Política

13, Jun 2011

¿Cambio de eje?

La semana pasada leí un artículo publicado por estos mismos rumbos del periódico que lanzaba con enjundia una crítica a los dichos del presidente Calderón. El efusivo que perpetraba aquel artículo se concentraba en la oratoria presidencial como si el trabajo de un gobernante fuera pronunciar discursos para la aprobación de los opinadores. Un adjetivo le parecía desmedido aquí, en otro lado le horrorizaba una metáfora, un elogio regalado por allá despertaba su indignación. No me interesa aquí concentrarme en el fundamento de aquella crítica, lo que quisiera tocar es la tendencia en los círculos de opinión—particularmente en ese espacio que comento—a confundir la política con su discurso. Lo que, al parecer, le importaba a ese redactor era lo dicho, no lo hecho. La crítica política como la hija tonta de la crítica literaria.

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06, Jun 2011

Frenesí discursivo

Un frenesí discursivo ha atrapado al presidente. Al parecer, tiene muchas cosas que decir que nunca se había atrevido a contarnos. Siente que el tiempo se le escapa y aprovecha cada oportunidad para sincerarse. Se ha convencido de que debe romper sus ataduras y hablar con todo el énfasis del volumen y el arrojo. Ya no se le puede escuchar tranquilamente, oyendo a un hombre que defiende sus posiciones. Escucharlo es ser asaltado por una serie de atrevimientos que sorprenden. ¿Es cierto que acaba de decir eso el presidente? ¿No fue una parodia eso que acabo de escuchar? ¿Se pudo haber atrevido a soltar esa frase? Sí: en sus discursos reciente aparece un político desconocido, un político que, al parecer, se había ocultado durante muchos años. Felipe Calderón fue un político sensato. No era un estridente: hablaba con cuidado y conectaba con el sentido común. Se esforzaba por contrastar con su antecesor y medía sus palabras. Ya no. Calderón es hoy un orador destartalado, tan vehemente como impulsivo. Esta semana nos ha regalado dos discursos extraordinarios—y alarmantes.

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02, Jun 2011

Sacerdotes cívicos

(Según Felipe Calderón)

Sacerdotes cívicos

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30, May 2011

Política de ocurrencia

Calderón - Michoacán

Ante la emergencia que vive Michoacán los dirigentes nacionales de los tres partidos relevantes han respondido con un consenso: pactar la ocurrencia. Que la ocurrencia sea la verdadera política de Estado. Podemos diferir en muchas cosas, nos dicen los señores Madero, Moreira y Zambrano. Preservamos nuestra identidad y seguimos defendiendo nuestras ideas: pero en defensa del interés nacional, estamos dispuestos a actuar unidos: la ocurrencia nos hermana. Así, las cabezas de los tres partidos dijeron hace unos días que estaban dispuestos a explorar una candidatura única al gobierno de Michoacán. ¿Un candidato respaldado por el PRI, por el PAN y por el PRD? Sí, parece que en eso pensaban los representantes de las tres fuerzas políticas cuando previeron “la posibilidad de una candidatura común de todos los partidos políticos.”

Desde luego, los dirigentes envolvieron de inmediato la coincidencia con todos los moños de su ambigüedad habitual pero creo que vale la pena detenerse en el punto que la prensa con buenas razones subrayó. Los dirigentes de las tres fuerzas políticas más importantes del país abrieron la puerta a la suspensión de la competencia democrática en el estado de Michoacán. Ese sería el significado de una candidatura única: un paréntesis a la democracia. Si traducimos su acuerdo, los partidos políticos le dijeron a la sociedad que están explorando suspender la democracia en Michoacán. No puedo imaginar una resolución política más seria que ésa. Cancelar la competencia electoral por un acuerdo entre partidos y empresarios. Tres partidos coincidiendo que la democracia es el lujo que un estado no puede permitirse en estos momentos.

No quisiera detenerme en la insensatez de la propuesta. Me interesa subrayar aquí el consenso de frivolidad con la que se encara.

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16, May 2011

La causa de Javier Sicilia

Hace algunos meses, Christopher Domínguez conversó con Javier Sicilia sobre la literatura de nuestro tiempo. Ahora el crítico examina las claves filosóficas y literarias de su causa: 

Hace suya Sicilia una noción muy cara a la izquierda (no puedo sino generalizar) que viene de la Ilustración más que del cristianismo y para la cual el hombre es intrínsecamente bueno siendo la vida en sociedad su corruptora. Si Sicilia y muchos de quienes lo acompañan no colocan a los narcotraficantes y a sus crímenes en la primera fila de la responsabilidad, como otros quisiéramos, es porque los consideran, a ellos y a sus actos, la consecuencia, a la vez aberrante y lógica, de una sociedad oprobiosa e injusta. De cierta manera, según esta óptica, ellos son moralmente irresponsables y la cuenta final de sus actos debe pagarla el Estado, que los educó mal y es quien representa fatalmente a la violencia y al dinero. Y, como es natural, un Estado tan corrompido y omiso como lo es el mexicano en sus tres niveles y a lo largo de toda la federación, se convierte en el deudor perfecto.

De esta idea, que busca el destello luminoso de lo humano aun en el peor de los criminales (la expresión es del doctor Johnson y no de Sicilia), algunos nos apartamos, ya sea porque somos liberales o porque somos conservadores o porque tiende, simplemente, a igualar a todas los muertos. No, para mí no es lo mismo un inocente que un sicario, sean cuales sean las razones que lo condujeron al crimen. Me resisto a que víctimas y verdugos compartan una misma sepultura en nombre de una abstracción llamada México. Pero por ello importa mucho (y allí Sicilia tiene toda la razón) devolverle su nombre y su historia a cada uno de los muertos.

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11, May 2011

Walzer sobre la muerte de Bin Laden

Michael Walzer escribe una nota breve sobre el fin de Osama Bin Laden. Ubica correctamente las coordenadas básicas de la discusión: ¿se puede hablar razonablemente de una "guerra" contra el terrorismo? ¿O se trata de la persecución de criminales que deben ser llevados a los tribunales? Para Walzer ambas posturas tienen fundamento. El combate al terrorismo tiene una dimensión policiaca pero también una bélica. En este sentido, sostiene Walzer, la muerte de Osama era un objetivo legítimo. 

El asesinato de Osama bin Laden fue un acto de guerra. Desde luego, como cabeza de una organización que le había declarado la guerra a los Estados Unidos y la había atacado, era un blanco legítimo.

Para Walzer, matar a Bin Laden no fue una injusticia pero, ¿fue una traición a los valores liberales? No lo cree Walzer. Concluye con un argumento que resuena gravemente en oídos mexicanos: no se le puede pedir a los militares que actúen como policías.

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10, May 2011

El antidramatismo de Obama

David Remnick publica un artículo interesante en el New Yorker. Reconstruye los días previos al asesinato de Osama y resalta la sobriedad del anuncio presidencial. El editor del semanario encuentra en ese momento un símbolo elocuente de su estilo: 

Como presidente, Obama ha mostrado cierto desprecio por lo emocional, por la frase memorable y el gesto teatral. (…)  Para algunos, esa determinación de evitar lo vulgar y barato es una forma de superioridad, un recurso para mostrar que los demás son vulgares y baratos. Pero su seriedad es un antídoto bienvenido en una cultura infectada por el autoelogio, el engaño y la paranoia. 

 

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09, May 2011

Hillary Clinton observando la justicia

Hillary viendo justicia

Gracias a Fernanda Solórzano leo el comentario que registra El país sobre este clic. Al preguntársele qué estaba viendo al ser tomada la foto, Hillary Clinton declaró: ""Me incomoda decirlo, pero creo que estaba intentando evitar una de esas toses mías de temprana alergia primaveral".

Quienes no tendrán ninguna discusión son los lectores del diario hasídico Der Tzitung, quienes tuvieron a bien borrar a la señora de esa reunión de hombres poderosos.

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09, May 2011

¿Justicia de lo impresentable?

Got HimAl anunciar al mundo el operativo que terminó con la muerte de Osama Bin Laden, el presidente Barack Obama declaró con sobriedad y convicción que se había hecho justicia. Después de diez años haber sufrido el peor ataque de su historia, Estados Unidos encuentra al arquitecto de la destrucción y lo elimina. Tengan ustedes por seguro que Bin Laden no volverá a caminar sobre la tierra, dijo el presidente norteamericano. De la tenacidad, del poder y de la eficacia de la intervención en Paquistán no cabe la menor duda. El gobierno de los Estados Unidos no olvidó al cerebro del 11 de septiembre y con extraordinaria paciencia fue armando un complejo rompecabezas para ubicar el refugio del más maléfico terrorista de la historia. La intervención fue eficaz como un disparo en la cabeza. Eliminó al temible enemigo sin mayores costos para el ejército norteamericano. Se hizo de información valiosísima, regaló popularidad a un presidente menguado y reactivó el abominable nacionalismo. Muchos pájaros de un tiro. Pero, ¿puede aceptarse el argumento del presidente norteamericano que describió la acción como una hazaña de la justicia?

Bajo ningún concepto razonable puede encomiarse el asesinato de Osama Bin Laden como un acto de justicia. El presidente de los Estados Unidos quiere que en nuestra cabeza esté la tranquilidad de que el productor del 11 de septiembre no volverá a ver la luz. Pretende obviar las circunstancias en que fue abatido, como si los procedimientos fueran irrelevantes en cuestiones de justicia. Lo que cuenta, lo único importante es la desaparición del malvado, parece decirnos el Premio Nobel de la Paz. Su estrategia argumentativa es inaceptable: si de justicia se trata, cuenta tanto el método como el desenlace. El asesinato de Osama Bin Laden fue un acto de fuerza, un eficiente operativo de la venganza, una demostración de tenacidad y determinación. De justicia, ni el asomo.

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03, May 2011

Berman: asesinatos como símbolos de la historia

Paul Berman, autor de un trabajo importante sobre el islamismo en el debate contemporáneo escribe sobre el asesinato de Osama Bin Laden. La guerra de Estados Unidos con Al Qaeda ha sido siempre una batalla sobre el significado de la historia. Para Al Qaeda, Estados Unidos es enemigo de Dios que ansía la resurrección del califato. Estados Unidos, aunque no lo reconozca, tiene también una idea de la historia que confía en última instancia en la bendición del futuro. El asesinato de Osama Bin Laden tiene por ello una dimensión simbólica: el califato no se creará; la tenacidad republicana tarde o temprano se impondrá. "La historia está de nuestro lado", se atreve a decir Berman. Lo dice aunque esa historia avance sin ley y celebre los trofeos del cazador

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26, Mar 2011

David Rieff sobre México

Mexico - RieffDavid Rieff, periodista infatigable que ha recorrido medio mundo con libreta en mano, autor de una memoria fascinante sobre la agonía de Susan Sontag, su madre, escribe sobre México en The New Republic. El artículo se anuncia desde la portada del semanario pero tiene acceso restringido. (Gracias al comentario de Iván, veo que por aquí puede leerse completo)  Rieff, quien desde hace tiempo conoce bien al país, rechaza los juicios que advierten que México es o puede llegar a ser un Estado fallido. Reconociendo la gravedad del crimen organizado,separa lo que frecuentemente se confunde. México no es la Colombia de hace veinte años, ni representa el peligro de una explosión en Pakistán. "El Estado mexicano, dice, es más fuerte y más exitoso de lo que muchos norteamericanos piensan." Rieff fija su atención en programas públicos de salud que han sido exitosos y ejemplares y que demuestran capacidad estatal. El problema con el enfoque del Estado fallido es que pone el acento en la solución militar e ignora la responsabilidad de los Estados Unidos en la crisis mexicana. 

El peligro no es que México se convierta en un Estado fallido, sino que la experiencia de esta violencia pueda brutalizar profundamente a la sociedad mexicana. La crueldad con la que matan los narcotraficantes, es profundamente desalentador, aunque sólo se conozca por la prensa o la televisión. La crueldad no es sólo un acto; es una cultura.

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23, Mar 2011

Perry Anderson sobre Lula

Lula Se suele decir que todas las biografías políticas concluyen en fracaso. Perry Anderson cuestiona el dicho y encuentra en Lula el mejor ejemplo de su falsedad. Pero lo notable, según el historiador, es que su éxito y su popularidad no se explican por una moderación durante su gobierno sino, por el contrario, por haberse radicalizado. Anderson reconoce las virtudes personales del expresidente Lula: una combinación de cálculo político y calidez emocional pero se concentra en la relación del presidente con el movimiento social que dirigió. Con atención al detalle y sin simplificaciones, Anderson analiza las dificultades de su primera gestión y su capacidad para recuperarse de los reveses. Lula es pintado como una especie de Roosevelt brasileño: un reformista que cambió el mapa político de su país.

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14, Mar 2011

Walzer sobre Libia

Michael Walzer escribe sobre la posible intervención en Libia y rescata para su argumento una idea de John Stuart Mill. Si la democracia depende de los ciudadanos, nadie más que ellos pueden fundarla. La democracia no puede ser otorgada y mucho menos impuesta desde fuera. La comunidad internacional debe respaldar a los rebeldes pero no debe ir más allá. 

Norman Geras cree que el argumento de Walzer es inconsistente. Walzer le responde a Geras. 

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09, Mar 2011

Joseph Nye y Zakaria sobre la decadencia americana

Joseph Nye, el estudioso de las relaciones internacionales que puso en circulación hace algunos años la noción del poder suave, ha publicado un libro recientemente sobre el futuro del poder en el mundo. A Estados Unidos lo ve como una potencia que enfrenta desafíos distintos pero que sigue teniendo la capacidad para imponer su voluntad a través de distintos medios. Fareed Zakaria es menos optimista sobre el poder de los Estados Unidos en el futuro. Hace unos días publicó un artículo anticipando la decadencia de su influjo. Su argumento no es una sorpresa: desde hace tiempo habla de la era postamericana.

Nye ha publicado un texto rebatiendo a Zakaria. Si hay muchos indicadores de declive, también los hay de predominio. Sigue siendo el que más invierte en tecnología, el país que tiene las mejores universidades y la mayor cantidad de premios Nobel. No es la decadencia romana, dice Nye. 

Zakaria ha contestado velozmente. El desacuerdo con Nye le parece menor a las coincidencias. Ambos piensan que hay señales contrastantes del poder norteamericano. Indicios de firme superioridad y notas de declive. El punto central del desacuerdo es el régimen político: para Zakaria el sistema político norteamericano está bloqueado estructuralmente.

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16, Feb 2011

Ésta no es una revolución islámica

Olivier Roy examina lo que acontece en Egipto y concluye: ésto no es una revolución islámica. A pesar de que muchos en Occidente pretenden  interpretar la caída de Mubarak con el lete de la revolución iraní, las diferencias son enormes y visibles. Los revolucionarios egipcios parecen pertenecer a una era postideológica, no recurren a las conspiraciones del enemigo exterior, tienen una vocación práctica, son individualistas y creen en el valor de la diversidad. Incluso los islamistas han cambiado considerablemente. 

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