12 Dic, 2019

12, Dic 2019

La razón ante el abismo

La crítica es la inteligencia del riesgo. Un caminar descalzo sobre la navaja. Nadie vivió esa osadía de pensar como Jorge Cuesta. En su Canto a un dios mineral contempla al mundo con el atrevimiento de la lucidez.

Nada perdura, ¡oh, nubes!, ni descansa.
Cuando en un agua adormecida y mansa
un rostro se aventura,
igual retorna a sí del hondo viaje
y del lúcido abismo del paisaje
recobra su figura.

Estrofa impecable que encapsula el peligro en que se ahondaba la esperanza de Cuesta. Cuando de veras se atreve la razón, todo se disuelve. Termina la calma para las aguas estancadas de la convención. Y el paisaje: puro abismo. Por eso al evocarlo, Octavio Paz no puede más que pintar el vértigo de la caída: el abismo de una razón destilada al grado de la insensatez.

El espejo que soy me deshabita:
un caer en mí mismo inacabable
al horror del no ser me precipita.

Y nada queda sino el goce impío
de la razón cayendo en la inefable
y helada intimidad de su vacío.

El artículo completo puede leerse aquí.
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