Arte

09, Sep 2015

La serenidad de Kahn

Vía @TALLER_Arq

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09, Sep 2015

A crear y a callar

amisa narrativa contem.

Antes de recibir el Premio Nobel, Wislawa Szymborska había concedido apenas unas cuantas entrevistas. Lo hacía de mala gana. No estoy hecha para ellas, decía: “El poeta ha de callar.” La voz para los poemas y para el té, para la página y la conversación familiar. Nunca para el micrófono. Si el poeta habla, ha de hacerlo a través de su poesía. Lo decía curiosamente en una entrevista y recordaba a Goethe: el poeta puede saber lo que quiso escribir pero ignora lo que ha escrito. No tiene por ello título para pronunciarse sobre su trabajo. Una amiga suya de la infancia decía que era imposible hablar con ella de poesía. Al salir el tema se ponía a platicar de pastelitos. Esa habría sido su divisa: a crear y a callar.

Hablamos demasiado. En nuestra época, dijo la poeta polaca, todo nos empuja a hablar: la radio, los periódicos, la televisión, los micrófonos, las grabadoras. Inventos para almacenar saliva. Hasta hace poco, “la Tierra se deslizaba por el universo en relativo silencio.” Ahora todo es ruido, ostentación, alharaca. En nuestra conversación con las plantas, la palabra la tienen ellas, que no hablan.

La biografía que se ha publicado recientemente de Szymborska es una celebración de su timidez, de su discreción, de su modestia. No es un monumento a la visionaria, sino un collage delicado como los que regalaba a sus amigos en cumpleaños: ilustraciones hechas de recortes de revistas y periódicos; frases que insertan ironía a una imagen. La han escrito Anna Bikont y Joanna Szczesna empleando el mismo cariño que Szymborka mostraba con tijeras y pegamento. El título viene de una línea de su instructivo para escribir un currículo.

La concisión y selección de los hechos es obligatoria.
Los paisajes deben convertirse en direcciones
Y dudosos recuerdos en fechas inmóviles.
De todos los amores, basta con el matrimonial,
Y en cuanto a los hijos, sólo con los nacidos.

(…)

Escribe como si nunca hubieras hablado contigo mismo
Y siempre te hubieras visto desde lejos.
Ignora perros, gatos y pájaros,
Trastos y recuerdos, amigos y sueños

Trastos y recuerdos, publicado por Pre-textos permite ese acercamiento íntimo. La memoria es borrosa, los amores fluidos, la militancia breve pero aleccionadora: una biografía más doméstica que literaria. Con buena razón el poeta Julian Przyboś le diagnosticó miopía: sólo es capaz de ver las cosas pequeñitas cuando las ve muy de cerca mientras las cosas grandes y lejanas le resultan invisibles. Escribió de la muerte de un escarabajo, de la caída de un mantel, del duelo de los gatos. La vida es tejida con palabras de amigos y lectores y, en alguna distracción, de ella misma. Sin mojigatería, atesoraba el recato. Exhibirse empobrece. “Al contrario de la moda actual, no creo que todos los momentos vividos en común sirvan para mercadear con ellos. Algunos son de mi propiedad sólo a medias. Además, sigo convencida de que los recuerdos que tengo de los otros todavía no han alcanzado su forma definitiva. A menudo converso con ellos mentalmente, y en estas conversaciones se plantean nuevas preguntas y respuestas.” Se disculpaba por estar chapada a la antigua. O a lo mejor resulta que soy vanguardista, agregaba: “¿y si en épocas venideras la moda de desnudarse públicamente fuera cosa del pasado?”

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02, Sep 2015

Amar es donde

Joan Margarit

Sentado en un tren contemplo los campos
y de pronto, fugaz, pasa una casa
que es el relámpago de alguna verdad.
Sería un error bajar del tren.
Ya no estaría.
Amar es donde, y siempre hay algo
que me lo revela: una terraza al sol,
la tarima del director de orquesta
sin nadie, con una rosa solamente,
mientras alrededor los músicos tocan solos.
Un dormitorio al alba, un campo segado.
Por descontado, el canto de aquellos pájaros
en el cementerio una mañana de junio.
Amar es donde.
Perdura al final de todo: es de donde venimos.
Y es el lugar donde va quedando la vida.

*

Joan Margarit, Des d’on tornar a estimar, Proa, Barcelona, 2015. Versión de Jonio González. Tomado de aquí.

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01, Sep 2015

Estar solo

Ida Vitale

Un desventurado estar solo,
un venturoso al borde de uno mismo.
¿Qué menos? ¿Qué más sufres?
¿Qué rosa pides, sólo olor y rosa,
sólo tacto sutil, color y rosa,
sin ardua espina?

Su Material de lectura puede leerse aquí.

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24, Ago 2015

La rivalidad de los genios

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En 1504 Miguel Ángel y Leonardo compitieron frente a frente. No sería descabellado imaginar que haya sido Nicolás Maquiavelo quien concibió poner al servicio de la república de Florencia la rivalidad de los genios. El gobierno republicano los convocó para retratar las guerras patrióticas en el Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio. Maquiavelo creía que la virtud cívica nacería de la contemplación de esa pedagogía de heroísmo y guerra. Para aprender a competir por la patria, atestiguar una contienda de artistas. Un muro correspondería a Leonardo, quien habría de pintar la batalla de Anghiari. Miguel Ángel pintaría la batalla de Cascina en el muro de enfrente. La firma de Maquiavelo puede leerse en el contrato celebrado con Leonardo.

No perdura ninguno de los frescos de aquel duelo. Se conocen bocetos y comentarios de quienes vieron dibujos y trazos. Ellos permiten apreciar las ideas contrastantes de la guerra: Miguel Ángel pintó el heroísmo de combatientes desnudos; Leonardo dibujó el infierno. Para Miguel Ángel, el combate era una fiesta del cuerpo, una celebración del músculo y la valentía. Para Leonardo, la guerra no era otra cosa que una locura. Algo de la rivalidad de los genios puede apreciarse hoy en las exposiciones en el Palacio de Bellas Artes: Miguel Ángel Buonarroti: un artista entre dos mundos y Leonardo da Vinci y la idea de la belleza.

 

El artículo completo puede leerse aquí

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17, Ago 2015

Una conversación entre Morton Feldman y John Cage

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16, Ago 2015

Violín

Óscar Hahn

Ese árbol
tiene un violín adentro

No fue tallado aún pero está adentro

Espera el día de la resurrección
árbol adentro

Dijo el señor Stradivarius:

tengo que rescatar a ese violín
tengo que quitarle la corteza
y verlo respirar al aire libre

Tengo que oírlo cantar para mí

Ese violín
tiene un árbol adentro
tiene flores que escuchan la música callada

Tiene pájaros

 En Señales de vida, antología publicada por el FCE.
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12, Ago 2015

Glass: un retrato de Philip en doce partes

Aquí la segunda parte.

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30, Jul 2015

Klimt: la última voluntad de Adele:

Gracias a Ana Schwarz.

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27, Jul 2015

Paul Klee, el pintor violinista

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07, Jul 2015

Akademgorodok, de Pablo Ortiz Monasterio

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En 1957 la ciencia soviética colocaba en órbita el primer Sputnik. Unos meses después, el proyecto Vanguard de los Estados Unidos, que tenía el mismo propósito de colocar en órbita una luna mecánica, fracasaba estrepitosamente. El proyectil que habría de despegar de Cabo Cañaveral no se elevó ni un centímetro. Unos segundos después de la ignición, se desplomó para desintegrarse entre las llamas. El contraste entre los lanzamientos marcaría la historia y, sobre todo, la mitología de la Guerra Fría. La Unión Soviética se adelantaba en la carrera hacia el futuro. El planeta parecía estrecho para la patria del proletariado, dispuesta ya a conquistar el espacio. Un par de años después del lanzamiento del satélite, Nikita Jruschov le advertía al vicepresidente Nixon que pronto el comunismo triunfaría en todos los ámbitos de la vida: desde los viajes espaciales hasta los refrigeradores. Es interesante ver el famoso debate entre el premier soviético y el político californiano conocido precisamente como el “debate de la cocina”: Jruschov llevaba a la polémica el programa espacial; Nixon presumía la televisión a color que estaba registrando la discusión. La ingeniería era el verdadero coliseo de la competencia histórica: la confianza de cada régimen no se expresaba como seguridad en su filosofía o en sus valores; no era una apuesta por el vigor de su economía, era confianza en su ciencia, en su técnica. Fe en los ingenieros.

De esa afirmación proviene el empeño de levantar, en el corazón de Siberia, un monasterio de técnicos, una ciudad para la ciencia: Akademgorodok. En el proyecto de su creador, el matemático Mikhail Lavrentiev, puede percibirse un eco medieval, universitario: apartar la inteligencia de la presión de lo cotidiano, amurallar la investigación para que florezca sin obstrucciones. Para habitar Utopía habría que levantar, primero, este paraíso de los científicos. Lejos de Moscú y de Leningrado, el frío siberiano cobijaría las mentes más brillantes del imperio soviético, permitiéndoles una entrega a la ciencia sin preocupaciones materiales y (por lo menos en principio) sin presiones políticas. “En breve –se decía en la fundación del campus– Siberia será la capital mundial del conocimiento científico.” Decenas de institutos, cerca de 30,000 científicos girando alrededor de laboratorios, pizarrones y bibliotecas. La ciudad universitaria no padeció las estrecheces del entorno. La chequera de Jruschov no tenía límites cuando se trataba de pulir su joya. Diseñado para mostrar el poder del experimento soviético, terminó descubriendo su fragilidad. La ciudad, efectivamente, le abrió espacios a la discusión, a la crítica, a la libertad. Ahí trabajó Andréi Sájarov, investigando desde los átomos hasta los quarks. Su trayecto científico es emblema de una evolución intelectual que es, en realidad, una transformación moral: de las bombas al pacifismo. Ahí abogó, ante Brézhnev, por los disidentes y sufrió las consecuencias del atrevimiento. Ahí escribió su ensayo “Progreso, coexistencia pacífica y libertad intelectual”, donde pide la salvación del socialismo poniendo fin a la dictadura de partido. La libertad para obtener y compartir información, la libertad para debatir sin miedo, la libertad frente al prejuicio y los dictados del poder eran vitales para la sobrevivencia de la humanidad. En su centro de economía, disciplina que algunos creen científica, los profesores Aganbegián y Zaslávskaya advirtieron que la comprensión de la realidad económica de la urss exigía apartarse de la ortodoxia marxista. Sus tesis tendrían un efecto definitivo en la perestroika. Gorbachov traería de Siberia a sus principales asesores económicos.

El artículo completo puede leerse aquí.

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18, Jun 2015

Tierra mojada

Ramón López Velarde

Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea…

Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa…

Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz…

Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras…

Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que, oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
y un poco San Isidro Labrador….

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26, May 2015

Mathias Goeritz: el hartazgo de la razón

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En 1954 corrió el rumor de que Mathias Goeritz había sido nombrado museógrafo de la Universidad Nacional. Ante la posibilidad de que ocupara esa oficina, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros le escribieron una carta al rector Nabor Carrillo para advertirle del despropósito. El periódico Excélsior la hizo pública. Los comisarios de la identidad consideraban inadmisible el nombramiento. El “individuo llamado Mathias Goeritz” era un “simple simulador, carente en absoluto del más mínimo talento y preparación para el ejercicio del arte del que se presenta como profesional. No es autor sino de lamentables caricaturas de lo que toma como modelo para fabricar ‘arte’ de la más vil calidad comercial ‘a la moda’ con el propósito de sorprender a los nuevos ricos aprendices de ‘snobs’ incapaces de distinguir la calidad de lo que adquieren o elogian. Individuo que representa, en suma, todo aquello que es contrario a la alta tradición y desarrollo del arte de México y su cultura nacional”. El nombramiento era inadmisible, un insulto para el arte y, por supuesto, para el pueblo de México. La intimidación tuvo éxito. La Universidad declaró pronto que el individuo había tenido un encargo provisional. Para alivio de los muralistas, el simulador no había sido nombrado “para nada”.

En su requerimiento al rector, Rivera y Siqueiros hablan de la “repugnancia” que sienten por el trabajo de Goeritz. El artista venido del mar Báltico componía en una clave que les resultaba absolutamente indescifrable. Si lo tachan de farsante es porque no tienen ojos para su obra. Podían combatir el arte reaccionario, la decoración burguesa pero la expresión de Goeritz escapaba de las categorías de su guerra. Goeritz no interrogaba el vocabulario del arte sino su fundamento, su tiempo. Los comandantes del arte revolucionario mexicano estaban frente a un neoprehistórico. Un paleolítico que se sentía bastante primitivo frente al hombre que dejó marcada la huella roja de su mano abierta junto con un punto rojo en una cueva.

 

El artículo completo puede leerse aquí…

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20, May 2015

La sal de la Tierra

Los libros de Sebastião Salgado no llevan pie de foto, no los necesitan. Al principio o al final de su trabajo sobre las migraciones o de su arqueología de la era industrial podrá encontrarse una indicación sencilla que revela el origen de las imágenes. Las fotografías no necesitan, por supuesto, explicación. Salgado invita a abrir el ojo para contemplar la aventura de los hombres y las bestias. Ver el humo, las cordilleras, los rostros no humanos, el acero de las máquinas. Sombras y chispas; miradas, callos, arrugas. De pronto, muy de vez en cuando, una sonrisa. Las proezas del planeta. A eso invita el fotógrafo: a leer, sin palabras, al mundo. A pesar de ser un reportero social, sus imágenes proponen un acercamiento a la realidad fuera de la ruta de las explicaciones. Al ver, tocar el mundo.

Cuenta Wenders que hace más de veinte años caminaba por Los Ángeles cuando se topó con la estrujante fotografía de los mineros de Serra Pelada. Nadie que haya visto esas imágenes podría olvidarlas. Grandiosos murales en blanco y negro que muestran el hormiguero de la codicia. Miles de hombres casi desnudos escarbando la tierra para arrebatarle una pepita de oro. Hilos, nudos de hombres que cumplen los dictados de una mecánica implacabale. El director quedó cautivado con la imagen y entró a la galería que mostraba la estampa. Descubría así que el fotógrafo se llamaba Sebastião Salgado y empezaría desde ese momento a admirarlo como uno de los grandes artistas de nuestro tiempo. Un cinematógrafo que captura la epopeya en un clic. Susan Sontag llegó a reprocharle la belleza de sus fotografías. La espectacularidad de sus tomas le resultaba falsa, condescendiente. La ausencia misma del pie de página negaba individualidad a sus personajes. Mientras a los famosos los llamamos por su nombre de pila, a los pobres les negamos apellido. Wenders entiende mejor a Salgado porque advierte la honda empatía de su mirada.

El admirador y el hijo ofrecen ángulos distintos del mismo personaje: uno enfoca al aventurero que viaja por el mundo para comprenderlo; el otro enfoca al padre ausente, al esposo en deuda de una mujer que le abre caminos. A decir verdad, la figura familiar es siempre borrosa. Nunca adquiere forma precisa. Dos o tres referencias que no terminan de desarrollarse para conocer en verdad al padre que viaja hasta las antípodas para alimentar la mirada. Desafortunadamente, el documental cae en la tentación de la coherencia: la vida del artista como viaje que empieza en una pregunta y termina con una respuesta. De la tragedia a la redención de las semillas. Más allá de ese hilo, el pie de foto dispone al fotógrafo ante su trabajo de décadas. El rostro de Salgado reviviendo las circunstancias del instante decisivo aparece y se disuelve de sus fotografías. La voz ilustra la imagen para explicitar una filosofía. Somos parte de la misma familia: exilados, mineros, tortugas, piedras.

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05, May 2015

Julian Barnes: ensayos sobre arte

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Julian Barnes publicará en estos días un libro que reúne sus ensayos sobre arte. Ojo abierto, podría ser la traducción al español. El Guardian publica lo que parece un extracto del libro, tal vez la introducción. El novelista relata su lenta aproximación a la pintura. Su distancia inicial ante la pretenciosa solemnidad con la que le era presentada. Su convicción, posteriormente, de que era una magia que misteriosamente transformaba la vida. Fue deshaciéndose poco a poco de esa noción romántica para conversar con la pintura y encontrar ahí, las pistas de su novela. Es irremediable hablar de arte, dice Barnes. Flaubert pudo haber dicho que ningún arte puede hablar del lenguaje del otro. Braque pensó que el ideal de un pintor era encontrar el silencio del espectador. Pero, si estamos con alguien, tendemos a hablar de la pieza que tenemos delante. «El arte, concluye, no solamente captura y proyecta la emoción de la vida. A veces hace algo más: es esa emoción.»

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