Política

12, Mar 2012

Tres estilos

Estamos viviendo la campaña más aburrida en las historia de las elecciones competidas en México. Se pueden encontrar simpatizantes de cualquier partido pero no entusiastas. Habrá muchos preocupados pero pocos con pánico. Las elecciones del 2000 fueron elecciones de régimen: votar para simbolizar el cambio democrático. Las elecciones del 2006 fueron elecciones ideológicas: votar para impulsar un giro a la izquierda—o para impedirlo. Ahora no hay nada de eso: voto sin épica, sin ilusión y sin espanto. Tenemos, sin embargo, la opción de elegir entre tres estilos, tres formas de entender el liderazgo, tres diagnósticos del problema medular de la política mexicana, tres enfoques para encararlos.

Si hablamos de un hombre que lamenta el abandono de los valores tradicionales, que cree que el apego a una doctrina es la base de una vida plena y feliz, que ve al mundo premoderno como una reserva ética frente al perverso reino del individualismo y que condena los “placeres momentáneos”; un hombre convencido de que, por encima de las leyes, debe imperar un “código moral” pensaríamos de inmediato que se trata de un político de derecha. Un conservador que no tiene problemas para pedir, para la política, un baño espiritual. Se trata, desde luego del candidato de la izquierda mexicana que, en combate contra su imagen pública, abraza el discurso del amor. El tono es nuevo pero el estilo es fiel a sí mismo. Andrés Manuel López Obrador predica como lo ha hecho siempre. Está convencido de que el problema de México es esencialmente un problema ético y que los complejos problemas del país no lo son. Bastan los valores. La reforma fiscal que necesitamos es honestidad. La reforma al sector energético que necesitamos es honestidad. La política de seguridad que le urge al país es que el bien suprima al mal. En el diagnóstico del país hay un desprecio explícito a la aproximación técnica a los problemas de México. Quizá la apelación a ese instrumento, fría herramienta moderna, es parte de nuestra crisis moral. Lo que el país necesita es un guía moral en la presidencia de la república: un predicador.

Josefina Vázquez Mota se deleita en la vaguedad. Su retórica no es la de una predicadora sino la de una oradora motivacional: sonrisas para el optimismo y el pensamiento positivo, buenas intenciones vendidas como si fueran un proyecto. La candidata del PAN no concreta una idea ni una propuesta porque cree que lo que le hace falta al país es un constructor de consensos. Ella quiere presentarse como la negociadora que México necesita. De acuerdo a su diagnóstico, el gran problema del país es la incapacidad de llegar a acuerdos. Consenso es la palabra central en su discurso. Su mejor credencial no es lo que piensa o lo que propone sino la gente a la que ha invitado para colaborar con ella. A diferencia del presidente Calderón, a Vázquez Mota no le intimida el talento de otros y bien puede invitar a colaborar con ella a quien sabe, no a quien es su amigo.  En el proceso panista se vio con claridad su indisposición al debate. Sus contrincantes la cuestionaban seriamente, a veces con severidad, y ella seguía aferrada al libreto de su sonrisa. Su renuencia a discutir es reveladora. Es una profesional de las evasivas por razón doble. En primer lugar, no parece tener ideas que defender; en segundo lugar, si alguna idea tuviera, no querría aferrarse a ella y bloquear después una negociación. No es polemista como Calderón, ni pendenciera como Fox: quiere tejer consensos. Josefina Vázquez Mota cree en la política como un bordado de acuerdos. Así se promueve: una tejedora.

El candidato del PRI no propone negociaciones sino eficacia. Cree que la efectividad está reñida con las transacciones y por ello busca la restauración del antiguo presidencialismo. Pretende cambiar las reglas constitucionales para dotar al presidente de una mayoría que le permita gobernar. No le interesa formar un Congreso profesional que responda a sus electores sino continuar con una legislatura dependiente de las jerarquías partidistas. Su idea de la reforma política es clara: ganar capacidad presidencial a costa de la diversidad. Limitar el pluralismo, ese obstáculo dañino, para darle al Ejecutivo la palanca del mando pleno. Nadie podrá decir que Peña Nieto es un hombre de ideas, pero tampoco puede negarse que ha suscrito un proyecto político detallado y coherente. Ahí está la clave de su estilo: ha adoptado un programa y quiere realizarlo. No es un predicador moral ni un tejedor de acuerdos: es un chofer que piensa llevarnos hasta el domicilio que le han notificado como deseable. No quiere que lo distraigamos, no busca negociar con nosotros la ruta que va a tomar ni los atajos que le recomiendan sus asesores. Nos pide confianza y sugiere que nos echemos una siesta mientras él maneja el coche. Es un chofer que cree que la sociedad mexicana va en el asiento trasero.

Esos son los estilos en campaña: un predicador, una tejedora, un chofer. 

 

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27, Feb 2012

Elecciones sin monarca

No tenemos rey. México es una república, no una monarquía. El presidente de México no es el garante de la imparcialidad política: es un actor parcial, representa intereses limitados, sigue un proyecto confinado a un círculo. El presidente de México no es la encarnación de la nacionalidad, no es el símbolo de unidad—más que en aquellos eventos en donde formalmente asume la representación de Estado. Cuando firma un tratado internacional—no cuando lo negocia—representa al Estado mexicano. Cuando recibe las cartas credenciales de los embajadores extranjeros representa al Estado mexicano. Cuando preside ceremonias cívicas es también emblema de unidad: el jefe de Estado mexicano. Se trata de funciones ceremoniales que transforman al agente político en emblema de unidad. La inevitable parcialidad del gobernante se interrumpe brevemente para dar paso a la figura de unidad. El presidente actúa siempre como jefe de gobierno, salvo en aquellas funciones en las que explícitamente ejerce de símbolo.

Por eso me parece absurda la exigencia de que se comporte como jefe de estado en el proceso electoral. La expresión se dice y se repite por todos lados. Que el presidente deje de actuar como jefe de partido y se comporte como jefe de estado, dice el lugar común. ¿Cuántas veces habremos escuchado esa expresión? No logro embonar esa exigencia con el diálogo necesario en una democracia. El presidente no es el garante de la imparcialidad. No podría serlo en una democracia, precisamente porque lo caracteriza una inclinación. La neutralidad corresponde a otros: a quienes organizan las elecciones, a quienes cuentan los votos, a los que procesan la inconformidad. Por fortuna, ninguna función de ese tipo le corresponde al presidente de la república o su gobierno. Por supuesto, no tiene derecho de desviar los recursos públicos en beneficio de su partido ni puede emplear las pinzas del Estado para castigar a sus adversarios. Pero no tenemos por qué imaginarlo como una figura celestialmente imparcial y silenciosa ante el proceso electoral. En ninguna democracia presidencial madura se le pide al presidente tal disparate.

El presidente no puede ser el símbolo de unidad en el proceso electoral porque es factor de polarización. Se votará para castigarlo o para premiarlo.  Felipe Calderón no aparecerá en la boleta de julio pero será el factor crucial del voto. Los partidos que compiten, los candidatos que sí estarán en la boleta fijan postura frente a su gobierno, ofreciendo la continuidad o el cambio. Sus opositores lo atacarán, mientras la candidata de su partido tratará de defenderlo… y, simultáneamente, distanciarse de él. Unos criticarán sus decisiones, su estilo, los resultados de su gestión. Otra se verá forzada a defenderlo, insinuando algunas diferencias en los matices y los acentos. Como sea, Felipe Calderón estará en la contienda del 2012—tal vez como nunca llegó a estar en la elección del 2006. Entonces tuvo el talento de colocarse como la opción frente al “peligro”, pero pocos, si es que alguno, podría creer que la elección que ganó por un milímetro, fue respaldo a sus propuestas o confianza en su trayectoria. Ahora sí será factor de decisión.

Pedir que el presidente se comporte como jefe de estado en el proceso electoral es pedir que se comporte como monarca. Una diminuta contradicción se desliza en esta petición: ¿estarían los críticos dispuestos a dispensar a Felipe Calderón el trato de Jefe de Estado durante el proceso electoral?

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20, Feb 2012

La ley y la certeza

Señal confusaEl propósito esencial de la ley es la certidumbre. La claridad jurídica que nos permite saber a qué atenernos no basta, por supuesto. A la ley le pedimos que sirva al interés general; que aliente lo benéfico y castigue lo perjudicial; que tenga conductos eficaces de aplicación; que sea algo más que la declaración de un ideal. Pero el deber primero de la ley es definir con claridad el mapa de los derechos y los deberes. Si la ley no es una señal que muestra los caminos abiertos y las zonas vedadas no sirve de nada. Muchas críticas ha recibido la ley electoral vigente. Creo que muchas son merecidas, pero ninguna tan grave como fallar a su propósito elemental: definir con claridad las reglas del juego.

La ley electoral defiende el paternalismo deliberativo, pretende someter los tiempos de la política a un absurdo calendario artificial, sobrecarga a la autoridad de funciones, simula ahorros que no son, infla la Constitución con normas que corresponden a normas secundarias. Pero el problema más grave de la ley reformada es que, lejos de ofrecer una guía clara de lo permitido y lo prohibido, coloca a todos los actores en la incertidumbre. No son claros los límites de los partidos, los candidatos desconocen qué está permitido y qué se les prohíbe. ¿Qué podemos hacer?, preguntan candidatos y medios. Si esas preguntas se expresan es porque la ley no ofrece una respuesta nítida. Nadie sabe tampoco cuál es la consecuencia de una posible infracción. ¿Qué pueden hacer hoy los candidatos, durante este limbo absurdo que ha abierto la ley antes del banderazo oficial de la campaña? ¿Cuáles son jurídicamente las restricciones a las que deben sujetarse partidos y candidatos? ¿Qué sucede si transgreden la ley (de acuerdo a la interpretación de administradores y jueces del proceso electoral)?

La sobrerregulación, la imprecisión de la norma, los caprichos interpretativos de las autoridades colocan a los partidos en una extrema vulnerabilidad. Es cierto: los partidos crearon y reformaron la ley. Ahora son víctimas de ella. Ningún partido puede estar seguro con estas reglas. Por su parte, los electores están expuestos a una intensa campaña de simulación. Desde antes que el proceso empezara formalmente, observábamos el simulacro. La ley llama al ocultamiento de las ambiciones; la convocatoria a la adhesión se ve forzada a la oblicuidad. Así, una ley trazada con la pretensión de mejorar la calidad del debate público, nos ha entregado premios al disimulo, la hipocresía, el fingimiento. Quienes buscan convencer a los electores de que serían la mejor opción gubernativa, quienes quieren legítimamente el voto no lo pueden pedir abiertamente—o, por lo menos, no todavía. Claro: pueden hablar, pero no pueden decir lo que quieren decir (y que todos sabemos que, entre líneas, dicen). Nos informan los voceros del Instituto Federal Electoral que los candidatos pueden seguir haciendo política… ¡pero no pueden llamar al voto! Tras ganar el respaldo de sus partidos, Peña Nieto, López Obrador y Vázquez Mota podrán hablar de lo que quieran, pero no pueden decir lo que quieren decir: voten por mí. Todos sabemos que cualquier cosa que digan Peña Nieto, López Obrador y Vázquez Mota busca el voto, pero ninguno de ellos lo puede decir abiertamente. Absurda legislación. Tienen razón los críticos de la ley al advertir que en muchos aspectos es, simplemente, ridícula.

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17, Feb 2012

¿Ataque a la UNAM?

Rolando Cordera está convencido de que las críticas a Sealtiel Alatriste y al rector Narro forman parte de una campaña de desprestigio contra la UNAM. La historia de la universidad es larga, su servicio a la sociedad es enorme y no puede reducirse a las acciones de un funcionario. 

"No se puede echar por la borda toda la labor de la UNAM a partir de juicios sumarios, críticas furibundas, como el (caso) que hemos vivido y que resultó en un intento de enjuiciar al Rector y a la UNAM".

No creo que las críticas a un alto funcionario de una universidad pública por haber plagiado reiteradamente sean furibundas, sino fundadas y razonables. No faltaron pruebas para mostrar la conducta del hoy exfuncionario universitario. Más aún: debo decir que, a mi juicio, las críticas eran necesarias. ¿Cree Cordera que callar ante las evidencias de plagio era respaldar a la Universidad Nacional, ser leal a su historia? ¿Había que hacer como que nada sabíamos para cuidar la estatua de Justo Sierra y de Vasconcelos? ¿A qué tradición seríamos leales si callamos ante esto? Creo también que las críticas al rector que nombró al funcionario cuestionado habiendo conocido sus "faltas" y que lo mantuvo tercamente hasta que el escándalo hizo insostenible su permanencia son igualmente fundadas y razonables. 

Lo que resulta inadmisible es que se sugiera que la crítica al rector de la UNAM sea un ataque a la UNAM y que se hable de las denuncias como conspiración de los enemigos de la universidad pública. El razonamiento es paralelo al que sostenían hace años quienes creían que la crítica al Señor presidente era una crítica a México. José Narro no es la UNAM. Precisamente por el valor de la UNAM del que habla Cordera, había que señalar una falta tan grave y un respaldo tan aberrante. 

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13, Feb 2012

Maternalismo

Josefina Vázquez Mota ganó con facilidad la candidatura del PAN. No tuvo que esforzarse por bosquejar una idea de gobierno, no se tomó la molestia de debatir con sus adversarios en el partido. Se paseó por el país con la sonrisa como único mensaje y con el discurso de género como novedad característica. Integrante prominente de los dos gobiernos panistas no trató en ningún momento de esclarecer la línea de continuidad y el punto de cambio que propone para el futuro. No es que permaneciera callada, es que de sus palabras es imposible extraer una idea. Lugares comunes envueltos en buenas intenciones. La candidata del PAN puede hablar durante horas sin que se tropiece con un argumento. Vázquez Mota padece la enfermedad que azota por igual a políticos y locutores. Ambos suelen ser víctimas de la palabrería: una incontinencia verbal que trata a la palabra como costal para tapar el silencio.

Entre la palabrería de la candidata despunta un mensaje que se perfila como el corazón de su discurso electoral. Al celebrar su victoria en la contienda interna del PAN, Josefina Vázquez Mota ofreció en varias ocasiones un gobierno maternal. Cuidaré de ustedes como he cuidado a mis hijas, dijo una y otra vez. Frente a los panistas que celebraban su victoria presentó a su familia como ejemplo de su política, presentándola al país como un modelo. Al parecer, la guía de su política ha sido la experiencia de su propia maternidad. Cuidaré de México como he cuidado de mi casa. El punto es llamativo porque se trata de una política con innegable experiencia de gobierno. Nadie como ella representa a las dos administraciones panistas. Trabajó con Fox y también con Calderón. Estuvo al frente de la Secretaría de Desarrollo Social y de la Secretaría de Educación Pública, dos monstruos de la administración pública federal. Encabezó la bancada panista en la Cámara de Diputados. Por eso, porque no se trata de una novata, porque nadie podría negar que es una profesional de la política, sorprende que su mensaje desdeñe su experiencia administrativa para subrayar su experiencia familiar.

Mientras la izquierda propone una república amorosa, la derecha propone una política maternal.

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30, Ene 2012

Voluntad de alternancia

Un partido es una brújula elemental. Permite al elector situarse de algún modo en un territorio donde fácilmente se podría perder. Los partidos son mapa, una guía, un conjunto de señales para ubicarse en el enredado mundo de la política. Los colores y los símbolos de los partidos son atajos para la adhesión o el rechazo. Quienes creen en la prioridad de las ideas en la política tienden a asignar a esas organizaciones un componente esencialmente ideológico. Los partidos son, para ellos, un programa, un condensado de ideas y valores que contrastan con el programa de los rivales. Se piensa así en los partidos como si fueran filosofías que coquetean por el voto. Ideas que se empaquetan como lemas para volverse digeribles, votables. Partidos de izquierda y partidos de derecha; partidos liberales y socialistas; partidos moderados y radicales; nostálgicos y adelantados. Todas estas notas serán relevantes para que el ciudadano sepa dónde está e imagine a dónde quiere ir y con quién. Pero más allá de esas coordenadas importa otra, más simple, más elemental pero, quizá, más poderosa. No es un eje ideológico sino gubernativo. Hay partidos que están dentro y partidos que están fuera: partidos en el gobierno y partidos de oposición. Ésa es la categoría elemental de la política democrática: más allá de las ideas, cuenta quién gobierna y quién se le opone.

Si queremos entender por qué el PRI aparece hoy como el partido favorito para ganar la elección presidencial de julio, poco nos aclaran las ideas de ese partido. La popularidad del PRI poco tiene que ver con su historia y menos con su programa. El PRI puede recuperar la presidencia no por lo que propone en boca de su candidato sino por el lugar que ocupa en el mapa de la competencia. La popularidad del PRI es inversamente proporcional al deseo de que el PAN continúe ocupando la casa presidencial. El PRI sigue hoy tan indefinido como siempre. Ha continuado con su vieja política de no definirse para no arriesgar en ningún momento su unidad. Pero, frente a la autoinmolación de la izquierda después del 2006, el PRI tuvo la inteligencia de ubicarse a la cabeza de la oposición. Ésa es su gran ventaja y ésa puede ser su plataforma de victoria: su ubicación, no su definición.

No tiene por qué leerse la fuerza que muestra el PRI en las encuestas como nostalgia del viejo autoritarismo. Quienes están dispuestos a votar por el PRI no pretenden retrasar el calendario para reimplantar el régimen monopartidista. Lo que sucede, simplemente, es que quieren votar por la oposición y la oposición es, en estos momentos, principalmente el PRI. Si la izquierda se anuló con la reacción de Andrés Manuel López Obrador después de la elección del 2006, el PRI jugó con habilidad el papel de antagonista. Será por eso que aparece como el partido con mejor imagen pública en el país. ¿Se trata de una reivindicación de su legado histórico? ¿Es adhesión a su programa? ¿Es entusiasmo por su candidato? Quizá es algo más elemental: voluntad de alternancia.

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17, Ene 2012

Rosanvallon sobre el populismo

La democracia, dice Pierre Rosanvallon, descansa en una paradoja: exalta al pueblo pero repudia la palabra que deriva de él: populismo. "Del fundamento positivo de la vida democrática se deriva un término negativo. Se execra el populismo en tanto que se exalta el principio de la soberanía del pueblo. ¿Qué encubre sospechosamente esta paradoja?" El discípulo de Furet y de Lefort examina esa paradoja en un artículo interesante que David Pantoja ha traducido para Este país. La democracia es un mirador extraordinario para comprender la democracia. El populismo es una respuesta a las preguntas que la democracia plantea. De ahí su vigencia: "¿acaso el siglo xxi no está en vías de convertirse en la era de los populismos, como el siglo xx fue la de los totalitarismos?"

Para Rosanvallon, el populismo depende de tres simplificaciones: 

  1. Considerar al pueblo como un sujeto evidente, que está definido simplemente por la diferencia con las élites. 
  2. Considerar que el sistema representativo y la democracia en general están estructuralmente corrompidos por los políticos, y que la única forma real de democracia sería el llamado al pueblo, es decir, el referéndum, y 
  3. Considerar que lo que cohesiona a una sociedad es su identidad y no la calidad interna de las relaciones sociales. Una identidad que está siempre definida negativamente, a partir de una estigmatización de aquellos a los que hay que rechazar.

Frente a estas simplificaciones, hay que abrazar la complejidad.

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13, Ene 2012

Bartra sobre el «nuevo PRI»

El nuevo PRI

Roger Bartra escribe sobre el regreso del PRI.  La alternancia ha provocado un cambio sustancial en ese partido, sostiene: convirtió la agencia gubernamental en un partido auténtico. El PRI se refugió en los estados donde gozó de un inmenso poder y siguió ejerciendo la arbitrariedad. El viejo partido aprovechó, sobre todo, que la atmósfera cultural no cambió. Se modificaron las reglas de la política y la dinámica de interacción entre poderes pero el aire fue el mismo. 

Estamos ante una muy precaria y fragmentada cultura democrática. No se ha expandido impetuosamente una nueva civilidad que obligue a los partidos políticos a adoptar un comportamiento tolerante y responsable. No se ha desarrollado con suficiente vigor una cultura de la dignidad ni un orgullo democrático. En contraste, nos oprime todavía el enorme peso de la vieja cultura política autoritaria, que se halla profundamente inscrita en la sociedad mexicana. Es la rancia cultura priista que, aunque ha retrocedido en muchos ámbitos, se ha extendido fuera del partido que la alimenta y ha invadido al PAN, al PRD y a las élites políticas.

Bartra niega que el regreso del PRI pudiera significar la restauración completa del antiguo régimen pero se pregunta si su auge no refleja el síndrome de abstinencia de una sociedad que requiere una vieja droga para mantenerse tranquila.

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09, Ene 2012

Apologética de los paradigmas políticos del macartismo

En el Sendero del peje se publicó una crítica a Guillermo Sheridan, a Jorge G. Castañeda y a por criticar el desplegado del PT que lamenta la muerte de Kim Jong Il. El artículo firmado por El nolato sostiene que "la naturaleza ética" de López Obrador lo coloca muy por encima de los partidos que lo postulan para llenar un trámite. "AMLO ha terminado por alcanzar el pináculo de su personalidad política dejándose ver ahora como lo que es: un líder social auténtico, no un político formalista, de burocracia". El líder social, por supuesto, no es responsable de lo que digan sus aliados. Para explicar la naturaleza de los sofismas en que, a juicio de El Nolato, caemos los tres, recurre a una interesante parábola:

– Fíjate que conseguí chamba en un congal – le dice una muchacha a la otra.

– Ah, mira, qué bien…¿Y a poco te gusta andar de puta? – le responde la otra muchacha.

No necesariamente la primera muchacha anda de puta–aclara El Nolato. La muchacha bien puede haber conseguido trabajo de mesera, de intendencia o en cualquier otra cosa. La segunda muchacha es canija, mala leche, es todo.

Más claro, ni el agua. Para El Nolato, Norcorea, bajo la dinastía reinante, está tan mal como México con el Prian, por lo que criticar lo que sucede allá es ser cómplice de lo que sucede acá. Mi artículo, concluye, es "un discurso muy apasionado desde la óptica de la apologética de los paradigmas políticos del macartismo."

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02, Ene 2012

Celebración del totalitarismo

Kim Jong Il

En esa fantástica alacena que es el blog de Guillermo Sheridan encontré una nota que creí producto de su imaginación. Un texto inverosímil cuyo motivo y redacción parecían una parodia de la política otro tiempo. Lo firmaba la Comisión Nacional Ejecutiva del Partido del Trabajo de México.

El Partido del Trabajo de México lamenta el sensible deceso de nuestro camarada Kim Jong Il, líder del pueblo de Corea del Norte, y quien con gran sabiduría condujo a los norcoreanos por el camino de la paz y el desarrollo económico, político, social y cultural. Sus aportaciones son, sin duda, un legado de suma importancia para todos los pueblos que buscan su liberación de las cadenas del capitalismo salvaje, siguiendo el ejemplo de su padre Kim Il Sung, fundador de la República Popular Democrática de Corea, quien hasta el último aliento luchó por un mejor país. Reconocemos en ellos su liderazgo y su fortaleza para conducir los destinos de su gran nación.

Descanse en paz.

¿Era posible que un partido político mexicano elogiara a Kim Jong Il como un líder sabio y ejemplar que condujo a su país… al desarrollo? Al leer el texto pensé que esto era una parodia de Sheridan. Un remedo de la oratoria de la izquierda cavernaria que sigue celebrando a las tiranías que están del lado correcto de la Historia. Llamar “camarada” a Kim Jong Il tenía su gracia, pero era mucho más simpático celebrar su “legado.” Hablar de Kim Kong Il como el estadista que condujo al desarrollo es como elogiar las contribuciones de Hitler a la convivencia en la diversidad. El texto del Partido del Trabajo era más inverosímil al subrayar—tendría que ser irónicamente—la integridad del desarrollo norcoreano: desarrollo económico, político, social y cultural, decía el lamento del PT.

Convencido de que se trataba de una parodia, brinqué a la página del Partido del Trabajo para escuchar el himno que canta a una “morena madre de la nación”, y encontrar el comunicado lamentando el deceso de su camarada. El texto en el blog de Sheridan no era una parodia. La Comisión Nacional Ejecutiva del PT efectivamente expresaba su pesar por el deceso de un gobernante al que consideraba sabio y cuyo legado admiraba como ejemplo para combatir al capitalismo salvaje. El estalinismo norcoreano era celebrado por el Partido del Trabajo como si fuera un faro en la oscuridad neoliberal. De todas las autocracias contemporáneas no hay ninguna política tan grotesca, tan abominable, tan contraria a los derechos elementales, tan perniciosa para su población como el totalitarismo norcoreano que los petistas elogian. Corea del Norte es lo peor de lo peor, la mayor opresión política, la mayor miseria económica del planeta, decía con justicia Christopher Hitchens.

El PT elogia el desarrollo económico de un país que aparece en las imágenes de satélite como un agujero negro por la noche. Frente a la electrificación de los vecinos, Corea del Norte es la oscuridad total. Elogia la política económica que produjo una de las hambrunas más devastadoras de la historia reciente del planeta. Una escasez que, según algunos reportes, llevó a la muerte de casi el 10% de la población norcoreana. Para el sabio líder fue mucho más importante la conversión de su país en una potencia militar que en un proveedor de alimentos para su gente.

El PT elogia el desarrollo político de un país que es, en la expresión de Hitchens, una tanatocracia. Tal vez a los legisladores del PT empeñados en la reforma del Estado les resulta interesante la figura de su constitución que establece la presidencia eterna de Kim Il Sung. En efecto, en Corea del Norte, gobierna un muerto y en su nombre gobiernan sus descendientes sobrehumanos. Según la biografía oficial del camarada, dos arcoíris, el canto de una golondrina y una nueva estrella celebraron su nacimiento. El sabio dirigente fue padre de la patria, sabio y amado líder, rayo del sol, destino nacional, comandante victorioso y de férrea voluntad, descendiente de los cielos, estrella del futuro. Ese régimen elogia el PT: una dictadura dinástica en el que los gobernantes son tratados como dioses, donde la disidencia es un crímen, donde la única diversidad política proviene de los estados de ánimo del amado tirano. Millones podían morir de hambre a su lado pero nunca faltó buen cognac para el bienamado Sol del Socialismo.

El PT admira también el desarrollo cultural de Corea del Norte. Será quizá que le convence a sus dirigentes esa ridícula filosofía que Kim Il Sung y su hijo convirtieron en Idea Oficial. Será tal vez que disfrutan la producción cinematográfica de este admirador de Hollywood que llegó a secuestrar durante años a un director surcoreano para producir joyas de la cinematografía universal como Pulgasari, un genial Godzilla anticapitalista.

Me uno a Guillermo Sheridan en esperanza de que los integrantes del Partido del Trabajo, incluyendo a su candidato presidencial, encuentren resignación ante la irreparable pérdida de su camarada.

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25, Dic 2011

El sabio conductor de Norcorea

Me entero por el blog de Guillermo Sheridan del desplegado publicado por el Partido del Trabajo de México a raíz de la muerte del tirano de Corea del Norte. 

PT - Kim Jung Il

(Quienes crean que es imposible que un partido político defienda públicamente el estalinismo, puede visitar directamentre la página del PT y ver, en sus "Especiales" la nota "Descanse en paz." escuchando el himno de Morena)

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06, Dic 2011

La beatería de los lectores

Fernando Escalante escribe un artículo incisivo sobre el escándalo del momento. 

Es claro que Enrique Peña Nieto no es un gran lector. No tiene nada de particular. En México apenas un cinco por ciento de la población son lectores habituales. Y a los políticos se les pide, básicamente, que hagan política. Si les gusta leer o no, es asunto suyo, como si les gusta el futbol. El ejercicio, que es ya casi ritual, de ponerlos en ridículo porque no leen me resulta muy desagradable.

En lo de hoy, me molesta todo el episodio: las preguntas, las respuestas, los titulares, la redacción de las notas, todo, y me molesta porque me gusta leer. Y toda esa exhibición alrededor de la lectura me asquea. No me preocupa, ni mucho ni poco ni nada, que los candidatos a la presidencia no sean grandes lectores. Me molesta, en cambio, la beatería que hay en torno a la lectura. Me molesta el exhibicionismo, la pedantería de escritores, y periodistas, y burócratas de la cultura, que hacen de la lectura algo casi heroico, algo gravísimo, que naturalmente los pone a ellos en el centro de la vida pública, porque leen. Me molestan los extraños, vacuos alardes de la publicidad de la FIL: Somos lectores, La fiesta de los lectores.

A propósito, vale leer su brillante ensayo: A la sombra de los libros

Magu - Político culto

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05, Dic 2011

Debajo del copete

PeineLa pregunta era obvia. En una feria del libro, resultaba natural que al candidato se le preguntara de sus lecturas. ¿Cuáles han sido los libros que lo han marcado?, escuchó en Guadalajara. La pregunta lanzó al candidato Peña Nieto a un hoyo en el que fue cayendo lentamente. Trataba de pescar una rama y seguía cayendo. Se prendía de otra y caía más hondo. A todas las preguntas previas respondía con esa tiesa mecánica de gestos y palabras hechas. Él no es él sino “su servidor”. Sus palabras son señalamientos y puntualizaciones. No habla: se posiciona. Con notable disciplina, el candidato se aferraba en la conferencia de prensa al libreto y respondía con las mismas palabras a las mismas preguntas de siempre. Mecánicamente contestaba y mecánicamente esquivaba. El problema aparece cuando brota lo imprevisto. La pregunta de los libros no había sido ensayada y mostró el aire bajo el copete. El político empezó a tropezar sin las muletas con las que camina todos los días. Los asesores no habían hecho el trabajo elemental de anticipar esa pregunta y dejaron al producto en el vacío. No lo puedo creer, pero alguien dijo que el candidato, en un momento de extrema tensión, se despeinó.

El episodio de Guadalajara muestra la debilidad de Peña Nieto porque enfatiza la fuente de su fortaleza y también sus grietas. No esnobeo al candidato. Me parece absolutamente irrelevante que el político sea un lector voraz o que use la lectura como somnífero. Podría treparme al carro de los burlones que se carcajean con el tropiezo del candidato y recuerdan con ello los resbalones del señor Fox. No me preocupa que un político lea poco y mal, como parece ser el caso del político mexiquense. Me preocupa que sea incapaz de activar neuronas cuando surge el imprevisto. Ese fue el angustioso espectáculo que presenciamos quienes lo vimos hundirse en ese pozo oscuro que es para él la invitación a pensar sin coreografía.

Sugería que el evento es elocuente porque subraya la fortaleza y la vulnerabilidad de Peña Nieto.

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14, Nov 2011

El sexenio de la muerte

Cuando Felipe Calderón decidió buscar la presidencia, enfrentaba adversarios poderosos en su partido y fuera de él. Muy pocos creyeron en su apuesta. Calderón rompía en ese momento con el presidente, y se empeñaba en destronar al candidato puntero de su partido y al político de la izquierda que parecía imbatible. La presidencia que buscaba ya no era la antigua palanca todopoderosa, pero era la pieza central de una política que era cada vez más un juego de instituciones. Confiaba que su experiencia como parlamentario, su conocimiento del congreso le serviría para desatorar la política mexicana. La ambición de Calderón tenía una presidencia en mente, una oficina con cargas y responsabilidades muy distintas a la que ha soportado y enfrentado estos cinco años. Habrá anticipado que, de ganar, la presidencia sería una responsabilidad compleja. Nunca imaginó su dramatismo, su costo personal, su carga emocional. La suya ha sido una presidencia trágica: el sexenio de la muerte. Miles de muertos por todo el territorio nacional, migrantes muertos, niños y bebés muertos en una institución supervisada por el gobierno, muertos utilizados como mensaje, muertos por una epidemia alarmante, muertos regados por las calles, muertos famosos y muertos sin nombre. El presidente de México ha vestido, como nunca, el luto. Ha salido a anunciar una y otra vez la macabra cosecha de los criminales y ha asistido en dos ocasiones a los funerales de sus colaboradores más cercanos. Muerte tras muerte.

Escribir que éste ha sido el sexenio de la muerte no es estridencia amarillista: es constatación de su naturaleza trágica, casi podríamos decir, de su maldición. Por supuesto que el gobierno de Felipe Calderón ha sido muchas cosas pero su destino y su memoria estarán ligados irremediablemente a la muerte. El segundo gobierno panista buscó enmendar muchas de las herencias que venían del primero. Imprimió cierto orden en la agenda, reestableció la seriedad de la oficina presidencial. Resistió una severa crisis económica, promovió importantes obras de infraestructura e impulsó el seguro popular. Durante su sexenio se vivieron importantes reformas en materia judicial y cambió el perfil de algunas instituciones. Se mantuvo la perniciosa alianza con el sindicato de maestros limitando su tímido impulso reformista. Un balance de la gestión calderonista habrá de aquilatar todo esto pero nada podrá remover de ella la marca de sangre como el sello de estos penosos años de México. No: éste no será recordado como el gobierno de la infraestructura. No será recordado como el gobierno de la educación o del trabajo. Será recordado como el sexenio de la muerte.

A un año de que concluya esta malhadada administración, ya puede decirse que la guerra contra el crimen organizado ha representado una reversión histórica que va mucho más allá de la seguridad. Se trata de un retroceso para México en su lento proceso de civilización. Nada menos. No puede negarse que México es hoy un país más inhóspito, más bárbaro, más cruel, más salvaje de lo que era hace cinco años. La saña de los criminales y la incompetencia del gobierno explican esta regresión histórica. El gobierno de Felipe Calderón no fue capaz de pasar la página. El dejará la presidencia en un año pero quedarán miles de huérfanos, viudas, padres sin hijos, desplazados. Lejos de conducir el país a la tranquilidad, lo llevó a territorios de mayor zozobra, mayor violencia, mayor inseguridad. Desde luego, el presidente no inventó el cáncer. Su intervención era necesaria ante la crisis de seguridad. La enfermedad incubó lentamente en muchos rincones del país, cobijada por la complicidad y la indolencia de los gobiernos. El cirujano no produjo el cáncer pero fue incapaz de extirparlo o de confinarlo. Tras la intervención de su bisturí, el mal se extendió por el cuerpo, se multiplicó y agudizó su malignidad. Al doctor no podemos responsabilizarlo por la aparición del mal—pero sí por su incapacidad para detenerlo.

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11, Nov 2011

Viroli sobre Berlusconi

Viroli - ServantsMaurizio Viroli publica hoy un artículo en el New York Times sobre la caída de Berlusconi. Podrá haber nuevo primer ministro pero el sistema cortesano que impuso puede seguir vivo. El fin de Berlusconi supone la oportunidad de renovar el principio cívico. El problema es que esa transformación moral no encuentra en Italia al líder que pudiera encabezarla. Viroli no es solamente uno de los grandes teóricos del republicanismo. Es también biógrafo de Maquiavelo.

Viroli ha publicado un libro sobre el réigimen de Berlusconi: La libertad de los siervos

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