07, Feb 2014

El institucionalismo vascular de Alonso Lujambio

Alonso Lujambio fue el politólogo más brillante de mi generación. Lo fue no solamente por lo que dijo de la política sino por lo que le exigía a la ciencia política. Fue un crítico de la política y un crítico de la ciencia política. Estudió las reglas del poder y detectó los defectos de nuestros mecanismos de representación; habló de la responsabilidad de los actores políticos y del impacto de sus estrategias en el proceso de la democratización. También transmitió el deber de construir una disciplina rigurosa, académicamente digna. Una ciencia pertinente, sólida y útil. En Alonso Lujambio había una intransigencia frente a la tontería que es parte sustancial de su legado académico. La ciencia de la política no podía ser secuestrada por la trivialidad ni por el lugar común.

Lujambio se adscribe desde muy temprano a la escuela institucionalista. El estudio político de las instituciones le ofreció la posibilidad de fincar conocimiento en la observación, en el dato. Acercarse a conclusiones a partir de la comparación. Pero el institucionalismo de Lujambio se fue convirtiendo, poco a poco, en un institucionalismo vivo. Partió de la mecánica de las instituciones para llegar a la vida de las democracias. El gran discípulo mexicano de Juan J. Linz encontró en la obra de su maestro la pista perfecta para comprender los regímenes políticos en su compleja dimensión institucional. Cuando el español de New Haven le puso nombre al franquismo, nos ayudó a entender mejor la política mexicana. La dictadura española era inequívocamente antidemocrática y, sin embargo, estaba lejos de ser una dictadura totalitaria. Los nudos de su poder eran distintos, otro su dispositivo de legitimación. Se trataba de una configuración política peculiar: un régimen autoritario. El tipo ideal servía para describir el régimen mexicano posrevolucionario. Como observó Linz, bajo el autoritarismo el poder no está en juego, pero hay espacios —limitados, por supuesto— para la organización independiente que resultan inadmisibles bajo la dominación totalitaria. En el autoritarismo pueden existir franjas de autonomía, siempre y cuando no pongan en riesgo el núcleo del poder autocrático. Y, lejos de servir a una Idea, el régimen se monta en una mitología difusa e incoherente.

El artículo completo puede leerse en Este país.

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2 Comentarios

  1. Francisco Flores Lorences dice:

    Excelente reconocimiento de lo que realizo en su corta vida, por desgracia, de ese hombre que fue Alonso Lujambio.

  2. Fabiola Rendón dice:

    Un hombre brillante, firme de convicciones y excelente profesor. Sin duda, lo seguiremos extrañando

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