Libros de Ideas

03, Feb 2009

Los libros más influyentes después de la guerra

Rebelion primera El Times Literary Supplement ha publicado una lista interesante con los libros que, a su entender, han sido los más influyentes desde la Segunda Guerra. El suplemento revisa una lista similar publicada hace varios años. Advirtiendo que no repara en el mérito sino en el impacto de los libros, ofrece un buen panorama del debate intelectual de las últimas décadas.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
27, Dic 2008

Paseo por la ciudad de los libros


This Is Where We Live de 4th Estate, visto en Papercuts.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
17, Dic 2008

Una antología sin tijeras

Es asombrosa la vitalidad póstuma de Octavio Paz. A diez años de su muerte siguen apareciendo documentos desconocidos, revisiones críticas, cartas, diversas miradas retrospectivas. Hallazgos y relecturas que celebran a nuestro clásico más fresco. Yvon Grenier seleccionó los mejores ensayos políticos del poeta. Guillermo Sheridan reconstruyó cada uno de los árboles de su infancia. Fabienne Bradu ha estudiado los trabajos del traductor. En los años recientes hemos podido asomarnos también a su correspondencia. Sus cartas a Pere Gimferrer, a Tomás Segovia y muy recientemente a Jean-Clarence Lambert han sido publicadas. Pero nadie había tenido el atrevimiento de intentar una antología general, una ventana a esa civilización que fue Octavio Paz. Ahora aparece la primera antología que cubre todo el arco de su producción ensayística y poética. Se trata de Las palabras y los días. Una antología introductoria, que preparó Ricardo Cayuela y publican el Consejo para Cultura y las Artes y el Fondo de Cultura Económica.

El prólogo de Ricardo Cayuela es discreto y esclarecedor. No obstaculiza la inteligencia ni la sensibilidad de Paz con empedrados académicos. Subraya, ante todo, la vida de un hombre que no fue monumento. Cayuela evoca la pasión crítica de una inteligencia lúcida y vehemente. Un crítico que encontró admiradores en México, pero también un hombre que fue ignorado, temido, insultado. Siempre, un personaje incómodo. Paz nunca fue un intelectual decorativo. Después lo han tratado de volver monumento, calle, premio. Su perfil quedó sellado en una moneda. Pero su figura no embonaba bien en la rueda de veinte pesos. Después de todo, el anarquista que fue, había denigrado los “números huecos” y “rebaño de espectros” del dinero. Ese es el insumiso, el intelectual combativo que revive en estas páginas. El pensador indefinible, tachado de reaccionario por los dogmáticos y de romántico por los liberales.

Toda antología es insolente. El antologador se equipa de tijeras y cercena lo que no le pertenece. ¿Con qué derecho extirpa un capítulo y lo aísla de su contexto? ¿Es válido el tijeretazo? Cuenta Milan Kundera que en el momento en que un director quiso recortar una sinfonía suya respondió enfático: amigo, no está usted en su casa. El comedimiento de Cayuela frente a los tesoros de esa casa es encomiable. Ha usado pinzas, no tijeras para componer esta antología vital. Apenas un par de textos que forman parte de una obra mayor, el resto de las piezas son ensayos y poemas de vuelo independiente.

Toda antología es también polémica. El antologador enfatiza temas, elige piezas, opta por un poema, relega otros. Las palabras y los días recorre en buena medida el inmenso arco de las mirada paciana: México y sus formas; el arte y sus evocaciones; la libertad y sus amenazas; el amor y el erotismo; la expresión poética; Oriente. Una separación me parece artificial al recorrer todas estas estaciones: la división de prosa y poesía. Es cierto que el propio Paz acató esa frontera al publicar sus trabajos y al agruparlos para sus obras completas. Poemas por un lado, ensayos por el otro. Pero, más allá de la disposición de las líneas o la densidad de los párrafos, la tinta es la misma: es el poeta del pensamiento, aquel que, como bien dijo Enrico Mario Santí, reivindicó para nuestro tiempo, los derechos de la poesía. Por eso intuyo una nueva antología de Paz que rompa con esa muralla del género para resaltar la perfecta comunicación de su caligrafía.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
05, Dic 2008

Los libros del año

(según varios colaboradores del Guardian y según algunos artistas y políticos.)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
05, Dic 2008

Los libros del año

(según el Economist.)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
05, Dic 2008

Los libros del año

(según el Financial Times)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
02, Dic 2008

Las portadas del año

The Book Design Review, un interesante blog que sin ningún remordimiento juzga los libros por su portada, selecciona sus fachadas favoritas. Entre ellas:

Benjamin - Reproduction  Auster - Dark  Zizek - Violence  Happiness Medium Kafka - Hawes  

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
27, Nov 2008

Los libros del año

Empiezan las revisiones del año y la selección de los mejores libros del 2008. El suplemento del New York Times enlista sus 100 favoritos. Entre ellos, El diario del mal año de Coetzee, el instructivo de la ficción de James Wood y los pesares agnósticos de Julian Barnes.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
18, Nov 2008

abc3d

abc3d : letras que se alzan de la página.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Oct 2008

Simon Schama y el futuro de Estados Unidos

Schama - American Future Después de terminar su extraordinaria reflexión sobre los poderes del arte, Simon Schama viajó a los Estados Unidos para escribir sobre su historia y su idea del futuro. De nuevo, como en su trabajo sobre la historia inglesa, su proyecto enlaza documental para la televisión y libro. Schama es un historiador riguroso y, sobre todo, un narrador excepcional. No teme a los adjetivos ni al vuelo imaginativo. Tampoco le asustan las cámaras. En Inglaterra distintos medios comentan el libro (que todavía no está disponible en Estados Unidos) The Economist lo elogia: una buena muestra de la percepción histórica de Schama. En el Telegraph, Raymond Seitz sugiere que Schama es devorado por la televisión, convirtiéndose en el Barry Manilow de los historiadores. (!) El paralelo que hace Dominic Sandbrook en el Guardian es distinto: Schama es el Martin Amis de la historia, pero sospecha igualmente que, tras la fuerza de su estilo, cada vez hay menos sustancia.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Oct 2008

Nobleza de espíritu

Nobleza En enero de 1934, al negarse a jurar lealtad al régimen fascista, Leone Ginzburg perdió su cátedra en la Universidad de Turín. Declarado persona non grata, es forzado a recoger sus pertenencias del despacho. Al empacar sus libros y sus cosas, recibió a un sacerdote que lo increpó crípticamente: “Nosotros jamás se lo perdonaremos.” Ginzburg no entendía la afrenta. ¿Quiénes somos ‘nosotros’ y qué es lo que no pueden perdonarme?-Nosotros, contesta el cura, somos “gente que comprendemos que la máxima sabiduría de la vida radica en adaptarse, y lo que no le perdonamos es que usted se niegue a aceptar esa verdad.” La indocilidad del escritor permanece hasta los últimos días. Su última señal de vida, una carta a su esposa y a sus hijos es una invitación a la terquedad, a la audacia, a la valentía. “Sé valiente,” escribe como un último aliento. Esa valentía socrática es el arrojo de buscar sabiduría en un mundo que premia la ignorancia, de distinguir el bien del mal en tiempos que se empeñan en negar la moral y de buscar la verdad, aunque las mentiras sean más cómodas. A eso llama Rob Riemen nobleza de espíritu.

La expresión la adopta de Thomas Mann, su héroe intelectual. Y mucho de valentía se requiere ahora para juntar en el título de un libro dos palabras como nobleza y espíritu. Al acercarse al libro parecería que encontramos un elogio a la caballería del alma o una loa al gentilhombre del corazón. No es tal cosa: es una defensa urgente de la cultura en un tiempo en que imperan el lucro, la farsa y el fanatismo.

MannEl centro del ensayo es Mann, su convicción de que sólo la razón y la tolerancia pueden proteger al hombre de la barbarie acechante. La política no puede salvarnos. Dejada a su suerte, terminaría aniquilándonos. La democracia bárbara ahogaría el discernimiento, desdeñaría la dignidad humana, olvidaría la virtud y la responsabilidad. Sólo la cultura, el arte, la religión puede cuidarnos de las idolatrías. También invita Riemen a ser cuidadosos con las ilusiones: “El arte, la belleza y los relatos sólo contribuyen a liberar al alma humana de la angustia y el odio, acompañando al hombre en su trayectoria vital. El arte no es poder, sino consuelo; no es que nos haga creer que la vida es buena, lo cual sería una mentira, sino que comparte nuestras dudas y nuestros sentimientos.”

El ensayo de Riemen sorprende por su teatralidad. Un notable talento narrativo permite al autor viajar por siglos y ciudades para hilvanar, más que argumentos, conversaciones. Diálogos personales y universales; documentados e imaginarios que ilustran intemporales dilemas filosóficos. No hay mejor manera de defender la civilización que el rescate de los hombres que piensan, de las circunstancias que constriñen, de los valores que se contraponen en un momento específico. El punto de partida del libro, adecuadamente llamado “Preludio,” es un recuerdo personal que tiene la fuerza de una alegoría. Los personajes son, además del propio Riemen, Elisabeth Mann Borgese, hija de Thomas Mann y Joseph Goodman, un pianista solitario, brillante y difuso. Apenas un par de encuentros que revelan la profundidad de una relación entre Mann y Goodman. Décadas de intensa y honda afinidad. La cena en el River Café de Manhattan no puede escapar el humo de las torres derribadas que todavía se siente sobre la ciudad. Ante el fanatismo de los suicidas, despunta una controversia sobre el mal. Los tres conversadores coinciden en un punto: el mal existe. ¿Qué hacer? El viejo y frágil pianista ofrece una solución. “Tengo la respuesta,” dice enfático. Al pronunciar estas palabras, despejó la mesa, sacó una carpeta y mostró una partitura. Era una cantata sinfónica para solo, coro y orquesta. Se titulaba justamente “Nobleza de espíritu” y ponía música a palabras de Walt Whitman. Para el desconocido compositor, las hojas de hierba eran la realización de la libertad: la vida es lo que el poema anuncia: búsqueda de verdad, amor, belleza, bondad y libertad. Esa es la nobleza del espíritu. Lo único que puede salvarnos de la barbarie.

Dos meses después de la cena, Joseph Goodman murió. Poco antes de sufrir un infarto cerebral destruyó los borradores de la cantata.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
21, Oct 2008

Presentación

Rob_Riemen_nobleza

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
08, Oct 2008

Nuevo libro de Todorov

"El miedo a los bárbaros es lo que amenaza con convertirnos en bárbaros".

Lo dice Tzvetan Todorov en su nuevo libro titulado precisamente El miedo a los bárbaros, publicado por Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
29, Sep 2008

Torneo medieval

Duelo

Libro de torneos descubierto en esta maravillosa página de tesoros bibliográficos.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
01, Sep 2008

Nuevo libro de Barnes

Barnes_nothing

Por el Washington Post descubro el nuevo libro de Julian Barnes: Nada que temer.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook