común”?

  6. Alan Capetillo dice:

    Aunque siempre he admirado tus artículos. En esta ocasión creo que Zuckermann. Tu argumento de fondo no deja de ser de una arrogancia intelectual bastante notable, en el que se detecta lo que podríamos denominar cierto paternalismo cultural. Hablar de “El Mercado” como tu lo haces es ciertamente una caricatura. El mercado son las personas evaluando libremente el contenido y la calidad de sus lecturas, el FCE no es otra cosa que el mecanizamos por que cual una supuesta “elite intelectual” obliga al resto de los ciudadanos a subsidiar sus aficiones literarias. Yo sinceramente admiro tu forma de escribir, yo pagaria por leer tus textos al precio que fuera necesario, pero jamas obligaría a los demás a que subsidiaran mis gustos.

    Alan Capetillo

  7. Alan Capetillo dice:

    Aunque siempre he admirado tus artículos. En esta ocasión creo que Zuckermann tiene razón. Tu argumento de fondo no deja de ser de una arrogancia intelectual bastante notable, en el que se detecta, lo que podríamos denominar cierto paternalismo cultural. Hablar de “El Mercado” como tu lo haces es ciertamente una caricatura. El mercado son las personas evaluando libremente el contenido y la calidad de sus lecturas, el FCE no es otra cosa que el mecanizamos por que cual una supuesta “elite intelectual” obliga al resto de los ciudadanos a subsidiar sus aficiones literarias. Yo sinceramente admiro tu forma de escribir, yo pagaria por leer tus textos al precio que fuera necesario, pero jamas obligaría a los demás a que subsidiaran mis gustos.

    Alan Capetillo

  8. Edgar urquidez dice:

    Cada quien defiende, claramente lo que le conviene… Lo que usted argumenta irónicamente en su último párrafo es esa realidad, sugiere para que invertir en educación si no se va a leer….. Con todo respeto busque otros fundamentos, acaso el país tiene la mejor educación hoy en día, acaso son los mejores maestros, acaso no ve los problemas de nuestra educación…… De dónde sacara el pobre dinero para pagar un libro de 500 pesos mínimo, para asistir a un concierto de la sinfónica, para ir al museo, que sólo encontrara en la capital de su estado, si no tiene ni para comer, para vestir o para pagarla educación que se supone es gratuita…….. No estoy en contra de esos fondos, sólo que nuestros dineros se invierten en el disfrute de la clase alta, clase política esas clases que bien podrían invertir sus dineros, que les dimos nosotros, en esos fondos de cultura y arte, y utilizar los dineros públicos, precisamente en eso en el pueblo, que cada día que pasa, caerse más y más de las cosas básicas para salir adelante

    • Diego dice:

      Hombre… cómo se ve que usted no conoce los precios del FCE, la Sinfónica Nacional, la Cineteca, los museos públicos… Distan mucho de los “500 pesos” que usted menciona y en muchos casos son gratuitos. “El pobre” como usted lo llama despectivamente puede tener acceso a la cultura fácilmente.

  9. Guillermo Martinez-Zalce dice:

    Ambas visiones no son contradictorias.

    Silva-Herzog entiende los objetivos últimos de la industria editorial, la promoción de la cultura mediante la creación de un catálogo que permita la mejor divulgación del pensamiento.

    Zuckerman por su lado entiende que subsidiar una empresa cuyos beneficios van a una pequeña parte de la sociedad, no es productivo.

    Ambos tienen razón, pero parten de puntos de partida distintos. El FCE, tiene la responsabilidad de publicar obras de mérito propio, que difícilmente tienen cabida en otras casas editoriales. Sin embargo, el FCE debe tener también la responsabilidad de buscar la autonomía financiera que le permita tener un catálogo sano, con novedades que interesen al público consumidor y que, en su momento, busque también expandir el mercado objetivo.

    Las utilidades en el negocio editorial no están en las novedades. Están en las re-ediciones. Un catálogo sano siempre permite expandir el número de novedades, financiadas a través de las re-ediciones.

    Es materia de balance en el catálogo. Lo que se trata es evitar que los libros se mantengan en las bodegas.

  10. José Luis dice:

    Estoy de acuerdo con ambos -no es contradictoria dicha postura-. Pues estoy convencido que el Estado debe apoyar CIERTAS cuestiones culturales, deportivas y de inclusión social necesarias para el desarrollo intelectual y humano de una sociedad. Pero no estoy a favor que deba apoyar todos los proyectos únicamente por ser culturales pues se convierte en dispendio con pocos beneficiados.

    Este debate, tal vez, es muy enriquecedor pues ambos tienen hasta cierto punto razón.

  11. Gerardo Leal dice:

    Si, publicar un libro es fácil. Vivir de esa autopublicación, comercializarlo, promoverlo, llegar al úblico que quieres llegar… no tanto.

    Yo creo que se deberia tomar un enfoque ligeramente distinto a la crítica de Zuckermann.

    Yo no cuestiono la labor en difusión de cultura que debe hacer el estado. Vaya, ni siquiera tengo elementos para decir si es mucho o poco el dinero que se le destina. Eso depende de que quiere el estado mexicano (que no es lo mismo que el gobierno en turno) obtener objetivamente de esa función.

    Lo que si cuestiono es si no debiera el FCE tener un enfoque mas cercano a los nuevos métodos de distribución. ¿es el mejor uso del dinero, por ejemplo, mantener las tiendas del FCE en lugar de usar otros canales de distribución? Y no me refiero a otras librerias, sino precisamente a canales digitales para la difusión de la cultura.

    No me malentiendan. Me encanta ir a las librerias del FCE. Me encanta la del ex-cine Bella Epoca. Tambien la del Museo de la cd. de México (no tanto las del aeropuerto, donde todo está amontonado). Es una gran experiencia de exploración.

    … pero quisiera tener una experiencia igual de agradable en su tienda virtual, que parece más bien un catálogo de lo que no se debe hacer en la construcción de un sitio de comercio electrónico, de 1998.

    ¿El uso más agresivo e intensivo de canales digitales no potenciaria la difusión de la cultura mexicana no solo en este país, sino en el resto de Iberoamérica?

    Tener por ejemplo, contenido del FCE en iTunes U, en Google Play o en Amazon, ¿no multiplicaría exponencialmente la labor de difusión del FCE?

    Los canales ya estan ahí, los consumidores culturales también. ¿esta el FCE realmente accediendo a todo el potencial que eso representa?

    De nuevo, no es una solución que ajuste a todos los mexicanos, pero si creo que podria alcanzar para hacer mucho más si se cortan algunos de los costos asociados a fisicamente hacerle llegar un libro a un lector. Eso beneficiaría no solo a los que pueden (¡y deben!) pagar el costo de un libro, sino también podria “subsidiar” a los que no y a la gente que crea ese contenido.

  12. Alfredo Fernández de Lara Gaitán dice:

    Según Zuckerman “Hoy, gracias al internet, un autor puede autopublicarse. Por eso no entiendo por qué dice que en la actualidad nadie publicaría a Kafka cuando Kafka podría publicarse, hoy, a él mismo. Eso es un hecho indubitable”. Valdría la pena que diera ejemplos concretos de autores que se han “auto publicado” y que han logrado tener el impacto universal que tienen autores como Kafka, Fuentes o García Márquez. No estaría de más que le diera una leída a Benedict Anderson para ver el papel que tuvo la imprenta y la expansión del libro entre las masas para secularizar a las sociedades europeas. El Fondo de Cultura Económica no sólo es una institución cultural con repercusiones en México, sino en el exterior es parte del soft power que representa la fuerza cultural de México en el exterior, un ejemplo es el 4o Festival “Visiones de México en Colombia” que actualmente se está presentando en Bogotá.

  13. Juan Carlos Cantú Rodríguez dice:

    ja ja,

    ese Jesús Silva es un loquillo… Desde su sabionda arrogancia cree que solamente El sabe lo que los mexicanos deben valorar como “buena cultura”, y no el atarantado conjunto de consumidores (el mercado) que prefiere leer a Harry Potter en vez de las grandes obras del Chucho… Otra vez, nos recuerda aquel tema cuando se quejaba amargamente de que le recortaron el espacio en Reforma. Al respecto, vale la pena el comentario de Federico Arreola en ese momento:

    http://www.sdpnoticias.com/columnas/2013/11/25/para-silva-herzog-marquez-reforma-da-mas-espacio-a-las-pompis-de-salma-hayek-que-a-las-ideas

  14. Santiago Mora dice:

    Concuerdo. Daniel Cosío Villegas lamentaba que, en México, se hicieran valer casi siempre los aficionados a destruir. Para mi, es realmente terrible que Leo y las personas que parecen estar muy de acuerdo con él, en lugar de proponer mejorar al FCE –ciudadanizarlo y ampliar su impacto en la población menos favorecida o en los pobres que no leen, según dice, por ejemplo– lo quiera desaparecer.

    Ni en las épocas más cerradas y dogmáticas del liberalismo británico, lograron afectar el estado de bienestar, incluido el gasto en cultura. Zuckermann hubiera querido vender la BBC.

    Curiosamente va más lejos. Con sus endebles argumentos, se podría justificar que las calles, las banquetas, los parques y jardines de la colonia en la que él vive, el Estado no las financiara, o que le mandaran la cuenta de los servicios que le ha “subsidiado”, porque no es correcto “que se utilice dinero público para beneficiar a las clases medias y ricas del país”.

    El peor de los falsos dilemas: falsificar la inteligencia, simular boxear con la sombra.

  15. Carlos Medrano dice:

    La disparidad es absoluta en este país, uno no puede ser pobre porque la brecha social lo deja atrás, siempre he tenido la idea que la cultura acorta estas brechas sociales, si lo hace te permite conocer personas o estar en situaciones que de otro modo no podrías siquiera ser interesante para tus interlocutores.
    Pero si buscas un financiamiento o una beca, no puedes permitirte ser pobre en cuestión numérica, alguien incluso con una beca total para el extranjero no podría ser de origen humilde, si quieres ser ayudado por el gobierno no te es permitido vivir al día aunque te esfuerces al máximo, ser becado en el extranjero aún con ayuda total, cuesta y mucho.

  16. Cuauhtémoc Rodríguez dice:

    Que leer es caso es cierto, y en la ecuación de ese mercado el FCE es como la CONASUPO del mundo editorial donde cualquier editorial privada es Louis Vouiton.

  17. […] una institución como el FCE. Pero ambas intuiciones son erróneas. Jesús Silva-Herzog Márquez ha respondido muy bien al segundo […]

  18. Antonio de la Lanza dice:

    Confirmo que tienes toda la razón, la cultura es el cimiento y eje de un pais. JAQUE MATE L.Z.

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