22, Mar 2013

Religión sin Dios

Se publicará un libro póstumo de Ronald Dworkin: Religión sin Dios. El New York Review of Books adelanta un fragmento del primer capítulo. Millones de personas que se consideran ateos, dice, tienen experiencias parecidas y tan profundas como las que los creyentes consideran religiosas. Albert Einsten se consideraba ateo y, al mismo tiempo, profundamente religioso:

Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan solo en sus formas más primitivas… este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos.

A propósito del tema, el NYT organizó un debate a partir del levantamiento de una iglesia atea en Londres: ¿Será el ateísmo una nueva religión?

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

4 Comentarios

  1. FMGARZAM dice:

    Professor:
    Me queda la duda sobre tu comentario. (voy a releer.)
    Esa frase de Einstein, recortada/editada, la guardaba con afecto como recorte, en mi época entre niño-adolescente.
    Alguien por ahí señalaba lo sorprendente del comentario de ese gran agnóstico.

  2. FMGARZAM dice:

    ¿Dios sin religión?

  3. Javier Peña dice:

    Creo que sí, puede haber dios sin religión

  4. En la primera entrada dedicada a Ronald Dworkin dejé correr la oportunidad de opinar sobre este pensador por un ataque de apatía y distracción. A un teórico tan profundo y original se le debe tratar con toda la lucidez posible.
    Quienes creemos en la capacidad humana para corregir los problemas políticos y sociales, en particular, los de la pobreza y la desigualdad, quienes creemos, pues, en una idea igualitaria de la sociedad sin uso de las dictaduras, vemos en Ronald Dworkin a un filósofo del porvenir, sobre todo después del fracaso del comunismo y el capitalismo.
    La gran aportación de Dworkin a la teoría política está, a nuestro parecer, en su obra Virtud Soberana, libro que cumple ya 13 años de publicado; a su aparición le siguieron valiosos comentarios y adhesiones, aunque motivados principalmente por la novedad editorial. Esperamos que este libro conmueva universalmente de manera posterior a toda la cultura occidental, como lo hiciera El Mundo como Voluntad y Representación, de Arthur Shopenhauer, que se convirtió en un clásico de la filosofía tras la muerte del autor.
    Dworkin pone dique a la especulación intrascendente entre igualdad y libertad y acuña el concepto «preocupación igual», sobre el que hace girar la estructura del Estado.
    Este sabio caballero asegura, contra Isahia Berlin y John Rawls, que el régimen de convivencia ha de apelar a valores éticos generales, tales como el modelo de «vida buena» y el principio de responsabilidad personal con la sociedad.
    Ni Saint Simon ni Fourier, Ronald Dworkin puede ser el guía definitivo en estos tiempos de oscuridad y ceguera política.

Deja un comentario