13, Abr 2009

Literatura y veneno

Veneno 

Gracias a acantilado veo el ensayo de Claudio Magris sobre la invectiva literaria que publica este mes la revista colombiana Malpensante.

Este vulgar y faccioso desconocimiento del otro –que tan a menudo desfigura perversamente la boca de escritores que en otras ocasiones han sido capaces de proferir grandes palabras llenas de humanidad– se justifica a veces por la necesidad que tendrían los artistas de afirmar su propia visión y representación del mundo. Para lograrlo recurren a la negación de otras visiones y representaciones, distintas o contrarias a las suyas, que podrían oponerse a ellas y ponerlas en dificultad o por lo menos en discusión. Una gran obra clásica y armoniosa puede poner en crisis al autor de una gran obra fragmentaria y desacralizante, poner en duda su legitimidad e impulsarlo por lo tanto a rechazar de un modo sectario ese clasicismo, del mismo modo que puede suceder lo inverso. En un caso así, el juicio sale desequilibrado, pero al ser unilateral se entiende que proviene de un sufrimiento, de la necesidad de proteger una exigencia creativa, lo que no justifica ese juicio, pero lo explica y le confiere cierta dignidad humana. Conrad o Hamsun se equivocan, por supuesto, al condenar a Dostoievski y a Ibsen, pero uno entiende por qué sentían la necesidad de hacerlo.

Platón sabía que solo la divina manía del arte expresa la esencia de la vida y de la verdad vivida, pero expulsaba a los poetas de su República ideal. Aquella condena es injusta, potencialmente totalitaria y debe rechazarse, pero no sobra tenerla siempre en cuenta, con la verdad que contiene, aunque esté distorsionada. La poesía no está obligada a subordinar la existencia a su significado más alto, que la trasciende, como lo hace la filosofía. La manía –recuerda Livio Garzanti en su estupendo Amar a Platón– “produce sueños que la razón, cuando se despierta, debe interpretar”. La poesía está llamada a decir la verdad de la existencia, por cerril, imperfecta o cruel que sea; a expresar el contradictorio corazón del hombre, en el que coexisten la magnanimidad con la bajeza, la vanidad y la maldad. El arte ilumina a fondo estas contradicciones y para hacerlo está obligado –o naturalmente inclinado– a ensimismarse con ellas, incluso con las peores; a mimar esa realidad mundana que para Platón es ya mímesis engañosa de la verdad, de la cual por lo tanto la poesía es mímesis al cuadrado. Doblemente falaz, entonces, pero también necesaria para la verdad, porque es reveladora de ese mundo de sombras que el hombre ve en la caverna platónica y que aunque sean solamente sombras ilusorias, son también, en cuanto tales, compañeras de toda la existencia humana. El mismo yo poético se siente incierto como una sombra.
 
Google me advierte que el mismo texto había sido traducido por Confabulario hace tres años…
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2 Comentarios

  1. Irad dice:

    Jesús:
    También yo descubrí, poco después, que «Confabulario» lo había traducido. Lo peor, en cuanto a información sobre mi memoria, es que sin duda lo leí hace tres años en dicho suplemento y no lo recordé.
    Saludos!!

  2. Encontré una página muy buena en donde puedes encontrar a tus candidatos por distrito, ciudad y Estado según el puesto a postular, ahora que el presupuesto para las campañas se vio reducido, creo que esta es una buena opción, económica y de gran alcance. http://www.tuscandidatos.com

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