06, May 2021

Jueves

Nadar es combatir al ahogado que nos estrangula desde dentro. Quien nada en el mar se entrega a dos abismos en movimiento. Al suyo y al del agua. Un poema que respira mal se ahoga escribió Julio Trujillo en un ensayo sobre la natación y la poesía. En Jueves, el extenso poema que acaba de publicar bajo el sello de Trilce, se escucha la respiración de ese hombre que, con brazadas y palabras, lucha consigo mismo, que se interroga y se fustiga. También se oyen ahí los jadeos, los tragos de agua salada, la seducción de los piélagos y el silencio de un repentino remanso. El poeta huye de la ciudad para encarar su naufragio. Escapa del ruido y las prisas para sumergirse en la oscuridad: la noche más negra y el agua más brava de sí mismo.

Te has despertado en plena madrugada
y vas al mar sonámbulo
sonámbulo
en busca de olas negras
de súbitas paredes que te absorban

Este largo soliloquio se incorpora de inmediato a la exquisita tradición que existe en nuestras letras del poema extenso. Está ya, a lado de Muerte sin fin, de Gorostiza, de Piedra de sol, de Paz y, sobre todo, del Incurable de David Huerta, un poema que aparece de pronto como un hermano, como el origen tal vez, del “eco de una kilométrica derrota” que, palmo a palmo, recorre Trujillo. Jueves es el rezo hacia un dios en el que el poeta no cree. Una letanía sin fe que respira sin comas, sin puntos, sin mayúsculas. No las necesita esta poderosa recitación para dejarse llevar por la cadencia de la marea y los pulmones. Jueves, el día previo al encuentro del otro, el día de la soledad absoluta y plena es el tiempo suspendido en un abismo. Un día único y eterno, un día que prolonga una caída. Anotación en la agenda que recuerda que el jueves hay cita con el cuerpo, con la arena, con la iguana y con todos los monstruos.

Un hombre se confiesa frente al horizonte. Es, como su ojo, circular. Con una honestidad brutal, el monólogo del sobreviviente se adentra en todos los personajes de su vida: el que se interroga y el que no responde; el que vive y el que se aniquila. El que da vueltas obsesivamente, el que se hunde en el mundo y el que se desprende de su vida; el que se estrangula, el que se deja fluir y el que encalla. Un inclemente interrogatorio que se enrosca en la vida como un tirabuzón en la conciencia. El acto de entrega de quien se declara terrorista de sí mismo. La herida creció tanto, dice Trujillo, que ya soy ella y desde ahí me hablo. Las preguntas no tienen respuesta.

¿por qué deseabas todo el mar
todo el azul de un solo trago?

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